“Brexit” y el crepúsculo de la globalización

Ámbito Financiero. 29 de junio de 2016.

La primera era de la globalización terminó abruptamente en 1914. La segunda, que empezó en 1989, está terminando de una manera mucho más suave y menos traumática. "Brexit" es el comienzo. Sería un error pensar que el triunfo del "brexit" se explica simplemente por el rechazo de una mayoría educada a la eurocracia corrupta de Bruselas y/o un reclamo por más representatividad y soberanía. Seguramente esa fue la motivación de una minoría. Pero el voto "brexit" fue más Nigel Farage que Boris Johnson, mucho más The Sun que The Spectator. El análisis del resultado del referendo muestra a un país dividido por ingresos, educación, demografía y geografía. En promedio, quienes votaron por "brexit" tienen menos educación, menos nivel de ingresos y más edad. La mayoría de quienes están sin trabajo votó por "brexit", mientras quienes tienen un trabajo bien pago votaron mayoritariamente por "Remain". Otro dato interesante es que el 75% de los electores entre 18 y 24 años votaron por seguir en la UE. La segunda era de globalización coincidió con otra fuerza disruptiva: la revolución tecnológica. El mayor beneficiario de la combinación de ambas fue China, que gracias a la adopción de ciertos principios básicos del capitalismo, en el lapso de una generación pasó de ser una economía pobre y atrasada a una potencia industrial exportadora. Como consecuencia de esta transformación, casi 400 millones de chinos se escaparon de la pobreza.

Pero la globalización y el cambio tecnológico no tuvieron un efecto tan benigno sobre las economías avanzadas. Como resultas de la primera, muchos trabajadores en la industria manufacturera perdieron sus empleos. Este proceso tuvo como contracara la expansión industrial de India, China, México. Al mismo tiempo, la adopción de tecnología en el sector de servicios también provocó una reducción de la demanda de mano de obra. El sector de ingresos medios de Estados Unidos fue el que terminó pagando la factura. El aumento de la desigualdad en las economías avanzadas es, en gran medida, consecuencia de que el progreso tecnológico requiere una fuerza laboral cada vez más educada y entrenada. La raíz del problema es estructural: el sistema educativo ha quedado rezagado frente al avance tecnológico y no ha podido educar y entrenar a una parte importante de la fuerza laboral. Resolver este problema requiere inversión y tiempo. Pero quienes se han visto desplazados y sienten que su estándar de vida ha caído no tienen mucha paciencia. La dislocación política es inevitable.

Trump, "brexit" y el resurgimiento del nacionalismo en Europa son síntomas de una misma enfermedad que en la Argentina conocemos bien: el populismo. Algo parecido ocurrió luego del colapso de la primera era de la globalización. Los países de la periferia europea fueron los primeros en sufrir sus embates con Mussolini en Italia. Pero la enfermedad se extendió rápidamente por el resto del continente y alcanzó su punto cúlmine en Alemania bajo el régimen hitlerista. No olvidemos que el nazi-fascismo fue una variante del populismo.

Desde un punto de vista muy elemental, el populismo no es más que la solución facilista que impone la mayoría cuando debido a problemas estructurales se abre una brecha creciente entre la realidad y el ideal al que aspira esa mayoría. Esta solución facilista no es más que un fenómeno de negación colectiva. Resolver problemas estructurales requiere reformas estructurales. Pero estas reformas imponen costos, particularmente en el corto y mediano plazo. La propuesta del populismo es ignorar esos costos o trasladarlos a los extranjeros, los ricos o alguna minoría racial. Es por esta razón que en su raíz todos los movimientos populistas son nacionalistas. Los líderes populistas saben interpretar los sentimientos de la mayoría. Además, y lo que es más importante, saben articular y promover de manera convincente la solución facilista a los problemas estructurales que aquejan a la sociedad. Pocos meses después del ascenso de Hitler al poder, Bertrand Russell se quejaba de que la causa fundamental del problema era que en el mundo moderno los estúpidos se mostraban seguros mientras que los inteligentes estaban llenos de dudas. Su advertencia sigue siendo válida hoy en día. Todos los líderes populistas ofrecen certezas. Es por eso que en tiempos de incertidumbre su discurso resulta tan seductor. Ojalá la historia nos haya enseñado a todos una lección y que no caigamos en los mismos errores del pasado.