Una oportunidad para hacer un blanqueo laboral

El Economista. 13 de octubre de 2016.

La generación de empleo ha pasado a ser una de las principales preocupaciones a nivel mundial. El Foro de Davos de este año trató con atención la posibilidad de que en sólo cinco años se pierdan millones de puestos de trabajo para siempre, a partir del crecimiento de la población, la falta de educación y la robotización. En ese contexto, el desafío para Argentina es cómo transformarse en un país productor de empleo, en el sentido de generar oportunidades de trabajo.

La producción de empleo genuino no puede descansar únicamente en el Estado, sino que requiere empresarios y emprendedores que inmovilicen recursos en la forma de capital en las empresas, y que obtengan una apropiada renta en el proceso. No obstante, el sistema impositivo se encuentra entre los aspectos que distorsionan y atentan contra las posibilidades de ganancia sobre el capital en nuestra economía. En un reciente documento de trabajo, expuse que el sistema impositivo argentino ha ido creciendo como un Frankestein, exponiendo en un ejemplo simple el efecto que tiene sobre los precios y la rentabilidad. Demostré las potenciales distorsiones económicas y financieras generadas por los impuestos, y el efecto sobre la renta de las empresas que se lleva el Estado, en comparación a lo que se llevan los accionistas y empleados. Puntualmente en el trabajo nos referimos al efecto de los impuestos sobre la rentabilidad del capital (en lo que se refiere a alícuotas de Ingresos Brutos, Impuesto al Valor Agregado, Seguridad Social y Ganancias), y al efecto de la superposición de IVA e Ingresos Brutos, que termina generando un equivalente de impuesto a las ventas extremadamente alto.

Dentro de esos impuestos se incluyeron los aportes patronales que se deben pagar por los sueldos de los empleados y que, en muchos casos, llevan a los empleadores y a los empleados a generar una relación de trabajo “en negro” o informal para evitarlo. Sin embargo, esta tesis la he visto desafiada por un gerente de finanzas de un importante grupo económico y colega (que mantiene su nombre en reserva), ya que, como se verá en el siguiente ejemplo, tener un empleado en blanco y uno en negro puede costar casi lo mismo.

Grafico

En el ejemplo simple, en la situación A la empresa tiene ingresos por $ 1.200.000, y un empleado en negro con un sueldo de $ 10.000, que multiplica por trece meses ($ 130.000), siendo su ganancia imponible de $ 1.200.000 (ya que el trabajador está en negro), y el impuesto a las ganancias de 35% para un total de $ 420.000. La renta neta es $ 650.000.

En la situación B, regulariza al empleado y le sigue pagando $ 130.000 anuales en la mano, para lo cual asume como costo las retenciones sobre el sueldo (17%) y los aportes patronales (31%, ambos datos estimados ya que dependen de las actividades). El resultado imponible es $ 994.819, y el impuesto a las ganancias es de $ 348.187, para una ganancia neta de $ 646.633, casi similar al caso de empleo en negro.

Los impuestos son altos en Argentina y representan un costo dentro de la empresa. Bajarlos y proporcionar incentivos a la regularización puede contribuir a crear empleo formal y a veces, solamente se requiere de ingenio y ver la situación en perspectiva.