Microfinanzas y fideicomiso para la inclusión social

El Economista. 30 de noviembre de 2016.

El Gobierno postula como pilar de su estrategia el desarrollo de la economía real. La aplicación del fideicomiso para las inversiones en los sectores productivos es la llave para lograr este objetivo federal, donde el Estado debe liderar el proceso a favor de las necesidades de la comunidad, diseñando planes acorde a sus intereses y estableciendo las condiciones para articular con el sector privado proyectos mixtos que generen beneficios sociales con transparencia.

Pero Argentina, al igual que muchos países, tiene una parte importante de su población fuera del circuito formal productivo y ahí es donde el Estado , aprovechando el esfuerzo privado, debe poner atención, especialmente en las economías regionales, a través de las microfinanzas, cuyo objeto es acercar los servicios financieros a quienes no tienen fácil acceso al sistema bancario. Está demostrado que los sectores más vulnerables, pero con una cultura de trabajo y sacrificio, son responsables para asumir obligaciones, mantener una conducta de ahorro y hacer frente a los compromisos. Por eso las microfinanzas deben contemplar factores particulares de estos hogares: la variabilidad de ingresos, la falta de seguridad en los flujos y la fungibilidad del dinero en los más postergados. Así permiten acceder a créditos diseñados a medida que fomenten las actividades económicas, muchas de subsistencia familiar, a pequeña escala, potencializando los emprendimientos con seguros que protejan las producciones en la adversidad, sea por razones de mercado o personales. La oferta de servicios es muy amplia e incluye créditos para vivienda o ampliaciones, pero para lograr la adopción exitosa necesitamos esquemas de financiamiento muy flexibles que contemplen las particularidades del sector, analizando su modelo cultural y productivo, su flujo de fondos y capacidad de repago, pero de forma integral con un set de capacitación que le permita superar sus propias barreras e incorporarse a grupos productivos para formar cadenas y dar un salto competitivo que valore el desarrollo familiar sustentable. Así lograremos que las microfinanzas estén al servicio de la inclusión social.

Es determinante que el Estado Nacional y los provinciales usen su liderazgo y planificación para desarrollar estructuras financieras sinérgicas que permitan maximizar las ventajas del fideicomiso, creando nuevos patrimonios bajo la propiedad de profesionales idóneos ajenos a las partes, integrando inversores particulares con fondos públicos y productores, quienes con la fuerza del conjunto podrían lograr escala, acceso a nuevos mercados y formalización de los proyectos, pero apalancados por estructuras como agencias de inversiones, fiduciarias, SGR, leasing y otras. Fortalecer los programas de microfinanzas con fideicomiso permitiría asegurar la concreción de proyectos y mayor garantía a las partes. También se podrían sumar esquemas como crowdfunding, promoviendo un nuevo segmento de inversiones locales con rentas atractivas que generen trabajo en las cadenas productivas, en vez de meras rentas financieras cortoplacistas en las grandes ciudades.

Lo clave es planificar con una visión federal, integral y estratégica que sinergice las herramientas del mercado con una mirada superadora en pos, no sólo de la reducción de la pobreza y la mejora en la educación, sino de la disminución de riesgos, costos ocultos y de intermediación, y el asistencialismo del Estado. Pero también formalizará actividades económicas, y generará la estabilidad laboral de los más desprotegidos para, finalmente, alcanzar el desarrollo sustentable comunitario, que es un círculo virtuoso.