La dinámica política argentina en el año del Mundial


Infobae. 6 de marzo de 2018.

El Gobierno, reflejado en las palabras del presidente Macri en la Asamblea Legislativa del 1º de marzo, ha decidido pragmáticamente entrar en una nueva etapa que le dé altas chances de lograr el único e innegociable objetivo, o sea, la reelección en el 2019 y una mayoría legislativa con quórum propio al menos en Diputados.

No hacen falta estudios en politología para detectar las características ciclotímicas que caracterizan a nuestro país. Como indicábamos en una reciente columna en este espacio, durante el 2017 se pudieron registrar tres momentos y microclimas políticos. En los primeros largos meses, análisis de todo gusto y color sobre el malhumor social, el aumento de tarifas, la inflación alta, la descoordinación entre actores clave del Gobierno en el manejo de la economía y, desde ya, referencias a un fin anticipado del mandato de Mauricio Macri, más colapsos y escapes en helicóptero.

Luego, en el último trimestre llegaría una victoria arrolladora del oficialismo con casi 42% de los votos, o sea, semejante al alfonsinazo de 1985 y al menemazo de 1991, en plena euforia por la convertibilidad. Fines de octubre y noviembre de 2017 estarían caracterizados por alusiones al inevitable segundo mandato de Mauricio Macri, luego de la derrota de Cristina Fernández en provincia de Buenos Aires y el triunfo de Cambiemos en los cinco distritos más poblados del país. Las especulaciones se extendían más allá: ¿Quién del PRO sucedería al Presidente en el 2023? En otras palabras, una larga pax amarilla.

Pero como en la Argentina todo es magma fluido, ya en diciembre tendríamos la intifada (guerra de piedras), en versión criolla, contra las fuerzas policiales en el Congreso. Así como tumultos e insultos dentro de la Cámara de Diputados. Para observadores nacionales e internacionales, esos tensos días fueron una apuesta fuerte del club del helicóptero a ver si con un mix de audacia, suerte y el efecto traumático que representa el mes de diciembre, desde el 2001, sobre la psiquis de los porteños y el Conurbano, se lograba provocar una crisis institucional. Ello no se produjo, como era previsible para los análisis más fríos y prudentes, pero sin duda el tratamiento de la ley previsional tuvo un fuerte impacto en la imagen del Gobierno; llevó los índices de apoyo a los niveles de comienzos del 2017.

Como corresponde también a nuestra mejor tradición, luego de una relativa tregua política y social en enero y parte sustancial de febrero, ya en marzo hemos vuelto a las angustias y las profecías. Las encuestas del mes pasado muestran que el apoyo al Gobierno dejó de caer como en los dos meses previos y que la confianza del consumidor se mantuvo o subió levemente. No obstante ello, las expectativas de inflación de la población rondan cifras del 24% al 27%, o sea 10 o más puntos arriba de la estimada por el Gobierno para el presente año, un 15%, y también del 19,5% al 20% con que se espera que termine el año.

Por todo ello, ahora la moda es analizar si a Macri no le convendría delegar en la dama de teflón o tungsteno, según se prefiera, la gobernadora María Eugenia Vidal, la competencia del 2019, así como ver indicios de que el fragmentado peronismo se ilusiona con lograr forzar una segunda vuelta electoral ese año.

Ahora, y para abstraernos de nuestros microclimas, veamos algunos datos. The Economist, el seminario económico y político más prestigioso del mundo, dio a conocer un informe sobre Argentina en donde augura crecimiento económico en torno a tres puntos este año y los próximos, así como considerar altamente probable una reelección de Macri. Asimismo, uno de los más reconocidos especialista en la situación del consumo masivo de la población como es Guillermo Oliveto, en su artículo publicado el pasado 5 de marzo, brinda datos contundentes sobre el comportamiento de más de una docena de indicadores claves de la economía que distan de ser malos o regulares. Todo lo contrario. En otra palabras, no un boom pero sí un curso ascendente de la actividad económica y una reducción de la inflación. No tanto como quisiera el Gobierno, pero sustancialmente menor a lo que espera la opinión pública.

En este escenario, el Gobierno, reflejado en las palabras del presidente Macri en la Asamblea Legislativa del 1º de marzo, ha decidido pragmáticamente entrar en una nueva etapa que le dé altas chances de lograr el único e innegociable objetivo, o sea, la reelección en el 2019 y una mayoría legislativa con quórum propio al menos en Diputados. Para ello, y hasta que la pelota empiece a rodar en Rusia con Lionel Messi de abanderado, los sueldos nuevos se comiencen a sentir a mediados de año y hayan quedado atrás los aumentos de los servicios públicos y otros de este primer tramo del año, ha optado por un calidoscopio de temas, difíciles de encasillar dentro de calificativos de izquierda, derecha, centro o populistas.

En materia de seguridad, un tono más cercano al conservadurismo popular, o sea, mano firme, pero también dando lugar a agendas posmodernas y caras a la izquierda y al feminismo, como es el aborto legal y la paridad de salarios entre hombres y mujeres. El siempre sensible tema del aborto está llamado a profundizar más el torrente de versiones, imágenes y mensajes conflictivos entre el Gobierno y el Papa. Pero, como advierten analistas como Ignacio Zuleta, en otro plano estos dos actores distanciados avanzan en proyectos como la masiva transferencia de tierras públicas y privadas a los habitantes de miles de villas de emergencia en el país y en la provincia de Buenos Aires en especial. Una decisión que será difícil de calificar como de liberalismo o derecha deshumanizada.

Sin duda, el Gobierno le otorga y otorgará un papel central a la variopinta y ecléctica agenda de temas que surjan de los focus group. Así como de un manejo de megadata y redes sociales nunca visto en la política argentina. Un arsenal formidable más aún si se asume la fragmentación del peronismo y la presencia de la ex mandataria como un actor político de peso. Pero siempre hay que estar atentos a cisnes negros y errores de cálculo. Tal como comentó Jaime Durán Barba con impactante sinceridad en un desayuno organizado por la Fundación Fepesna poca días después de la elección nacional del 2017, hasta pocos meses antes del voto la estrategia oficialista no lograba neutralizar la clara ventaja de la ex Presidente sobre los candidatos de Cambiemos. Sería la irrupción de la gobernadora Vidal poniéndose la campaña al hombro la que lograría alcanzar un empate técnico en las PASO y luego la victoria en octubre. Como dice el dicho popular, puede fallar.