Inestabilidad e inversión: el padrino II y Alesina

El Economista. 23 de marzo de 2017.

La inestabilidad provoca que los empresarios prefieran no invertir. Se guardan la opción hasta que se despeje el humo y haya más certeza sobre cuáles serán las reglas.

En El Padrino II, Michael Corleone viaja a la Cuba de Batista para una reunión de negocios con Hyman Roth.

Michael Corleone (MC): Hoy vi una cosa interesante. Un rebelde es arrestado por la policía y, en lugar de dejar que lo atrapen con vida, hizo explotar una granada que tenía oculta matando al capitán de la brigada.

Johnny Ola: Esos rebeldes son lunáticos.

MC: Puede ser… pero se me vino algo a la cabeza. Los soldados cobran por pelear, los rebeldes no.

Hyman Roth (HR): ¿Y eso qué te dice?

MC: Pueden ganar.

HR: Este país ha tenido rebeldes por los últimos 50 años, está en su sangre, créeme, sé lo que te digo. He estado viniendo desde los 20’s. Contrabandeábamos melazas desde la Habana cuando tú eras solo un niño… los camiones eran de tu padre.

(Ahora en privado) HR: Me hubiera gustado que habláramos de esto cuando estuviéramos solos. Los dos millones de dólares nunca llegaron a la isla.

Cada vez que veo esa escena se me viene a la mente el artículo de Alesina, Özler, Roubini y Swagel “Inestabilidad política y crecimiento económico”. Este artículo, publicado a comienzos de la década de los ‘90, arranca comparando Argentina y Japón. A continuación cito una traducción libre del mismo:


A principios del Siglo XX, Argentina era uno de los países más ricos del mundo. En 1960, el PIB per capita de Argentina estaba entre los primeros veinte y superaba al de Japón. Sin embargo, en los últimos treinta años, Argentina ha estado frecuentemente al borde del colapso económico. En 1960, el PIB per capita de Japón estaba por debajo del de Irak, Irlanda y Argentina. Desde entonces Japón ha experimentado una de las tasas de crecimiento económico más altas de la historia. Argentina ha tenido una historia de inestabilidad política con varios golpes de Estado y mucha violencia política. Por el contrario, Japón ha sido un modelo de estabilidad.

En 2017 se cumplen veinticinco años de la publicación del trabajo de Alesina y sus coautores y, si bien gozamos de más de treinta años de democracia, seguimos viviendo en un clima de inestabilidad política significativo. Desde 1983, dos de los cinco presidentes electos no pudieron terminar su mandato. El dato se vuelve más preocupante al ver que en ambos casos se trataba de gobiernos no peronistas. Este esquema de incertidumbre nos cuesta caro a los argentinos y afecta al crecimiento económico de largo plazo de nuestro país. Para crecer hay que invertir y para que haya inversión hacen falta reglas. Hay reglas buenas y hay reglas malas. Obviamente la calidad de las reglas es importante pero quizá más importante es la estabilidad de las mismas. A la hora de invertir los empresarios hunden capital (toman decisiones irreversibles) y su rentabilidad dependerá, entre otras cosas, del “modelo de país”. Por ejemplo, un negocio ganadero puede ser rentable si el modelo de país es uno de apertura comercial y libre mercado pero puede ser desastroso si el modelo de país es uno que busca cerrar la economía y favorecer la mesa de los argentinos. Distinto es, por ejemplo, una empresa textil, la cual puede ser muy rentable si se cierran las importaciones y se estimula el consumo mediante los créditos subsidiados, pero no aguanta a flote ni dos semanas si se libera el comercio y se reduce la intervención del Estado.

La inestabilidad política provoca que los empresarios prefieran no invertir. Se guardan la opción hasta que despeje el humo y haya más certeza sobre cuáles serán las reglas y así poder tomar las decisiones óptimas condicionales a dichas reglas.

Cambiemos apostó fuerte a la recuperación de la economía por un shock de inversión impulsado por una serie de políticas económicas (la salida del cepo y el arreglo con los hold outs) y una mayor calidad institucional. Sin embargo, la inversión no fue lo que se esperaba y en 2016 cayó casi 5% en relación al mismo período de 2015. La lluvia de dólares al sector privado no fue tal y el exceso de divisas que hoy vemos es producto del riego artificial del endeudamiento del sector público. Los piquetes, los cortes, manifestaciones y paros fogoneados por sindicatos y organizaciones sociales ligadas al kirchnerismo son una clara señal de inestabilidad que pone en duda, en el mejor de los casos, la continuidad de las políticas impulsadas por el Gobierno y, en el peor de los casos como le pasó a Alfonsín y a De la Rúa, la continuidad del Presidente.