Las empresas deben ser rentables para que inviertan

El Economista. 17 de octubre de 2016.

En diálogo con El Economista, Diana Mondino plantea cuáles son los desafíos estructurales que enfrenta la economía local.

El 2016 ya está jugado. Miremos el 2017. Todo indica que luego de varios años de estancamiento, la economía volverá a crecer. ¿Será un rebote cíclico o el inicio de un proceso de crecimiento?

Para que el crecimiento sea sustentable es necesario que se modifiquen varias cosas. No puede haber inversión si no hay expectativas de rentabilidad. La rentabilidad va a estar dada por la relación que haya entre precios y costos, algo extremadamente obvio. Tenemos la necesidad de que las empresas sean rentables para que puedan invertir. No hay mucha capacidad ociosa porque llevamos muchos años sin inversión. No hubo inversión en infraestructura pero tampoco en las empresas, salvo algún galpón con un préstamo del Bicentenario favorable. Entonces para que haya inversión es necesario perspectivas de rentabilidad. Lamentablemente, la rentabilidad se considera una mala palabra en vez de considerar que es lo que todos deberíamos buscar porque es la única forma de que las empresas crezcan, contraten más gente, la capaciten y todos estemos mejor. El otro punto que hay que considerar es que se ha sembrado una duda con respecto a los impuestos que deberán pagar las empresas. Si las personas de altos niveles de ingresos o empresas tienen que pagar un impuesto aun mayor y del 45% como se está proponiendo, eso afecta el incentivo a invertir. Entonces el tema es que debe haber una perspectiva de rentabilidad y sobre eso no se está hablando. Esta perspectiva de rentabilidad está acompañada de múltiples factores y el último de ellos es el tipo de cambio. Es necesario que haya más eficiencia, competitividad y todo lo que ya sabemos. Eso requiere un tiempo largo para crecer. Y tenemos el tema de que Argentina, aunque crezca, tiene un Estado elefantiásico y empresario que compite con las empresas. No sólo se cobran muchos impuestos sino que, en muchos casos, el Estado, al tener participación empresaria, afecta la posibilidad de que una empresa privada pueda hacerlo. Los ejemplos más simples son los espectáculos musicales, Fútbol Para Todos o AA. Y lo damos por sentado pero nos olvidamos que es una competencia, en muchos casos desleal, con el sector privado. El otro punto que hay que considerar para que haya un crecimiento sustentable es que el Estado tenga un tamaño menor para no pesar tanto en la economía y que no sea necesaria tanta carga impositiva sino que haya un redireccionamiento de su rol. No puede ser un rol empresario. Gran parte de los gastos del Gobierno son en cuestiones no modificables como jubilaciones o salarios, pero tenemos un componente muy importante del déficit, más o menos la mitad, que es la importación de energía y la hace el Estado. Ojalá que haya inversión ahí. Lo que tenemos es un Estado muy grande que no cumple las funciones que debería cumplir en defensa, seguridad, Justicia, salud y educación, se mete en roles que no tiene que hacer y dificulta que el sector privado pueda hacerlo. Entonces, a nivel individual cada empresa pequeña podrá hacer un poco más o menos de actividad económica. Pero de ahí a que haya una movilización de la inversión falta mucho.

Cada tanto, se habla sobre qué modelo de país debería seguir Argentina. La predilección del Gobierno parece ser Australia. ¿Qué experiencia sería útil incorporar a la discusión?

El modelo australiano ha sido muy exitoso, pero nos olvidamos que el modelo australiano redujo a menos de la mitad la participación del Estado en la economía en veinte años. Es cierto que creció el PIB, pero el Estado bajó en términos nominales. Para crecer, hay que aprovechar las ventajas relativas. Eso está demostrado desde David Ricardo hasta ahora. Tratamos de discutir si está bien o mal subsidiar una actividad en vez de ver si tiene capacidad de ser más eficaz que otras actividades en Argentina. Claramente, con todo lo relacionado con la energía, el sector agropecuario o la bioeconomía tenemos ventajas competitivas respecto a otros países. Tenemos la capacidad de desarrollar conocimiento en esas áreas, es decir, jugar en toda la cancha, pero no lo estamos haciendo. Es más, se lo castiga y se sigue creyendo, por ejemplo, que el sector agropecuario no es un sector de alto valor agregado. Eso es absolutamente demencial.


¿Qué tiene más valor agregado: un auto de $100 o una tonelada de granos de $100?

El mismo. La otra cosa vital, como hay en Australia o los países de corriente sajona o teutónica, es federalismo fiscal. Que no sólo sean menos impuestos sino que además sea generado y aplicado en la misma región. Así, cada área tendría una enorme capacidad de crecimiento. Si en San Juan se volcaran todos los recursos de la minería y en Neuquén todos los del petróleo, habría mejor control de en qué se gasta y porqué. Si consideramos el modelo australiano, hay que mirar por debajo de la superficie aquellos elementos que han sido básicos para que funcionara. Y en el caso australiano fue identificar sectores, reducir el tamaño nominal del Estado, mantener los elementos de recaudación ligados a la región geográfica y una inversión importante en apalancar los recursos en sectores específicos. Por ejemplo, en la minería en Australia, que es en condiciones realmente difíciles por el desierto, los empleados ni siquiera están en la mina. Trabajan con robots y ellos están con aire acondicionado en alguna ciudad lejos. Toda la tecnología que requiere eso es australiana. No es sólo el sueldo del señor que está en la mina sino todas las cosas que se generan adicionalmente. Nosotros podríamos hacer esto en múltiples cosas. Recién ahora hay una Ley de Semillas en el Congreso. Argentina fue líder en desarrollo de semillas hasta hace diez o quince años, y ya casi no tenemos eventos propios. Los recursos del Estado, luego de cumplir sus obligaciones básicas, se deberían dedicar a aquellos sectores con capacidad de crecimiento. Acá hacemos al revés: apuntalamos al débil y le quitamos recursos al fuerte. El segundo se queda sin capacidad de competir y el primero nunca las tendrá. Debemos redirigir los esfuerzos. Estos elementos están ausentes de la discusión y usamos palabras mágicas como “modelo australiano”. ¿El Gobierno avanza con esa agenda? Si las políticas son graduales, los resultados son, con suerte, graduales. La sociedad le ha exigido al Gobierno políticas graduales, entonces no puede esperar resultados de shock. De todas maneras, hubo algunas políticas de shock. Por ejemplo, de un día para otro se quitaron las retenciones al maíz. Durante quince años fomentamos la industria del pollo matando a los productores de maíz y trigo para que hubiera un poco más de productores de pollo. El día que el maíz volvió a un precio cercano al de mercado, toda esa gente pasó a sufrir. Fueron políticas de shock y, obviamente, ahora va a haber muchísimo más maíz y muchísimos menos chanchos. Al productor de maíz no le importa porque lo va a poder exportar. Estoy absolutamente a favor de se hayan quitado las retenciones. Pero cuando uno pregunta si el Gobierno está pensando en estas cosas y en toda la cadena, siempre se presenta sólo lo que se le muestra al público. Por ejemplo, “vamos a controlar los precios”. Sin ver todos los elementos que confluyen a que un precio sea más alto o más bajo. Y que supongamos que fuera exitoso en que el precio fuera más bajo, todos sabemos que cuando hay control, estos se anticipan y suben más de lo necesario antes del control. Este Gobierno ha aprendido mucho y no se mete demasiado en esos líos, pero un poquito se tienta y cada tanto habla de esos temas. El Gobierno ha estado tratando de hacer un reconocimiento de cuáles son las capacidades del Estado y está todo el mundo en shock por lo absolutamente deplorable que eran todas las capacidades de gestión del Estado a todo nivel. Desde que no saber cuántas maestras hay en cada colegio a que en Vialidad había adjudicaciones por obras que no se hacían. Poner en orden eso, si lo logran en un año o dos, sería para aplauso, medalla y beso. Ahora, estas cosas las podés decir y salir en la tele pero la gente dice “no, yo quiero que me resuelvan mis problemas”. No quiere que le cuenten todos los problemas que tiene el pobre señor que está en el Gobierno. La gente busca el resultado final, y no todo el proceso previo.


Hay un sector de la población muy importante al que todas estas cuestiones no le cambian la vida en el corto plazo y están más allá de la macro. ¿Qué debe hacerse?

Muchas cosas. La educación, que no es aprender historia, sino capacitación en ciertas tareas que puedan ser útiles y fomentar los sectores que puedan absorber esa mano de obra. Sería bueno que, además de la capacitación, no se cobren cargas sociales sobre personas que salgan de determinada situación crítica de desempleo o de pobreza. Sustituir el subsidio por no cobrarle a la empresa que lo contrata es indiferente fiscalmente, pero el efecto sobre las personas y la economía es extraordinariamente diferente. Tenemos que reducir las políticas que obligan o conllevan migraciones internas, donde alguien, en una zona que podría brindar trabajo y no tiene oportunidades, prefiere ir a los conurbanos. Todos los pueblos del interior tienen notable pérdida de gente cuando podrían tener trabajo de todo tipo. Lo que sea que ese pueblo tuvo no hay razón para pensar que haya desaparecido, sobre todo en un país de raíz agropecuaria como el nuestro. Es muy interesante lo que ha ocurrido en lugares como Charata, que han atraído población. Lugares donde hubo un crecimiento importante, por ejemplo del biodiésel o el etanol, y hay una planta con 50 personas, pero si le sumás a todos los que producen para darle insumos a eso llegás a 10.000. Tenemos una mirada miope que sólo mira el final del proceso. Nos hace falta ver de una forma integradora todo lo necesario para que las cosas funcionen.