En Argentina los déficits no son gemelos, son siameses

Ámbito. 5 de marzo de 2018.

Recientemente el INDEC publicó su informe sobre el Intercambio Comercial Argentino con los datos de enero. El rojo sigue creciendo. En 2017 las exportaciones crecieron 1% mientras que las importaciones crecieron casi al 20% (en dólares corrientes). Enero 2018 mostró un crecimiento de las exportaciones superior al 10% pero el mismo fue superado ampliamente por un incremento de las importaciones del 32%. El saldo de enero de 2017 fue negativo en US$ 51 millones (sobre un total US$ -8.471 millones). El saldo de enero de 2018 casi roza los US$ -1.000 millones.

El aumento en el valor de las exportaciones se divide mitad y mitad entre una mejora de los precios y un aumento en las cantidades exportadas. El valor de las importaciones se vio afectado por un aumento en el precio de dichos bienes de casi 5%, pero principalmente por el incremento de las cantidades importadas que crecieron más de 26%. Si desagregamos las cifras de exportaciones, vemos que caen las categorías de productos primarios, manufacturas de origen agropecuario, y combustibles, y aumentan las manufacturas de origen industrial. En cuanto a las importaciones se observa un crecimiento de todos los rubros relacionados a la inversión (bienes de capital, intermedios y partes) como los relacionados al consumo. Algo esperable en una economía que crece y que recientemente eliminó restricciones al comercio.

Sin embargo, muchos economistas se alarman por el deterioro en el saldo del intercambio comercial y piden medidas para revertir la situación. Generalmente estas medidas se enmarcan dentro de una mayor administración del comercio y protección de la producción nacional. Lamentablemente, por más bien intencionadas que sean, este tipo de políticas no darán buenos resultados en caso de aplicarse. El déficit en el intercambio comercial y en un agregado más amplio, que se conoce como la cuenta corriente (que además incluye el intercambio de servicios e intereses), no es algo que se pueda solucionar moviendo perillas y palancas desde la Secretaria de Comercio.
Cuando un país tiene déficit de cuenta corriente se está endeudando, y cuando se está endeudando tiene déficit de cuenta corriente. Es una identidad contable. El país está compuesto por el sector privado y el público. Si el sector público es deficitario y el ahorro privado neto de la inversión no alcanza para financiar al Estado, entonces hay que endeudarse afuera y el resultado es un déficit de cuenta corriente. Cerrar el déficit de cuenta corriente sin corregir el déficit fiscal se puede lograr solamente si el sector privado hace una fuerte corrección aumentando el ahorro o bajando la inversión. Bajar la inversión claramente no es una buena idea. Aumentar el ahorro privado puede sonar atractivo pero en la práctica es más complicado, ya que la variable que tiende a ajustar más es el consumo, o sea que aumenta el ahorro privado porque cae el consumo y no porque crece el ingreso.

En nuestra historia tenemos numerosos ejemplos de la relación entre déficit fiscal y de cuenta corriente, también conocida como los déficits (raras veces superávits) gemelos. Los déficits gemelos no terminan bien ya que el Estado no ajusta por las buenas y el rojo de la cuenta corriente se acumula, hasta que un día el mercado dice basta y nos corta el financiamiento. Si no nos financian, no podemos endeudarnos, y la cuenta corriente tiene que pasar rápidamente de deficitaria a superavitaria como sucedió entre 2001/2002. La ventaja que tenemos hoy es que el tipo de cambio no es fijo, lo cual puede facilitar una corrección en la cuenta corriente.

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