El simulacro de Guerra Fría Washington-Moscú

Inbobae. 9 de abril de 2017.

Desde los últimos meses de la campaña electoral que llevarían a la victoria de Donald Trump y más aún a partir de su asunción en pasado enero, el acalorado y punzante debate sobre el papel del Gobierno de Vladimir Putin en la política doméstica norteamericana y en la derrota de Hillary Clinton ha ocupado la tapa de los diarios, la televisión, las radios e internet. Acusaciones cruzadas entre demócratas y republicanos, los primeros enfatizando en el supuesto espionaje que ayudó a difundir públicamente emails y datos de la campaña de Clinton que distaban de mostrarla en su mejor faceta. Los segundos, advirtiendo que las oficinas de Trump en Nueva York habrían estado vigiladas electrónicamente y en sus comunicaciones por parte de la administración Obama. En otras palabras, una versión 2.0 de Watergate pero con víctimas y victimarios invertidos con respecto a comienzos de los setenta.

La cuestión rusa y la relación con Moscú llevaron entre otras cosas a la prematura renuncia del primer Consejero de Seguridad Nacional de los Estados Unidos. Si uno se guía meramente por esta escenografía, sin duda el vínculo entre ambas potencias parece estar por lejos en el peor momento desde 1985, cuando Gorbachov lanzó los intentos de reformas en la agonizante Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Pero ampliemos un poco el foco y veamos el escenario en una dimensión más abarcativa, con los múltiples niveles y actores involucrados. Empezando por China. Una mirada pragmática y realista de la dinámica geopolítica y económica global nos mostraría claramente que este Estado y no Rusia se erige como el verdadero rival estratégico de los Estados Unidos. Un foco sobre el PBI nos muestra, dependiendo de cómo se mida, o sea con poder de paridad de compra, por ejemplo, al gigante asiático equiparando al norteamericano. En cambio, Rusia produce riquezas anuales en niveles más cercanos a Corea del Sur y Brasil, es decir, muy distantes de los dos colosos. En materia de presupuestos de defensa, Washington destinó el presente año una cifra en torno a los 600 mil millones de dólares (o sea, una Argentina entera y un poco más), en tanto que China, unos 200 mil millones y Rusia, 90 mil millones. Para tener una idea comparativa, la suma de la inversión en defensa de países aliados de Washington como Francia y el Reino Unido equipararían y aun pasarían los gastos rusos en ese sector. Cabe agregar que los chinos vienen incrementando anualmente su presupuesto militar en el orden del 7% al 10% anual y en algunos años aún más.

En materia económica y comercial, tanto los Estados Unidos como China tienen una estructura poderosa y diversificada. Rusia, en cambio, se caracteriza por una fuerte dependencia de su explotación y la exportación de gas y de petróleo. Materias primas cuyo precio internacional depende mucho de factores externos, incluyendo de megaproductores petroleros como Arabia Saudita y los mismos norteamericanos (boom del shale petróleo y shale gas mediante). La caída del precio del barril de los 100 o más de años atrás a los actuales 45 a 55 dólares ha sido un impacto no menor sobre el Gobierno de Vladimir Putin. Compensando por el áurea de fuerza y nacionalismo que generaron sus campañas militares en Crimea, Ucrania y Siria. Así como los mismos ataques de sectores demócrata y medios de prensa occidentales que no hacen más que potenciar su popularidad en tierra rusa.

En términos de población, China multiplica por diez la rusa. Los Estados Unidos por poco más de tres. Si Moscú conserva un indiscutido poder, es en el plano estratégico nuclear equiparando a Washington con 1.500 cabezas nucleares en condiciones de alcanzar cualquier blanco en el mundo con misiles balísticos intercontinentales basados en tierra y en submarinos nucleares. Así como cuatro mil a cinco mil cabezas atómicas tácticas y de mediano alcance.

En materia de armamento convencional, los aviones de combate rusos de la familia Mig y Sukhoi compiten de igual a igual con los mejores de Occidente; también en fuerzas blindadas con tanques como el T90 y el aún más moderno llamado Armata y misiles antiaéreos de largo alcance como el SS300, el SS400 y el próximo SS500. De hecho, la misma China ha destinado decenas de miles de millones de dólares a comprar armamento ruso durante las últimas décadas. El mismo y único portaviones chino operativo fue construido en el último tramo de la URSS y luego vendido por Rusia a la potencia asiática. A partir del 2020, habrá un segundo portaviones en la marina china, el cual se viene construyendo en ese país pero con un diseño original basado en el modelo ruso.

Por si esto fuera poco, los conflictos militares de Rusia en Chechenia, Georgia, Crimea, Ucrania y Siria le han permitido probar armamento y tácticas de combate y accionar conjunto. Incluyendo nuevos misiles cruceros para ataques a blancos terrestres y la combinación de operaciones militares convencionales con ataques informáticos y campañas mediáticas desinformación y propaganda. Este impactante y frondoso árbol, no obstante, no debe taparnos el bosque o la perspectiva amplia y de largo plazo. No casualmente una de las mentes más destacada del estudio de la política internacional y las cuestiones de seguridad nacional como es el profesor G. Allison de la Universidad de Harvard ha publicado un impactante artículo titulado La Trampa de Tucídides en donde analiza 16 casos a lo largo de la historia donde una potencia hegemónica es desafiada por un aspirante a sucederla.

Allison nos muestra que en 12 de los 16 casos se terminó en guerra. Algunos podrán decir que es meramente un ejercicio académico y teórico. Pero lamentablemente para los que piensan así, no mucho tiempo atrás siete ex mandatarios latinoamericanos invitados especialmente a China por el poderoso presidente de este país se sorprendieron cuando el jerarca chino les habló y mostró el escrito de Allison, y les pidió su opinión.

Por último y volviendo al trauma ruso en los debates en Washington, cabe imaginarse la alegría y la sorna con las que la élite política y militar china ve esta telenovela de enredos o la versión farsa de la tragedia de la Guerra Fría.