Los fideicomisos, al margen del blanqueo

El Economista. 20 de octubre de 2016.

Sorprendentemente, la estrategia del Gobierno con el blanqueo, para desarrollar la economía real, se concentró en el uso de los fondos comunes de inversión, instrumento del mercado de capitales que constituye una inversión indirecta dependiente de la performance global de un portafolio de activos, y con gastos de difícil determinación transparente como los precios de compra y venta, los gastos intermedios y las comisiones. Así dejaron de lado los fideicomisos, que son el instrumento más utilizado en Argentina para proyectos de inversión en la economía real. Los fondos de inversión directa (FID) son una inversión de riesgo de forma directa y acotada a un proyecto específico, con una administración ajena a las partes, lo que los hace óptimos para desarrollar las actividades productivas con una visión federal.

En paralelo, convivimos con un contexto de rentas atractivas en el mercado de bonos y acciones con récords en el índice Merval, con emisión, aumento de reservas, atraso del tipo de cambio y un festival de cierta bonanza en el pequeño mercado de capitales argentino. Es fácil observar que esto constituye un fuerte desincentivo para invertir en producción, cuyos sectores tienen que soportar altos costos productivos e impositivos y tasas de financiamiento no competitivas. Esta asimetría se potencializa con el horizonte de mediano y largo plazo, que implica una inversión productiva, donde no se puede entrar y salir rápidamente, por la propia naturaleza de la inversión.

Además, la alta renta que pagan los bonos hace que haya un flujo de inversores ávidos para esos títulos, lo cual tiende a mantener el statu quo. De hecho, en el mercado mayorista de exportadores e importadores, y en el de futuros, el dólar debe acomodar su precio para que aparezca la demanda.

El problema de fondo es que se recuperan las reservas y hay un flujo activo de dólares pero esta realidad no es producto del crecimiento de la producción, la industria y las exportaciones, lo cual es peligroso por el paradigma financiero vivido en Argentina.

Entonces, tiene carácter estratégico incorporar los fideicomisos al blanqueo y potenciarlos para quebrar el círculo vicioso de la renta cortoplacista financiera, en pos del desarrollo productivo federal. Mientras no se corrijan estas asimetrías, no podremos recuperar las economías productivas ni las regionales. Es necesario rediseñar lo planteado con esquemas integrales, donde fomentemos los proyectos que generan riqueza, trabajo y distribución. Herramientas como el fideicomiso dan confianza y previsibilidad a los inversores. Sin ello, no podremos salir de este corset cultural que privilegia lo financiero sobre lo productivo.

Si ante políticas como el blanqueo no ponemos foco en potencializarlas para propulsar el despegue de las inversiones, con el objetivo de disminuir la pobreza en todo el país y lograr mayor justicia social, estaremos desaprovechando oportunidades de concretar políticas exitosas, justas y sustentables.