¿Qué tipo de pobreza es la "pobreza cero"?

El Economista. 8 de noviembre de 2016.

La pobreza constituye un problema de extrema seriedad en cualquier sociedad, que la limita y obstaculiza el sendero hacia el progreso. Un punto importante que debe ser tenido en cuenta es señalado por ciertos autores, que han sostenido que “definiciones de pobreza claras y transparentes son prerrequisitos esenciales de cualquier política de desarrollo que ubique en el centro la reducción de la pobreza”. Así, adquiere mucha importancia la estimación de indicadores significativos y confiables.

Hay aspectos que es necesario diferenciar en la estimación de los indicadores. Los valores estimados para la canasta básica de alimentos (IA), necesarios para cubrir las necesidades nutricionales de la población, definen un umbral que fija la línea de indigencia (o de pobreza extrema). Por otra parte, si a esa canasta se le adicionan los montos requeridos por los hogares para cubrir otras necesidades básicas que deben ser tomadas en cuenta, se definiría un umbral para establecer una línea de pobreza. Las necesidades básicas que deberán tomarse en consideración serán las de vivienda, salud, educación y subsistencia económica (NBI).

Algunos autores han caracterizado a los pobres como personas fatalistas que se resignan a una existencia en una cultura de la pobreza en la que nada parece poder cambiar. Y tampoco parece importarles demasiado un futuro que entienden está predeterminado y sin posibilidades de cambio. No les interesaría un aumento en las posibilidades de empleo y prefieren recibir subsidios (planes sociales), y sobrevivir en ese negativo estado de cosas.

Las soluciones para el problema de la pobreza no son fáciles. Y las consecuencias de su persistencia son extremadamente negativas. Los bajos niveles de ingreso impiden el acceso a la educación, a los cuidados de la salud, a los mercados. Muchos niños nacidos en estos medios están sujetos a la posibilidad de enfermedades, y a limitaciones físicas y mentales. Hay estudios que indican que en los hogares pobres los niveles de violencia son elevados. Y todo contribuye a un ciclo de permanencia de la pobreza. Y los niños y ancianos parecen ser los más afectados por los niveles de pobreza.

El problema que nos concierne se refiere a la posibilidad de reducir (o aun eliminar) la pobreza. Y en este aspecto se presentan cuestiones fundamentales a definir. ¿A qué tipo de pobreza se están refiriendo los que promueven al objetivo de política económica y social que definen como de “pobreza cero”? ¿La pobreza absoluta, la estructural, la persistente, la indigencia?

Resultaría aceptable, y probablemente factible, un propósito referido a la eliminación de la pobreza absoluta o indigencia, definida como IA (inseguridad alimentaria), que podría ser representada por una canasta básica de alimentos que se procurara hacer accesible al segmento de la población afectado por este problema. ¿Pero habría eso de significar que se alcanzó el nivel de “pobreza cero”?

Para eliminar la pobreza, entendida como pobreza estructural, y poder ascender en los niveles de desarrollo y progreso social, el problema se vuelve más complejo. Cubriendo las IA + NBI se alcanzaría el resultado de obtener condiciones de vida satisfactorias desde el criterio normativo de derechos sociales y desarrollo humano.

Pero, para que ello fuera posible se necesitaría contar con medios, características personales de los afectados, entornos sociales, económicos y políticos favorables, y la libertad que les haga posibles las elecciones conducentes a los funcionamientos que les permitan alcanzar las capacidades que se traduzcan en una paulatina eliminación de la pobreza, y les posibiliten participar de modo efectivo en la sociedad. Es claro que ello resulta altamente improbable para la totalidad de la población que se encuentre en situación de pobreza (estructural) ya que, tal como se ha observado en otros países, a mayores niveles de PIB per capita corresponderán mayores niveles de NB. En todo caso aparece como razonable lo manifestado por Marcos Peña, jefe de Gabinete, en el sentido de aceptar que la meta de “pobreza cero” es por sí misma inalcanzable y que sólo se la debe entender como un objetivo orientador de largo plazo para la sociedad.