La crisis cambiaria ha quedado atrás, pero el horizonte sigue negro

Ambito Financiero. 28 de junio de 2018.

El recambio de autoridades del Banco Central no determinó un giro novedoso en su política monetaria. Las nuevas autoridades sólo han reaccionado para frenar la corrida cambiaria que, con la llegada del dinero del Fondo, se hubiera apaciguado de todas formas. En los temas de fondo se ha ratificado el uso de la tasa de interés como herramienta para combatir la inflación en un esquema nuevo y plagado de incertidumbre.

Las herramientas utilizadas por la nueva administración no difieren en mucho de lo que se hacía durante la presidencia de Federico Sturzenegger. Sí queda claro que la anterior administración carecía de la credibilidad necesaria para jugar fuerte contra la corrida en curso.

El abandono de la meta para 2018 y el anuncio de una meta para 2019 no hacen más que aumentar el grado de incertidumbre sobre la estrategia de estabilización elegida. Esto determina un escenario cuasi indeterminado para el segundo semestre donde la tasa de inflación se acelerará para ubicarse en valores cercanos a los registrados en 2016, cuando se produjo una devaluación similar pero, de alguna manera, controlada. Si tomamos la devaluación punta a punta medida desde diciembre de 2017 a junio de este año, el tipo de cambio nominal subió un 56% registrándose la mayor suba en los meses de mayo y junio. Sin duda esta suba del tipo de cambio impactará sobre precios al haber sido convalidada por la política monetaria, dado que la base monetaria interanual continúa creciendo levemente por encima del 30% anual.

Pese al impacto de la ayuda financiera del Fondo, el cambio de signo en el flujo de capitales observado a partir de diciembre del año pasado debería convalidar un tipo de cambio real un poco más alto, por lo que la devaluación no se volcará totalmente sobre el cambio del nivel de precios. Teniendo en cuenta el valor del tipo de cambio futuro a diciembre de este año, la inflación al finalizar 2018 no podrá ubicarse por debajo del 40% anual.

Las nuevas medidas implementadas, como la suba de encajes, la licitación de reservas con un cronograma preanunciado, la reducción de la tenencia de dólares por parte de los bancos y la autorización para integrar encajes y posición neta en dólares en Bonos públicos determinan una solución de corto plazo para estabilizar el sistema cambiario pero que trae aparejado un debilitamiento de la solvencia del sistema financiero y pospone la aproximación integral al problema monetario y su contracara fiscal.

El inicio del segundo semestre estará signado por el aumento de la tasa de inflación y la contracción del nivel de actividad. Pese al arribo de los fondos del exterior no queda claro el impacto de la devaluación sobre los números fiscales, puesto que por un lado licúa parte del gasto (salarios, transferencias) y por otro indexa jubilaciones que, al estar estas atadas a la evolución del índice de inflación, podrían desdibujar la licuación. Por otro lado, la contracción del nivel de actividad se traducirá en una menor recaudación real de ganancias, ingresos brutos e IVA. De profundizarse la recesión no sería sorpresa que el Gobierno no pueda cumplir con la meta de déficit primario acordada con el FMI, debiendo revisarse el acuerdo dentro de muy pocos meses.

El panorama de hoy vuelve a mostrarse tranquilo, solo porque la crisis cambiaria ha sido superada temporalmente. Nuevamente hemos comprado tiempo, pero no olvidemos que el precio del tiempo será cada vez más caro y que, de no afrontar los problemas con una visión integral, en breve nos enfrentaremos a una nueva crisis.