Metas y engaños de la economía macrista

Infobae. 16 de noviembre de 2016.

Entre las tantas cosas que debería repreguntarse el Gobierno figura cómo se generan las expectativas. Puesto que son variables endógenas, no se pueden determinar arbitrariamente. Estas surgen como una respuesta del público frente a las acciones, los anuncios y las medidas de Gobierno, sumadas a su sostenibilidad o su consistencia.

El consenso científico sugiere que los individuos, si bien acceden a distintas fuentes de información de diversa calidad, la ponderan y toman las decisiones económicas tratando de minimizar sus errores. La lección más importante que surge de individuos racionales o forward looking no es que no se puedan equivocar, sino que lo harán de forma no sistemática. La existencia de errores no sistemáticos en la evaluación de situaciones económicas no deja margen de maniobra recomendable para tratar de influir con resultados positivos y sostenibles sobre los agentes.

Aclarado esto, considero conveniente evaluar la política de comunicación y acción del Banco Central y el Ministerio de Hacienda. A comienzos de 2016, las autoridades fiscales y monetarias fijaron un objetivo de metas, tanto a nivel de crecimiento de los precios como de déficit fiscal. Los costos, en términos de reputación, de no haber alcanzado ninguno de los objetivos deja en una delicada situación la formulación de metas para el próximo año. Creo que más que nunca aplica la frase atribuida a Abraham Lincoln: "Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo".

Durante el primer semestre, mientras el Gobierno trataba de bajar la tasa de inflación mediante el aumento de las tasas de interés, a un costo cuasifiscal muy alto, el Ministerio de Hacienda continuaba gastando a la misma velocidad que en el pasado. Frente a esto, el sector privado no creyó la meta de inflación del 25% y apostó a que el Gobierno no podría cumplir. La consecuencia: desde el segundo trimestre afrontamos una profunda recesión económica.

A comienzos de año, Hacienda proyectaba un déficit fiscal de 4,8% del PBI. En este caso, no sólo no mostró intención de bajar el gasto, lo aumentó con "la reparación histórica hacia jubilados" y otras medidas, sino que tuvo que recurrir a la suspensión de la baja de las retenciones a la soja y presentar un proyecto de suba de ganancias, entre otras cosas.

Con la evidencia cabe preguntarnos si la meta de 2017, que tiene como techo una inflación del 17%, podrá ser cumplida teniendo en cuenta que la inflación de 2016 terminará en torno al cuarenta por ciento. Por otro lado, nada indica que la meta de 4,2% de déficit proyectado en el presupuesto sea creíble cuando cerraremos 2016 con un 7% de déficit.

La falta de coordinación en las medidas de Gobierno y la ausencia de un plan de estabilización consistente llevan a que discutamos sobre problemas particulares y no soluciones generales. Sin comprender la dinámica de las decisiones económicas, el Gobierno planea entregar un bono navideño a los empleados estatales y beneficiarios de la seguridad social, intentando condicionar u obligar al sector privado a hacer lo mismo. El motivo de esto es evitar que se reabran las paritarias luego de que la inflación de 2016 superara a los salarios hace meses.

Es importante destacar que bajo un esquema de dominancia fiscal estaría bien no abrir paritarias para el sector público, dado que se necesita una licuación de gastos. Por otro lado, está más que claro que, como la inflación es un fenómeno monetario generado por los problemas de financiamiento del Gobierno, la reapertura de paritarias en el sector privado debería ser un tema a resolver entre empleados y empleadores.

El salario del sector privado no es inflacionario ni en el presente ni el futuro, dado que no se financia mediante la emisión de pasivos monetarios o deuda. Esta confusión no hace más que seguir sumando al desequilibrio general, haciendo pagar el costo de los errores del Gobierno al sector privado.

Para concluir, las expectativas positivas no son declamaciones de fe que un Gobierno o una persona puedan desear o proferir a los gritos. Las expectativas positivas surgen de acciones consistentes, con metas y acciones que puedan cumplirse y sostenerse en el tiempo. Hasta que el Gobierno no comprenda esto, seguiremos nuestro camino sinuoso hacia una nueva crisis.