Es extremadamte positivo que se trate una reforma tributaria y fiscal en conjunto

Infobae. 19 de noviembre de 2017.

La economista, profesora de la Universidad del CEMA resaltó que se trata de una propuesta de cambios integrales, en lugar de continuar con una historia de "70 años de parches". Lo más importante será "simplificar, simplificar y simplificar".

El Gobierno presentó al Congreso al comienzo de la semana el proyecto de ley de reforma tributaria, que comprende tanto cambios sustanciales, como la incorporación en un único cuerpo de las últimas normas en materia de impuestos, seguridad social, derechos de aduana y procedimientos. Y también la iniciativa sobre cambios en el orden previsional, en particular en lo referente a la fórmula de cálculo de la movilidad semestral; en tanto, se espera para el martes el ingreso por Senado de la reforma laboral, aunque en ambos casos Infobae ya difundió los proyectos definitivos.

Se trata de un combo que era largamente demandado y esperado por gran parte del sector real, un amplio espectro de los economistas y, naturalmente de la población que pedía un cambio de las normas que contribuyan a cortar con ciclos cortos de reactivación, crisis y recurrente retroceso.

Diana Mondino, economista preparada en la Universidad de Columbia, directora de Asuntos Institucionales de la UCEMA y profesora de Finanzas, ex jefa para latinoamérica de Standard & Poor's, fundadora de Risk Analysis, y portadora de la antorcha olímpica en los Juegos Olímpicos de Beijing, analizó para Infobae lo que considera debiera ser el resultado de la reforma tributaria integral que el Gobierno nacional presentó al Congreso, porque del proyecto a la redacción final se esperan diversos cambios en el ámbito legislativo.

– ¿Qué lectura hizo de los lineamientos general del proyecto de ley de reforma tributaria?

– En primer lugar, es extremadamente positivo que se traten todos los temas en forma conjunta. Este es un país que ha estado trabajando con parches, en donde una regulación, buena, regular o mala, en la medida en la que se le van agregando o quitando condicionamientos, genera desequilibrios en otro lado. Por tanto, proponer reformas en lo laboral, previsional e impositiva, en forma conjunta y simultánea, es esencial. Sin embargo, como los esfuerzos de la oposición se concentran en desmembrar los temas, eso se hace extremadamente difícil, porque una camisa puede ser linda o fea, según el traje que se tenga puesto.

– ¿Dónde ve el corazón de las reformas?

– En los cambios en materia previsional, que como se sabe es el principal componente del presupuesto nacional y que tiene una importancia enorme en la vida de todos los ciudadanos. Es el ancla que tenemos, por temas conceptuales, de importancia económica y por la dificultad de establecer modificaciones porque son intergeneracionales. En base a lo que se pueda, o no, modificar el sistema actual, en particular en la fórmula de ajuste, es que se deberían hacer los otros cambios. Además, estamos en un país que sigue estando dentro del planeta tierra, y en el que se está produciendo un tremendo adelanto tecnológico extraordinario, pero tenemos regulaciones extremadamente…

– Arcaicas…

– Arcaicas porque se refieren a estructuras económicas que en el mundo prácticamente han desaparecido; solamente algunas fábricas chinas mantienen un esquema de trabajo estructurado y organizado en base a turnos, en todo el resto del mundo ese tipo de cosas ya no funciona. Tampoco es que toda la gente pueda trabajar a tiempo parcial, o en tareas puntuales sin tiempo fijo. Fíjese que Ronald Coase, premio Nobel de Economía en 1991, analizó en qué momento una empresa pasa de serle más conveniente contratar a una persona de manera estable, fija, por un salario, en lugar de contratar para cada actividad, de modo individual, porque lo lógico, lo que sería el óptimo para ambas partes sería que por cada tarea un pago. Pero llega un momento en que coordinar eso se torna inviable y por lo tanto se necesita mucha gente que tenga estabilidad en el tipo de funciones que tiene, una única coordinación; y un único pago.

– ¿Eso comienza a modificarse en el mundo con los últimos cambios tecnológicos?

– Si, pero no tiene que ver con la robotización, sino con los adelantos tecnológicos; con la flexibilidad que hay para acceder a muchas cosas, parece mucho más lógico que también las estructuras de trabajo puedan tener también esa flexibilidad, de los dos lados, que el empleado, que es a quien se quiere proteger, porque en muchos casos es casi prisionero de las empresas, porque si una persona encontrara un mejor trabajo en otro lado pierde antigüedad; pierde días de vacaciones, entonces posiblemente no quiera tomar un trabajo mejor, que le queda más cerca de la casa, que le gusta más, para no perder esos beneficios económicos. Y la empresa, a su vez, le está dando beneficios económicos a un empleado que a lo mejor se podría sustituir por alguien con más capacitación y que le guste más el trabajo. Todos estarían más felices si hubiera más libertad.

– Más libertad y sin afectar los derechos adquiridos; los cambios siempre debieran ser para adelante…

– Definamos derechos, cuando alguien dice que es un derecho la indemnización, la antigüedad para las vacaciones, tiene en curso una responsabilidad; porque en muchos casos tiene más días de descanso pero está en un trabajo que no le gusta. Por tanto, podría estar mejor en un empleo que le guste, pero eso requiere renunciar a esos "derechos adquiridos". Esas son las cosas que se deberían poder reglamentar.

– ¿Eso no sería un cambio extremo en la situación actual, aún con un alto índice de desempleo y fuerte poder de los sindicatos y falta de mayorías legislativas?

– Sí, por eso supongamos que no vamos hacia eso, que tal vez sería un cambio muy extremo para la mentalidad actual, sobretodo para el predominio de las fuerzas sindicales.

– Usted puso como relevante en el centro del debate la necesidad de cambios en el sistema previsional. El problema actual es que hay una gran porción de jubilados y pensionados que cobran luego de haber cumplido con las reglas de antigüedad laboral y aportes y contribuciones, y muchos otros que ingresaron al sistema con moratorias y otros beneficios especiales. El resultado es que más de las dos terceras partes percibe la mínima y no lo que le corresponde. ¿Con el cambio en la fórmula de ajuste, de una polinómica que incluye la variación de la recaudación y de los salarios, a otra basada únicamente en la inflación, no los condenaría a mantenerse en una mínima que no cubre la canasta de consumo básico?

– Yo no lo miraría tanto desde el punto de vista del individuo, sino del lado macroeconómico. Ajustar las jubilaciones por inflación tiene dos problemas: 1) ¿Qué pasa el día en que ocurre una recesión?, tendría un impacto severo sobre el gasto público porque tendría una rémora extremadamente difícil de superar; y 2) ¿Qué pasa el día en que se cae en una hiperinflación, o alta inflación? Esto tiene de bueno que queda la promesa explícita de no que no se va a intentar licuar el haber de los jubilados, que no van a volver a ser el pato de la boda; eso me parece extremadamente sano. Sin embargo, eso condiciona notablemente al resto de la macroeconomía.

– ¿Y desde la óptica del jubilado?

– En un país normal, con una economía estable, el nivel de los haberes queda anclado en términos reales. El problema es si el punto de partida es un nivel injusto, si estuvo mal calculado. Supongo que cualquiera sea el método de ajuste que finalmente aprueben los legisladores, no privará al futuro jubilado de decir cuáles son sus derechos a un nivel de haberes. Hay que tener en cuenta que el sistema en la Argentina ha tenido varias modificaciones; en el 94 con la muy vituperadas AFJP que nunca volverán; en 2007 la reforma redujo extraordinariamente los derechos de los futuros jubilados, era una golpe muy fuerte que el propio gobierno de Cristina Kirchner en 2008 lo revirtió, porque cuando se toman los fondos de las administradoras de fondos de los jubilados y personales, que dio lugar a la constitución del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses, se dan una serie de derechos, pero también se otorgan jubilaciones y pensiones a quienes nunca aportaron. Entonces a los que aportaron se les redujo el potencial de haberes que iba a tener. La ley de 2007 dice que se pagará 1,5% por cada año trabajado de los últimos 10 años, en un momento en que no había ningún tipo de ajuste de las jubilaciones, con lo que con 30 años de aportes, una persona se retiraba con el 45% sobre un promedio nominal sin actualización, pese a que en los 10 años previos el dólar pasó de 3 a 6 pesos. Eso nadie lo dice!, subrayado y con negrita!!.

– ¿La Ley de Reparación Histórica no vino a corregir ese desagio?

– No, no, lo que se hizo fue darle a otra gente su jubilación. Lo que hizo el Gobierno de Cambiemos fue haber puesto la jubilación para adultos mayores, que tiene de muy positivo que deja de lado la hipocresía de llamar jubilación a alguien que no había hecho aportes, y que se le deducían durante unos años con una moratoria, y consiste en un subsidio explícito. Creo que no hay país en el mundo que tenga este tipo de prestaciones.

– Y aparte esas prestaciones tendrían que haberse pagado con rentas generales de la Nación…

– Hoy la Anses recibe un porcentaje extraordinario de ingresos que más que de rentas generales proviene de asignaciones específicas del cobro de impuestos nacionales; Ganancias, Cheque, Combustibles…Está clarísimo que lo que percibe de contribuciones de los empleadores y aportes de los trabajadores es extremadamente insuficiente, no alcanza para pagar ni la mitad del total de las jubilaciones y pensiones. Hoy el sistema tiene múltiples regímenes, dejando de lado a las jubilaciones de privilegio, que lo son por dos razones; porque se trata de sistemas especiales y porque no pagan Ganancias; que determina que personas con similar actividad y remuneración, pero con sólo cinco años de diferencia perciben haberes muy diferentes, por los repetidos cambios en los últimos 20 años. Y a eso se agrega un sistema de pensiones demencial, que hace que haya gente que cobre hasta siete prestaciones. Y también existen generosísimas posibilidades de jubilarse a contribuciones muy bajas. Y no tenemos un adecuado seguro de vida para el trabajador, o servidores públicos, como un policía, que proteja a la familia. Todas esas cosas tendrían que estar incluidas en la reforma previsional.

– Se presentó al Congreso el proyecto de ley de reforma tributaria, con mucho acento en lo impositivo ¿Cuál es su primera lectura?

– La reforma impositiva afecta un poco más a unas personas y familias que a otras, lo mismo que a las empresas. En ambos casos existe un régimen que dificulta crecer, es más, creo que dificulta empezar, como en el caso de las Pyme que deben comenzar a pagar impuestos desde el primer día, cuando aún no llegó a contratar personal, ni vendida su primera unidad, y si la vendió, todavía no la cobró.

– Ese punto parece que está contemplado en la iniciativa del Poder Ejecutivo, aunque dependerá mucho de qué se aprueba y cómo se reglamenta…

– Todos esos temas los empiezan a tocar; todo junto no se puede; nadie sabe cuál es la solución correcta; y además en muchos casos requerirá de mucha negociación entre los legisladores y los sectores afectados y favorecidos. Por eso creo que en principio es muy positivo que las tres reformas, impositiva, previsional y laboral, se hagan al mismo tiempo; porque si cambia una y las otras dos quedan como están no necesariamente se va a estar mejor. Por ejemplo, el sistema de aportes y contribuciones al sistema jubilatorio es perverso, porque es un desincentivo al trabajo, pero alimenta las otras dos cosas. ¿Si se eliminan esas distorsiones, cómo se financia la Anses?; si se capitaliza el Anses, ¿cuánto va a tener que pagar de impuestos el trabajador?, si es muy alto la Pyme no lo podrá pagar. Entonces está muy, muy conceptualmente aceptado que se atiendan los tres puntos de manera simultánea.

– ¿Cuál es su recomendación para que los cambios finales vayan en la dirección correcta?

– Primero simplificar; segundo simplificar y; tercero simplificar. No es sólo de que sea menos costo, sino de que sea más simple y eficiente. Está claro de que debe contribuir a reducir el costo de las empresas y familias y que se pueda pagar, no es justo que se pretenda cobrar un impuesto cuando no se cobró la venta de un producto o servicio. Y además que el impuesto no condicione según el tamaño de la empresa. Todo el mundo habla de los Ingresos Brutos, pero es el que impide que una Pyme crezca, porque si se quiere especializar en algo, en cada etapa es alcanzada por ese impuesto. Lo relevante es tomar en cuenta la cantidad y calidad para la fabricación y venta de un producto o servicio, y la rentabilidad que pueda generar.

– Un punto que aparece como conflictivo en la previa al debate de la reforma tributaria en el Congreso es que tiene un sesgo contra las provincias, porque son las que deben resignar más recursos para bajar la presión tributaria global, con la reducción de Ingresos Brutos, cuando sostienen que ese fue el atajo para neutralizar los efectos de la demora en la discusión de una nueva Ley de Coparticipación. ¿Cuál es su análisis al respecto?

– 1853, la batalla de Caseros ya era muy claro y explícito por esto; en la de Vuelta de Obligado, que vamos a festejar mañana, extrañamente un feriado cuando en realidad fue la sujeción y humillación de las provincias del interior, el país en casi 200 años de historia no ha logrado resolver esto. Es cierto que son muy pocos países en el mundo que no lo han logrado resolver, como se ve ahora el caso de Cataluña en España; Baviera en Alemania; Escocia con Inglaterra, por tanto no somos ni los primeros ni los únicos. Lo que sí ha ocurrido en la Argentina es que por el sistema de gobierno federal, pero con la recaudación centralizada, el derecho al gasto está en manos de la totalidad de las provincias, en el marco de la Constitución pagan con la tarjeta de otro. Entonces el error viene de origen.

– ¿Cómo evalúa los cambios impositivos, son suficientes, o se quedaron cortos, porque se podría decir que en la letra gruesa no se propone una reducción de los gravámenes sobre las tarifas de los servicios públicos y la venta de combustibles?

– Como analista, como economista, la reforma impositiva es extremadamente tibia. Si yo fuera ministro de Economía, la verdad es que no sé cuánto más se podría hacer, porque el menú de restricciones es muy grande. Por eso me entristeceria que esta sea la única reforma. Si esta fuera la primera, para ir avanzando en el camino y darle tiempo a todo el mundo que se acomode, se le va bajando impuestos un poco a las provincias hasta que hagan otra cosas, está bien. Si por el contrario, es lo único para los próximos 50 años es muy poco. Claramente, extraordinariamente es mejor que nada. ¿Es suficiente? Claramente no. ¿Va en la dirección correcta? Pareciera que sí, vamos a ver qué sale del Congreso.

– Mientras avanzan las presentaciones de las reformas tributaria, laboral, previsional, del mercado de capitales, ¿cómo ve la economía?, pareciera que después del resultado de las elecciones de octubre hay más optimismo y renacieron los anuncios de inversiones…

– El optimismo venía de antes, porque de lo contrario no se hubiera llegado a este resultado de las elecciones de medio término. El optimismo viene de 4 o 6 meses antes. Creo que hay una expectativa muy favorable de la gente de que haya menos desorden; menos libertinaje en la toma de decisiones; más responsabilidad de los funcionarios por sus actos. Me parece que eso se empieza a notar bastante. Además! hay más consumo, porque el gasto del Gobierno es exorbitante, entre los tres niveles de gobierno representa casi el 50%; gasta tranquilo, gastó todo, no le queda nada de acá hasta diciembre, ni un peso partido por la mitad, nada, excepto para salarios y jubilaciones y subsidios familiares.

– En Hacienda aseguran que desde julio las finanzas públicas vienen cerrando bien…

– Sí, pero mírelo de otro punto de vista: en 10 meses se ha gastado todo lo presupuestado para hacerlo en 12, eso significa un 20% más que se usó en cosas, gente, promociones. No soy una economista pura, sino práctica, y por tanto entiendo que desde el momento en que se hace un diagnóstico correcto, ver cuál sería el remedio y empieza a ejecutarlo pasa un tiempo. Veo que mucha gente está impaciente con Cambiemos porque considera que ya se debería estar tomando más decisiones. Creo que muchas de esas decisiones ya están tomadas y cuyos frutos empiezan a verse, pero faltan miles. Pero no se puede modificar algo de raíz, porque pasaron 70 años sin cambios; y en este tipo de cosas en particular había que tener en claro qué es lo que hace falta simplificar. Hay algunas cosas que han sido simplificaciones relevantes y positivas, que demandó la decisión de una persona, pero hay muchas otras que requieren que miles de personas trabajen, como la evaluación Aprender; haber modificado el sistema de licitaciones energéticas y en vialidad, requirió de una persona. ¿Es suficiente?, claramente que no; ¿van en el camino correcto? pareciera que sí.

– ¿Cómo ve la previsión oficial de un crecimiento del PBI del 3,5%, la considera muy conservadora, si se tiene en cuenta que se venía de un lustro de estancamiento por habitante?

– ¿La Argentina puede crecer más?, ojalá!. Dicho eso creo que es un error apostar sólo al crecimiento para reducir el déficit fiscal, que es lo que está haciendo el Gobierno, porque si por cualquier razón, naturaleza, no se diera, vamos a tener un problema más que el que teníamos antes. Esto de haber apostado al estancamiento del gasto en términos reales es extremadamente riesgoso.