El mercado de capitales ante el nuevo proyecto

El Economista. 28 de junio de 2017.

El Mercado de Capitales es un instrumento que debe estar al servicio de toda la comunidad y en cumplimiento de la ley. Por eso es pertinente que el nuevo proyecto de reforma de la ley 26831 considere el interés público, ya que el beneficio consiste en fomentar la desintermediación financiera integrando a los inversores con quienes necesitan financiar sus proyectos productivos, generando el círculo virtuoso de la economía real que produce trabajo y crecimiento con distribución de riqueza y justicia social.

En los países subdesarrollados lo que se fomenta es el sistema financiero especulativo de corto plazo, que anula todo interés en el desarrollo de la inversión productiva. Por eso los líderes del mundo desarrollado tienen mercados de capitales activos, profundos y líquidos con variedad de instrumentos para canalizar los ahorros hacia la inversión. Para serlo, el Mercado de Capitales debe actuar como un sistema preciso y coordinado entre todos los componentes, respetando procedimientos y normas que aseguren las operaciones con eficiencia y transparencia. Para lograrlo necesita un excelente diseño de la Gobernancia, disminuyendo o evitando los conflictos de intereses y de relaciones, con códigos y manuales profesionales que regulen las actuaciones, con circuitos y supervisores, con sistemas de interrelación, con auditorías y controles activos sobre los individuos y órganos como mercados, agentes, emisores, reguladores, asesores que garanticen la idoneidad, la transparencia, el buen desempeño y la comunicación.

No se debe perder de vista que el objetivo de una nueva reforma debería ser proteger mejor al inversor, asegurando una mayor eficiencia y velocidad en las operaciones, la disposición de información útil y oportuna, la ausencia de conflictos de intereses, la libre competencia que permite disminuir costos transaccionales, la idoneidad de los agentes, el manejo de la documentación, la transparencia y la seguridad.

Sin dudas, la fiscalización del Mercado depende de un órgano público independiente y especializado como la CNV, quien debe actuar facilitando cumplir los objetivos fundamentales del Mercado, reglamentando, controlando, sancionando y actualizando todo el sistema, introduciendo mejoras que generen velocidad, simplicidad de trámites, circulación de información, conocimiento a nivel federal, banca de inversión externa, eliminación de asimetrías y generación de confianza, todo lo que redunda en mayor protección del ahorrista inversor. Para esto la CNV debe contar con independencia total, con los recursos adecuados y con una estructura profesional altamente calificada y proactiva para supervisar, eliminando los conflictos preventivamente. Para ello es fundamental el rol activo de la docencia a nivel federal para bajar al llano el Mercado de Capitales y que sea el puntal para el crecimiento de la producción y el desarrollo social en todo el país, sinergizando el ahorro y la inversión con todos los instrumentos disponibles, especialmente los ya aprobados por el público como es el fideicomiso y los fondos de inversión directa (FID).

No hay duda sobre las oportunidades que tiene una Argentina federal en el nuevo contexto, si se establece un país ordenado y con seguridad jurídica. En este marco, el rol activo de la inversión pública y privada, local y externa, son fundamentales en todas las regiones del país para sacarnos rápidamente de la vergonzante estadística de tener un tercio de la población en situación de pobreza. Pero para ello se necesita un mercado dinámico y que llegue a la producción, abandonando la mezquindad cortoplacista.

Por todo esto es que descontamos que estos temas deben ser contemplados en el proyecto de reforma, promoviendo las inversiones productivas con “todos” los instrumentos del mercado y sin miopías sectoriales. Pero esperamos también que no siga durmiendo el sueño de los justos ya que la incertidumbre de la espera sólo produce postergaciones en las decisiones de inversión y financiación que son, finalmente, lo que necesita el país para despegar.