El agro y Martín Fierro

Clarín. 25 de junio de 2016.

José Hernández escribió el Martín Fierro en 1872. Todavía ayuda a entender nuestra situación actual. Cuando asumió el nuevo gobierno en diciembre 2015, Argentina estaba en default, con una inflación enorme, comercio exterior paralizado y fuertes presiones de todo tipo. Seguramente el presidente Macri pensaba como Martín Fierro: Vengan santos milagrosos / vengan todos en mi ayuda / que la lengua se me añuda / y se me turba la vista / pido a Dios que me asista / en una ocasión tan ruda.

Independientemente de la opinión política que cada uno tenga, es indispensable reconocer los vaivenes con que vivimos. Posiblemente desde la 125 los estragos hayan sido más notables, pero no es nada nuevo en nuestra historia económica: El rigor de las desdichas / hemos soportado diez años / pelegrinando entre estraños / sin tener donde vivir / y obligados a sufrir / una máquina de daños.

Nota Clarin

En sólo 6 meses se han solucionado algunos gravísimos problemas, pero eso “ya pasó”. Aún esperamos con gran ansiedad una caída abrupta en la inflación y mejora en la actividad económica. Queremos resultados inmediatos, sin reconocer que las dificultades económicas son consecuencias de años de diferentes y cambiantes políticas económicas. Difícil es que un gobierno ejecute políticas económicas sin errores. Lo sabemos desde hace tiempo: Las faltas no tienen límites / Como tienen los terrenos- / Se encuentran en los más buenos, /Y es justo que les prevenga;- / Aquél que defectos tenga, / Disimule los ajenos.

El tema es que en economía toda política definitivamente afecta intereses y crea distorsiones. El caso más emblemático es la política de décadas, donde por beneficiar a la ciudad y la industria, se afecta excesivamente al interior y al sector agropecuario. Hay desempleo en las ciudades y -para asistirlo- la producción de los pueblos debe pagar altos impuestos. El sector agropecuario es el más competitivo de la Argentina y carga sobre sus espaldas no sólo un intenso peso impositivo, sino la dificultad de encontrar gente talentosa que quiera y pueda trabajar en pueblos que casi no tienen infraestructura. Falta mucho para que el sector pueda desplegar toda su potencialidad, pero reconozcamos que la eliminación o reducción de retenciones y ROEs fueron un acto de valentía económica inusual, casi como que Cruz viniera en ayuda de un sector perseverante y valiente ante tantas frustraciones: Tal vez en el corazón / Lo tocó un Santo Bendito / A un gaucho, que pegó el grito,/ Y dijo: —«¡Cruz no consiente /«Que se cometa el delito / «De matar ansi un valiente!

Pero quitar algunos impuestos no es suficiente. Sabemos que las regulaciones de todo tipo que pesan en la economía son de difícil cumplimiento. Es notable que quienes descreen del capitalismo y los mercados, simultáneamente digan que con el ya-no-tan-alto-dólar debiera ser suficiente para producir. Las lluvias y los aumentos de costos han reducido nuevamente el margen de los productores. Las economías regionales dieron un mero pasito atrás del precipicio y los que se animaron a sembrar o arrendar hoy tienen márgenes muy finitos: Ninguno me hable de penas,/porque yo penando vivo,/y naides se muestre altivo/ aunque en el estribo esté:/que suele quedarse a pie/ el gaucho mas alvertido.

Otro tema relevante es distinguir entre las dificultades de la función pública y el sector privado. No sólo los tiempos son diferentes, ya que hay una gran cantidad de normativas engorrosas que demoran la toma de decisiones, sino que también están los exitosos en el ámbito privado, que tropiezan –o los hacen tropezar- cuando toman decisiones para el sector público: Yo he visto muchos cantores,/Con famas bien obtenidas,/ Y que después de adquiridas /No las pueden sustentar/ Parece que sin largar/se cansaron en partidas.

Reduciendo la carga impositiva, simplificando el sistema regulatorio, permitiendo la incorporación de nuevas tecnologías y, sobretodo, animando a que haya inversión, no me cabe duda que podremos volver a concentrarnos en lo que todos queremos: “largarnos a trabajar”. Y apenas la madrugada / empezaba coloriar,/ los pájaros a cantar,/y las gallinas a apiarse,/ era cosa de largarse /cada cual a trabajar.