¿Ahorrará recursos la reducción en el número de ministerios?

Ámbito Financiero. 19 de junio de 2017.

El Gobierno contempla la posibilidad de reducir el número de ministerios, que pasaron de 16 en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a los 21 actuales. En principio, los ministerios de Agroindustria (MINAGRI) y de Turismo pasarían (como Subsecretarías) al de Producción, el de Comunicaciones a Modernización y el de Finanzas a Hacienda. Se absorberían también en otras reparticiones el Plan Belgrano y el Sistema Federal de Medios, ambos actualmente con rango ministerial.

El Gobierno estima que fusionar organismos en un menor número resulta en ahorros. Tal vez pueden eliminarse, o al menos reducirse, “duplicaciones de gastos”, o lograr “mejor coordinación” al estar los organismos bajo un control central único. Sin embargo, lo anterior puede ser más una ilusión que una realidad.

El concepto de “retornos a escala” es útil para analizar este problema. Existen retornos crecientes a escala cuando un aumento en el uso de factores productivos (trabajo, edificios, computadoras) resulta en un aumento más que proporcional en el producto obtenido. En contraste con lo anterior, los retornos son decrecientes cuando el aumento en el uso de factores genera un aumento menos que proporcional en el producto. Bajo retornos crecientes, la fusión de organizaciones en una resultará en mayor producción con igual uso de recursos. Los retornos crecientes se originan en las ventajas derivadas por mayor especialización, tanto de trabajadores como de stock de capital. Son especialmente marcados en organizaciones pequeñas.

El enorme tamaño de las reparticiones que el Gobierno planea fusionar sugiere que la posibilidad de aprovechar “economías de escala” muy posiblemente resulte nula o, en el mejor de los casos, reducida. En efecto, es poco probable que fusionar el MINAGRI o Turismo dentro de Producción, o Comunicaciones dentro de Modernización, profundice la especialización, el aprendizaje y la eficiencia de empleados, sean estos originalmente del MINAGRI o Producción.

Más bien puede ocurrir lo contrario: es probable que en la mayor parte de las reparticiones públicas argentinas los retornos a escala sean fuertemente decrecientes, debido a limitaciones de capacidad de gestión, anquilosamiento de estructuras administrativas, flujos de información lentos y poco confiables. Todo esto produce una eficiencia y capacidad de respuesta inversamente proporcional al tamaño de la repartición en cuestión: el problema no es aprovechar ilusorias “economías de escala” sino, por el contrario, evitar los costos implícitos en des-economías. Y esto se logra reduciendo y no aumentando el tamaño de organizaciones.

La transición de un sector público elefantiásico a uno altamente eficiente en el uso de recursos es una materia pendiente que Argentina tiene hace décadas. El desafío es importante, pero existen experiencias exitosas (por ejemplo Nueva Zelanda) a las cuales conviene prestar atención.