PASO: Los simuladores 2.0

Infobae. 21 de julio de 2017.

Nos encontramos con estrategias y tácticas a primera vista alejadas de la lógica radicalizada y confrontativa

Las últimas contiendas electorales en diversos países del mundo, incluyendo desde ya los casos de los Estados Unidos y el Reino Unido y otros países de primer orden, nos mostraron candidatos con argumentos duros y polarizadores. En este escenario, muchos observadores llegaron a pronosticar que la contienda electoral 2018 en Argentina podría presentar lineamientos igual o aún más agudos y ásperos. Pero, en lugar de ello, nos encontramos con estrategias y tácticas a primera vista alejadas de la lógica radicalizada y confrontativa.

Empezando por el propio kirchnerismo, en su variante cristinista, con una estética y un discurso en el acto de Arsenal y publicidades posteriores más propias de los programas "Pare de sufrir" de las trasnoches televisivas que del "vamos por todo" del 2011. Con énfasis en la idea del ciudadano con sus problemas, sus miedos y sus angustias. Con la candidata central en postura de escuchar más de lo que habla y con una imagen cándida, humana y protectora.

Asimismo, en la misma línea argumental aparecen referencias mucho menos ásperas y llegan aun al elogio de las clases medias. Un repaso por la etapa K, especialmente pos conflicto con el campo, nos mostraría un nodo argumental muy alejado del concepto muy burgués y republicano de ciudadano tal como es la idea redentora del líder y las masas. Una visión que enfatizaba en la idea de democracia, más que en los frenos y los contrapesos, la división de poderes de las repúblicas. En lugar del acento de escuchar al ciudadano, la propensión eran largas cadenas nacionales.

No deja de ser alentador que los especialistas en marketing de ese sector hayan aconsejado y su líder haya aceptado hacer un paréntesis en la idea de arquitecta egipcia para pasar a una lógica más ciudadanocéntrica. Si de paralelismo histórico se tratara, más cerca de la antigua Atenas y más lejos del Egipto de los faraones.

La pregunta clave es: ¿El votante del kirchnerismo está interesado en este cambio discursivo? ¿Estas mutaciones en la forma de comunicación suman amplios sectores de nuevos votantes? A primera vista, las respuestas serían básicamente "no" y "no mucho". ¿Entonces a qué se debe? Desde ya, la respuesta lógica es moderar en todo lo posible la existencia de un techo bajo que es la contracara de un piso alto como tiene este sector en provincia de Buenas Aires. También a pescar lo más que se pueda de voto bronca o decepción por la falta de un boom económico. Si bien las estimaciones más serias a nivel internacional y nacional hablan de un crecimiento del PBI del 2,5% al 3% y una baja de la inflación del 40 al 23, muchos bolsillos aún no lo sienten.

En otras palabras, una forma de hacer olvidar dentro de lo que se pueda la lógica del "vamos por todo" y de hegemonía política total durante 20 años o más si se pudiera. Tal como sucedió y sucede en la colapsada provincia de Santa Cruz. Para de esta forma alcanzar los ansiados 35 a 36 puntos que brinden una victoria en la provincia de Buenos Aires y con ello despertar todos los fantasmas de la ingobernabilidad de la Argentina cuando el peronismo no está en el poder. Ello para poner al gobierno de Cambiemos con la única esperanza de terminar el mandato constitucional en diciembre 2019. Con acoso en pinzas entre las variantes de peronismo que tendrán ansias de regresar al control del Estado luego de una pausa del proyecto Cambiemos, en ese momento tambaleante, y las fricciones y las tensiones del PRO con sus aliados internos que buscarán opciones tácticas para tener vida pos erosión de Cambiemos como una alternativa de poder sólida para al menos dos períodos.

Cabe mencionar también que el propio oficialismo ha incorporado ciertos giros y readaptaciones en su guion político electoral. Los estrategas comunicacionales del PRO han tenido siempre como premisa darle un perfil centrista y progresista a Mauricio Macri. Asimismo, hasta la masiva marcha del 1A y la más reciente decisión de asumir que las referencias al pasado y el tema de la corrupción no alcanzaban como combustible electoral con vistas a las próximas elecciones, tampoco se hacía mucha referencia discursiva al tema de mano firme con la inseguridad y el orden, la ley en las calles y las rutas del país.

En otras palabras, tanto el PRO antes, y ahora también, si bien con más matices por necesidades electorales y falta del voto cuota, como los K más recientemente, han optado por centrarse en moderar las fobias y los miedos del electorado y los sectores sociales que usualmente no los han votado. Ambos asumen que tienen un segmento importante de voto fiel que perdona incoherencias discursivas fuertes y que, por lo tanto, lo fundamental es buscar esa media docena de votos adicionales que incline la balanza. Como se ve, el PRO y el kirchnerismo no sólo han pasado a usar iguales escenarios circulares despojados de gigantografías históricas. Si bien por la dudas en provincia los K llevan la foto de Juan D. Perón (que del 2013 al 2015 esperó en vano su monumento y que, cuando finalmente se hizo uno, lo mandó a erigir Macri) y Evita.