EE.UU.: La economía cree que ganará Hillary, pero nada parece definido

Clarín. 23 de octubre de 2016.

Claves. El balance sociopolítico arroja un salgo negativo: la insatisfacción de la gente va en evidente aumento.

Primero se deberá tomar nota de los resultados que arrojen las urnas el 8 de noviembre. ¿Hillary Clinton o Donald Trump? La elección presidencial, esta vez, dista de representar un matriz trivial. Luego habrá que resolver la suerte de la segunda suba de tasa de interés que la Reserva Federal (Fed) mantiene en lista de espera desde comienzos de año.

Un triunfo de Clinton le dará luz verde, y si se preserva la pax financiera, tocará aplicarla en diciembre, un año exacto después del abandono de la política de tasa cero.

En cambio, el escenario Trump Presidente, con su mochila de desmesuras, argumentaría a favor de mantener el modo suspensión y alistar una eventual baja de tasas. Tercero, y crucial, gane quien gane, la Fed deberá rehacer la hoja de ruta de la política monetaria. El mapa que traza un derrotero alcista de las tasas cortas y corona una hipotética cumbre a una altura de 3,9, ya no convence. No habrá tal travesía.

La Fed medita otro camino. una posibilidad, como planteó Janet Yellen, su titular, sería dejar correr la economía y asumir los riesgos de operar en un marco de alta presión. vale decir, tolerar que la demanda agregada y el mercado de trabajo adquieran una temperatura elevada sin la intervención preventiva de la autoridad monetaria. O sea, sin oponerle una cuota prudencial de mayores tasas de interés. Va de suyo que el mundo debe prestar atención. Como el dólar es la moneda de liquidez internacional todo cambio que la Fed produzca en el termostato de su política afectará también las condiciones de "calentamiento" global.

La política jugará primero. octubre prometía una campaña encarnizada, y cumplió a medias. Los escándalos se encarnizaron con Donald Trump, quien tampoco pudo hacer pie en los debates ni retener el apoyo uniforme de su propia tropa en el momento en que más lo precisa. uno de cada cinco gobernadores y legisladores republicanos lo condenó en público. Y Paul Ryan, quien está al frente de la Cámara de Representantes, admitió inclusive que Trump no debería ser presidente. Si la fe en las encuestas no se hubiera astillado tras repetidos fracasos se diría que la suerte de Trump está echada. Pero la lección del brexit es que nadie pierde en la víspera que soplan vientos de cambios (sin los cuales el magnate inmobiliario no hubiera llegado hasta acá) y que se debe contar los votos para cantar victoria.

Entre tanto, en Londres es posible contar las apuestas que apilan a favor de Clinton y cotizan a un ratio 2/11. Así, quien invierta 11 libras ganará apenas 2 si acierta. Dicho de otro modo, el triunfo de Hilarry está asociado a una probabilidad de ocurrencia de 84,6%. De Hecho, la casa Paddy Power anunció, tres semanas antes de la votación, el pago anticipado de los premios.

La agenda económica que trae consigo la política es una matriz de novedades recargada. Promete alteraciones abrasivas en comercio, régimen migratorio y relaciones internacionales. Y soltar las riendas de la política fiscal. La consistencia de las nuevas reglas de juego es dudosa. Su racionalidad no está probada. No hace falta tampoco. La campaña se radicalizó (a izquierda con Bernie Sanders en las primarias demócratas, y a derecha con Trump) y, con el aval de la opinión pública, la globalización quedó en la picota. Créase o no, el país que más la promovió hoy se obsesiona en ponerle límites.

En 2008, en lo más intenso de la gran Crisis Financiera, EE.UU votó por el Cambio y al impulso de una fortísima esperanzza ("Sí, Podemos") consagró el ascenso de Barack Obama. Ocho años después, tras la recuperación más sanguínea de todo el G7, le urge dar marcha atrás. ¿Qué hay detrás de la ansiedad? No una ilusión, sino el agobio, y el desencanto de amplias capas de la población.

La irrupción del malestar

​Es la irrupción del malestar como fuerza política que puede crecer sin saber lo que quiere pero sí lo que rechaza. Ahora bien, si Trump supone la audacia de un salto al vacío en todos los frentes y Hillary Clinton más allá de su flamante prédica anticomercio, una refacción cosmética del status quo en procura de adaptación (preservando el viejo aparato político demócrata que sirvió a las órdenes de su marido y de Obama), cabe interpretar la luz de ventaja que los separa como un leve predominio de la resignación sobre la voluntad de ruptura. Pero si Trump (y en las atípodas, Sanders) son los emergentes de una insatisfacción profunda, para peor, en una sociedad dividida, no bastará con derrotarlos en las urnas. Barjará la fiebre pero no desaparecerá la enfermedad.

La economía de los EE.UU. atravesó la Gran Recesión de 2007-2009, remontó la cuesta con creces y lleva siete años ya de lenta, pero sostenida expansión. En términos de PBI, la magnitud de la Gran Recesión es sensiblemente menor que la de la recuperación ulterior, pero todos resienten la primera, y nadie computa una Gran Recuperación.

El balance sociopolítico arroja saldo negativo: la insatisfacción es un crescendo evidente (como en todas las economías avanzadas). No basta con generar PBI, el talón de Aquiles es la distribución de sus frutos. Hay que compensar a los perdedores es el mantra que se repite cuando se trata de salvar las ganancias de la globalización. No será fácil.

El populisom, que es la receta en auge, no cree en la canalización de ningún derrame y privilegia la poda unilateral. Es un enfoque listo para servir, como el café instantáneo que el consumidor puede tomar de la góndola. Si se generaliza, y desata un dominó de represalias, quedará claro (a posterior) que es un remedio peor que la enfermedad. Y, a diferencia del café, un veneno rápido.

La fatiga doble

​En paralelo, la economía estadounidense se aproxima ya a las condiciones de pleno empleo y estabilidad de precios que ameritarían, en un contexto de normalidad, el retiro de las medidas de estímulo. No obstante, a medida que la brecha del desempleo se acorta, no se verifican las presiones usuales de precios y salarios de los ciclos anteriores.

Y que la Fed permaneciera de brazos cruzados tampoco alentó una aceleración de las variables nominales. Afirma Yellen: "La influencia de las condiciones del mercado laboral sobre la inflación parece haberse debilitado en los últimos años con respecto a lo que se pensaba antes de la crisis financiera". En la misma línea, la tasa natural de interés resal, aquella que resulta neutral (esto es, compatible con una inflación estable) en situación de potencia plena se redujo sensiblemente tras la recesión.

Las mediciones recientes la ubican en torno al 0% en los EE.UU. (en baja notable en relación al 3% en 2000) y en descenso. Ello sugiere la vigencia de un régimen donde coexisten crecimiento, aumento de la productividad, inflación y tasas de inte´res, bajos y persistentes. Es ahí donde Yellen acncla su borrador de propuesta de operar una economía con alta presión (resucita una vertiente que exploró Arthur Okun en 1973 con idéntica preocupación por la distribución del ingreso y timing, visto el shock petrolero que sobrevino un año más tarde, errado). La fatiga del momento es doble. No sólo social sino también de los "animal spirits" ¿Será que dejar correr a la demanda agregada en esta trampa de bajo crecimiento e inflación, sin la sombra de interferencia de la política monetaria, aumentará la inversión y la oferta agregada y restañará la capacidad de crecimiento potencial? La caída de la participación laboral sugiere la disponibilidad de un ejército de trabajadores desalentados o con problemas de califiicación en el margen, que podrían sumarse a la fuerza de trabajo a los salarios vigentes si ljas oportunidades tocan su puerta, mejorando de forma genuina la distribución de la bonanza.

La Fed no cree en un salto brusco de régimen -de bajísima inflacón a estanflación (aunque Gran Bretaña, tras el brexit, no debería descartarlo-) y nos avisa que estaría dispuesta a probar suerte.

Es un globo de ensayo, destinado a sopesar las repercusiones mientras se aguardan los resultados que deparen las urnas.

​(Economista y consultor en Economía y Finanzas. Estudio Siaba Serrate. Miembro de la Academia Argentina de Mercado de Capitales, del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Profesor de la Maestría de Finanzas de la Ucema y del Programa UBA-Merval de Mercado de Capitales)