El internacionalismo liberal liderado por Estados Unidos podría terminar

Diario El Economista. 23 de noviembre de 2016.

Alrededor del mundo, expertos se están esforzando por explicar las elecciones de los Estados Unidos 2016 y predecir sus consecuencias. Aunque muchas fuentes le habían dado mayores probabilidades a Hillary Clinton, la victoria de Donald Trump no fue completamente inesperada. El Republicano poco ortodoxo venció porque ganó la batalla en varios estados por un margen estrecho. Como Clinton ganó el voto popular, las especulaciones de Trump durante la campaña acerca de que el sistema estaba “arreglado” ahora suenan como una ironía (excepto a los Demócratas que votaron por Bernie Sanders en las elecciones primarias contra lo voluntad de los líderes del partido – los que apoyaban a Sanders siguen creyendo que su candidato fue injustamente perjudicado).

La inconsistencia entre el voto popular y el resultado de la elección no es inaudita en las elecciones de los Estados Unidos. Tampoco es sorprendente que el partido Republicano pudiera barrer con los resultados después de ocho años de una administración Demócrata. Lo que hace diferente a esta elección, y la futura presidencia, es la retórica y la propia personalidad de Trump. El resultado electoral refleja la fuerza de los votantes sin educación universitaria y, en gran parte (pero no exclusiva), la de norteamericanos blancos en áreas rurales y suburbanas. Trump fue capaz de aprovechar la rabia y resentimiento contra las élites tradicionales y progresistas. Sus partidarios sintieron que éstos los habían ignorado, abandonándolos para favorecer a los extranjeros, inmigrantes y minorías raciales. Trump capturó su enojo con un mensaje de fortalecimiento, entrelazado con impulsos nacionalistas que prometieron “hacer de Estados Unidos un gran país de nuevo”. Una evaluación justa requiere reconocer que este deseo nostálgico de traer de nuevo el pasado está aferrado no sólo al tribalismo, sino que también refleja el valor humano común de la continuidad de la cultura y comunidad.

El anhelo por los buenos viejos tiempos está vinculado al cambio del papel de los Estados Unidos en el mundo. Aún cuando es la economía más grande y el país más poderoso, los días en que Estados Unidos constituía la mitad del PBI global y era la única superpotencia se han ido. La campaña de Trump argumentó que los problemas en la navegación de un mundo multipolar, desde el desarrollo de ISIS hasta la competencia de China, se deben a la mala fe y a pobres habilidades de negociación. La campaña argumentó, además, que solo un hombre fuerte de negocios como él puede hacer que las cosas retomen el camino correcto.

Bajo el presidente Trump el país expresará una identidad más nacionalista y una visión más estrecha de sus propios intereses. Pero, ¿qué podemos esperar en términos de áreas particulares de política doméstica e internacional? ¿Empleará Estados Unidos un estilo mercantilista y autoritario que se difundirá por el mundo? La segunda pregunta es más importante que la primera y la respuesta es que es un peligro muy real pero no inevitable. Siempre se puede elegir.

En cuanto a las políticas concretas, podemos hacer algunas inferencias en base a las prioridades de la campaña. Muchos presidentes tratan de mantener sus promesas. A Trump le podría importar menos hacerlo que a la mayoría, pero sus partidarios esperan un gran empujón para deportar inmigrantes indocumentados y revocar el programa Obamacare. El sistema judicial y otras restricciones lo limitarán, pero quizá no detengan completamente esos esfuerzos. Los votantes de Trump también esperan un plan económico orientado hacia ellos; esto implicará un gran gasto en infraestructura así como tarifas proteccionistas.

A nivel internacional, las relaciones con China sufrirán. Quizá mejorar las relaciones con Rusia podría ayudar a aclarar los límites de donde aquel país afirma su influencia. Sin embargo, la tentativa de lograr “mejores acuerdos” para Estados Unidos a nivel internacional probablemente resulte en menos cooperación. El Presidente Trump posiblemente deshaga más acuerdos que los que hace, comenzando con el más reciente sobre clima y la no proliferación en Irán. El NAFTA será más difícil de eliminar y México se rehusará a pagar por el muro. La campaña Republicana también ha dicho que revertirá la política de cooperación con Cuba, a menos que el país implemente reformas democráticas. Sin embargo, esto se ve difícil de conseguir dado las tendencias autoritarias del propio Trump, las contradicciones con sus proclamaciones contra las posiciones morales de la política exterior y la oposición de algunos empresarios.

No es muy probable que estas políticas puedan restaurar la gloria pasada. Algunas sacudirían el orden mundial existente de manera imprevisible. La era del internacionalismo liberal liderado por Estados Unidos podría haber terminado, pero lo que lo reemplazará no está claro.