¿Se reducirá el gasto estatal con la fusión de áreas?

Ámbito Financiero. 12 de enero de 2017.

Noticias periodísticas recientes informan sobre un plan de gobierno que apunta a lograr fuertes reducciones de gasto público mediante la fusión de secretarías, subsecretarías y otros organismos del Estado. Por ejemplo, se menciona que en los ministerios de Desarrollo Social, Salud, Trabajo, Educación y Anses existen múltiples programas de capacitación laboral o de beneficios sociales cuyas actividades se superponen. Se espera que la fusión de áreas, junto con medidas como el aumento en la eficiencia de las empresas del Estado y la reducción de subsidios contribuya en 2017 a una reducción del gasto de unos 65 mil millones de pesos, equivalentes a un 0.8 por ciento del PBI.

Que la fusión de actividades resulte en ahorros de costos depende de la naturaleza de los “retornos a escala” del proceso en cuestión. Existen retornos a escala crecientes cuando un aumento proporcional de insumos (trabajadores, espacio de oficina, computadoras, vehículos) resulta en un aumento más que proporcional en la producción de servicios. Por ejemplo, un aumento de 10 por ciento en el uso de insumos resulta en un incremento del 20 por ciento en el output logrado. Los retornos crecientes obedecen a eficiencias que resultan de creciente especialización de los recursos empleados: por ejemplo, los integrantes de un equipo de 10 personas pueden especializarse en mayor medida que los de dos equipos de 5 personas. Mayor especialización resulta, en general, en mayor productividad.

Pero en el caso del sector público, parecería que el problema no es fusionar organismos sino por el contrario evitar los inconvenientes asociados al gigantismo existente en la mayor parte de las reparticiones. En efecto, los costos exorbitantes de Aerolíneas Argentinas, los pobres resultados del sistema público de educación y el desperdicio de recursos en el PAMI no son causados por no-aprovechamiento de economías de escala sino, por el contrario, por las dificultades de gestión asociadas al tamaño excesivo de unidades, con la consiguiente centralización en la toma de decisiones. El problema no es entonces centralizar, sino justamente des-centralizar e introducir competencia entre organizaciones para la provisión de servicios. Esta descentralización reduce en forma significativa la complejidad de gestión y en muchos casos reduce también el enorme poder que tienen en Argentina los sindicatos, factor de relevancia en lo relativo a inflexibilidad y aumento de costos.

Si la descentralización es acompañada por mecanismos que permitan que el usuario retire demanda de la repartición que no satisfacen sus necesidades, y la canalice a aquella de mayor eficiencia se introduce un poderoso mecanismo disciplinador: es la competencia entre organizaciones – y no supuestas “economías de escala“el factor que en última instancia determina la productividad lograda.

La colectivización de la agricultura emprendida por Stalin en la década de 1930, y por Mao en la de 1950 fueron dos de las más importantes tragedias del Siglo XX. La colectivización se justificó por la necesidad de lograr - en las enormes granjas estatales - “economías de escala” que no eran alcanzables en las pequeñas granjas campesinas. Pero lo que los planificadores ignoraron es que en muchas situaciones el problema no era aprovechar ilusorias “economías de escala” sino justamente descentralizar, introducir competencia y proveer incentivos adecuados. Esta poderosa lección de la historia amerita cuidadoso análisis por parte del actual gobierno.