Voto electrónico, blockchain y democracia directa a gran escala

El Cronista. 29 de noviembre de 2017.

Cuando los desarrolladores de bitcoin inventaron la tecnología de cadena de bloques o blockchain para resolver el problema de la validación y el consenso de los registros de transacciones entre los usuarios de la moneda virtual, estaban resolviendo tanto el problema de crear un sistema monetario que funcionara sin una autoridad central, como también el de diseñar un mecanismo que posibilitara el consenso de acuerdos y la toma de decisiones de forma totalmente descentralizada.

La tecnología de blockchain no solamente es la base de los sistemas de criptomonedas, sino que ya se utiliza productivamente como plataforma de diseño y operación de los llamados contratos inteligentes o smart contracts (véase por ejemplo www.ethereum.org), es decir, contratos que una vez definidos se mantienen y ejecutan de forma automática y consensuada, liquidando pagos o asignando transacciones entre partes, teniendo en cuenta la realización de diferentes tipos de contingencias especificadas en los contratos.

Al estar automatizados, estos contratos no tienen riesgo de contraparte, siendo innecesario un sistema de litigación en caso de incumplimientos, lo que resulta en instrumentos mucho más eficientes y económicos que los contratos tradicionales.

Otro posible uso potencialmente muy importante de la cadena de bloques es el de servir de base para diseñar e implementar sistemas de votación y otros tipos de mecanismos de elección social.

El beneficio de implementar el llamado voto electrónico sobre un blockchain es que resulta mucho menos costoso para la sociedad, manteniendo a la vez la anonimidad del voto y la seguridad, trazabilidad y visibilidad de los resultados.

Esta tecnología permite también diseñar esquemas de votación mucho más versátiles, por ejemplo permitiendo a cada votante repartir su voto en las fracciones que deseara entre los candidatos que quisiera (por ejemplo un 10% al candidato A, un 60% al B, un 5% al C, etc.).

Un posible mecanismo podría ser el siguiente. A todos los individuos en condiciones de votar, llamémoslos votantes, se les asigna una unidad de voto, que en la jerga tecnológica podría asociarse a un token o moneda virtual, llamemos a esta unidad de voto un elector. Al mismo tiempo a cada votante se le asigna de forma aleatoria dos claves o keys, una privada que necesita para validar su voto dentro del sistema, y otra publica que lo identifica como votante en el blockchain (pero como el mecanismo de asignación de las claves es aleatorio, no hay forma observable de asociar la clave pública a la persona física, sólo sirve para validar la trazabilidad de los votos, es decir, saber que un usuario válido transfirió de forma válida una determinada cantidad de electores a otro usuario válido, lo cual mantiene el anonimato de los votantes). Algunos de los votantes en condiciones y con deseos de ser candidatos hacen saber al resto su clave pública asignada, de forma que los votantes sepan a qué persona física están transfiriendo sus votos a través del blockchain (imagino que debajo de su foto en la publicidad cada candidato incluye el código visual de su clave pública y nuestro teléfono inteligente lo asigna a nuestra lista de preferencias). Se podría establecer que la votación se realiza durante un determinado día, y al final del día se observa en el blockchain cómo quedaron asignados los electores entre los diferentes candidatos. El resultado es inmediato, no hacen falta ni fiscales ni envíos de los resultados de cada mesa a un comité central de contabilización, todo está registrado en el blockchain casi en tiempo real, todo es verificable, seguro, descentralizado, incluso se podrían seguir los resultados como en el minuto a minuto de la TV. Pero lo más importante es que esta tecnología ya está disponible y es baratísima, solo hay que animarse a usarla, como nos animamos a usar una red eléctrica cuando enchufamos la heladera o una red de radiofrecuencias cuando hablamos por celular.

El blockchain, y las tecnologías que se deriven de él, sin dudas representan un cambio paradigmático en la forma en que podemos hacer funcionar las instituciones sociales en una sociedad democrática de individuos libres, permite imaginar la forma en que los mecanismos de una pequeña democracia directa se pueden implementar a escala global, sin la necesidad de una autoridad de control central, lo que acerca considerablemente a cada individuo al gobierno de su propia sociedad.