El petróleo sostendrá los precios de los alimentos

Clarín. 20 de enero de 2017.

La asunción de Trump genera incertidumbre, pero los precios de los granos seguirían estables en el mediano plazo.

Pese a los inquietantes indicios económicos que desde hace unos meses se asoman en el horizonte mundial, existen palpables razones para alentar una perspectiva, fundamentalmente de mediano y largo plazo, favorable a los precios de los commodities agrícolas.

Aún con impedimentos en el desarrollo mundial, existe un fenómeno estructural que beneficia la demanda de alimentos. Como se ha dicho en reiteradas ocasiones, desde inicios de este siglo el mundo emergente muestra tasas de urbanización, con fuertes aumentos en el número de personas de clase media y, por lo tanto, en el poder adquisitivo de la población. La clase media de los países emergentes pasó del 33% (1990) al 55% (2010). China supone la mitad de ese incremento, del 15% al 62%, y el continente asiático el 81% del crecimiento. La clase media de lo que se ha dado en llamar CHINDIA ya es más del 50% del total mundial.

Al recordar a Lord Keynes, cuando en 1923 en su "Ensayo sobre la reforma monetaria" acuñó su famosa frase "la noción del largo plazo no es una buena guía para la conducción de los negocios porque en el largo plazo estaremos todos muertos", vale preguntarse si es suficiente este cuadro futuro. Obviamente no lo es ya que el presente muestra signos de alarma.

¿Qué podemos esperar para el año que viene? Vamos a lo general: según el último informe del FMI, mientras que el PBI de los países avanzados crecerá un 1,8%, los emergentes y en desarrollo un 4,6%, bajo el liderazgo de India, con un 7,6%, y de China con un 6,2%.

En lo particular, una preocupante sombra cubre los precios agrícolas. La fuerte suba de las tasas de interés, desde la victoria de Trump, ha modificado las expectativas sobre la economía mundial. Y, así, la tasa a 10 años se ha disparado desde 1.80% a 2.60% en apenas dos meses. Para peor, la Reserva Federal de Estados Unidos (EE.UU.) planea continuar con su programa de alzas en la tasa de interés.

Cuanto más elevada resulta la tasa, mayor es el interés por invertir en EE.UU. y desinvertir en el resto de los países. Ello genera una presión alcista del dólar y, consecuentemente, una depreciación de las restantes monedas. Así la demanda -y por tanto, los precios agrícolas- tiende a disminuir. En tal cuadro, ¿la expectativa sobre precios debería ser negativa? No necesariamente, pues desde principios de año el precio del petróleo viene en aumento.

Pese al “efecto Trump”, por ejemplo, EE.UU. planea incrementar en 2017 el uso de biodiesel destinado al corte interno con gasoil. En efecto, la Agencia de Protección Medioambiental de EE.UU. proyecta un mayor consumo de biodiesel. La meta sería consumir casi un 7% más respecto de 2016.

Según la consultoría Wood Mackenzie, los precios del petróleo se hallan en franca recuperación de las fuertes caídas de ganancias cuando colapsaron en 2014. La pendiente a la baja en el precio fue el resultado de las políticas de algunos exportadores tendientes a disuadir y desalentar las nuevas inversiones globales. Arabia Saudita habría aumentado la producción para bajar los precios y dejar afuera del mercado a determinadas explotaciones de EE.UU.

La proyección a la suba se ha afirmado luego del acuerdo alcanzado en noviembre pasado por las naciones productoras de la OPEP (y Rusia) para frenar la producción. Por su parte, el informe del Banco Mundial, “Perspectivas de los Mercados de Productos Básicos” aguarda un promedio para el 2017 de 55 dólares cuando en enero de 2016 se encontraba en torno a 26 dólares por barril.

Así el panorama, es razonable esperar, para los commodities agrícolas, fundamentalmente para la soja y el maíz, al menos precios similares a los actuales.