Macri con el Papa: alta expectativa

Clarín. 13 de octubre de 2016.

Dentro de unos días tendrá lugar un nuevo encuentro entre el papa Francisco y el presidente argentino, Mauricio Macri. Será el tercero desde que Jorge Bergoglio fue elegido pontífice, y el segundo desde que Macri es presidente de la República. La última vez que se reunieron en la Santa Sede tanto lo protocolar del saludo como su duración y el gesto considerado adusto de Francisco suscitaron en la opinión pública la impresión de que no reinaba la mejor empatía entre ellos. Claro que tanto las autoridades de nuestro país como las del Vaticano le restaron importancia a los comentarios de la prensa, afirmando que entre ambas personalidades hubo pleno entendimiento.

Esta vez el encuentro se llevaría a cabo en la casa Santa Marta, donde reside Francisco desde antes de ser elegido, ya que después del cónclave no quiso trasladarse para ocupar los aposentos papales. Se trata de una suerte de hotel donde se hospedan muchos religiosos, y no sólo, en general funcionarios de la Iglesia o, en todo caso, personas especialmente invitadas por el Papa. Los encuentros en esa sede, tal como sucedió con la ex-presidenta Cristina Fernández de Kirchner y muchos otros, tienden a adquirir ese tono más íntimo y coloquial que tanto aprecia Bergoglio.

Los encuentros en la Biblioteca del Palacio Apostólico tiene una significación más protocolar y formal que los que se realizan en su residencia habitual. Los observadores y hermeneutas del accionar papal prestan atención a los saludos, las palabras de bienvenida y de despedida, los regalos que se intercambian. Conviene anotar que Francisco, entre las muchas cosas que ha revolucionado en el Vaticano, le ha otorgado nuevas significaciones al protocolo (o a la falta de protocolo, según los casos), algo que su predecesores cuidaron con mayor apego a las tradiciones. Además, siempre fue tarea compleja descifrar las intenciones, las palabras y los silencios de Bergoglio.

Curiosamente, la Argentina es el país donde suscita más perplejidades la personalidad de un Papa que hoy ocupa acaso el más alto nivel internacional. ¿Las razones? Posiblemente su inocultable tendencia a ocuparse e intervenir de alguna manera en las cuestiones internas del país, especialmente en el ámbito social y político. A pesar de que su larga experiencia en Buenos Aires le permitió encarar numerosos enfoques novedosos en la vida de la Iglesia universal y proponer de manera sorprendente las relaciones ecuménicas e interreligiosas, algunos compatriotas lo querrían menos atento al acontecer doméstico. Por otro lado sus viajes, que hasta ahora lo han obligado a posponer el que se espera en estas orillas, le han sabido ganar una popularidad y simpatía que pocos antecesores suyos conocieron. Sus intervenciones en política internacional, sus insistentes referencias a las periferias existenciales, su manifiesta predilección por los pobres, los excluidos y los enfermos, su preocupación por la ecología y el futuro de la Tierra, su visión de la economía y de la globalización, lo han llevado a ocupar un lugar preponderante en la escena mundial.

Bergolio y Macri son muy diferentes, y representan instancias diversas: uno es el pastor universal de la Iglesia católica hasta cuando él o el Señor lo quieran, el otro es el presidente argentino elegido en las últimas elecciones y su mandato expirará en poco más de tres años. Uno es un líder religioso, el otro es el representante de una nación, por más que los dos, cada uno a su manera, se sientan atraídos por las especulaciones políticas. Todo parece indicar que ambas partes querrían un encuentro cordial, donde se vean más las coincidencias que las diferentes particularidades.