¿Bajarán las retenciones a la soja?

Infobae. 25 de septiembre de 2016.

Desde hace setenta años existen en Argentina impuestos ineficientes sobre el sector agroexportador. Las recientes versiones sobre la postergación de la rebaja de retenciones a la soja renueva el debate sobre este tema. Resulta necesario analizar tres cuestiones. ¿Por qué se implementan este tipo de políticas? ¿Por qué persisten tanto tiempo? ¿Qué motiva el incumplimiento de los anuncios de reducción de estos impuestos?

En cuanto a la primera, los Gobiernos sistemáticamente han sido resistentes a la baja del gasto público y privilegiaron los recursos fiscales de fácil recaudación como los impuestos al comercio exterior. Dos temas recurrentes han estado en la agenda pública: el déficit fiscal y la inflación. Con una visión cortoplacista, los impuestos sobre la exportación son una forma simple de manejarlos: incrementan los ingresos fiscales y reducen marginalmente los precios de los alimentos. También debe destacarse la simpatía de muchos gobiernos a desarrollar un sector industrial mediante el proteccionismo. La realidad es que un país pequeño como Argentina no puede "protegerse" efectivamente. Lo que puede hacer es proteger a un sector ineficiente (el sustitutivo de importaciones) y desproteger a otro relativamente más eficiente (el de exportables agrícolas).

La persistencia en el tiempo de estas políticas puede explicarse, en buena parte, por las gigantescas transferencias de rentas que alientan la formación de grupos poderosos en el sector industrial y que pueden bloquear intentos de reforma. Al mismo tiempo, debe notarse que el sector rural de Argentina está formado por miles de productores de gran heterogeneidad y con intereses, a veces, contrapuestos. Un grupo con estas características tiene altos costos de transacción para coordinar acciones y realizar presión política a favor del libre comercio. A los sectores desprotegidos les resulta complejo y costoso comprender y modificar las políticas distorsivas. Finalmente, concentran sus esfuerzos en obtener modestas mejoras, tales como subsidios, créditos o reducciones parciales de impuestos. En el juego político, el Gobierno y la industria protegida han sido más eficientes para imponer sus intereses al sector agroexportador. El sector de exportables agrícolas ha pagado durante años el costo de la protección a través de dos mecanismos: la reducción del precio de sus productos por las retenciones y la suba del precio de sus insumos por los aranceles. Esto desalentó la producción de exportables y determinó una asignación ineficiente de recursos que disminuyó el crecimiento y el bienestar de largo plazo. La pérdida de productividad y eficiencia en todo este proceso ha sido enorme.

Por último, hay que considerar la credibilidad de los anuncios, o lo que en la jerga económica se conoce como la consistencia temporal de las políticas. Es importante distinguir entre la credibilidad del político y la credibilidad de las políticas anunciadas. El presidente Mauricio Macri ganó gran reputación al cumplir la promesa de eliminar buena parte de las retenciones, pero la credibilidad de las políticas tiene que ver con las expectativas de que la reducción adicional de retenciones se llevará a cabo el próximo año. La información disponible sobre gastos y recursos públicos lleva a formar expectativas de que esta política no será realizable, por más reputación o buenas intenciones que tengan los políticos a cargo del Ejecutivo.

Lo que debe tenerse en cuenta, además, es que, dado el nivel de gasto público esperado, la no rebaja de retenciones puede ser la mejor decisión desde el punto de vista del Gobierno. Frente a las decisiones fiscales tomadas luego de realizar la promesa de reducción de retenciones, el Gobierno tiene incentivos para revisar su política. La rebaja inicial de retenciones implicó, si bien con algún costo fiscal, grandes ganancias de reputación. En cambio, las ganancias adicionales de reputación por cumplir el anuncio serían relativamente bajas. Claro que existirá una pérdida por no cumplir pero también habrá beneficios fiscales y protección para algunos sectores. El análisis costo-beneficio y de equilibrio político indica que la reducción de retenciones no resulta hoy una política consistente temporalmente, lo que sugiere que la rebaja no será realizada. Por supuesto que habrá consecuencias económicas, dado que en la producción agropecuaria muchas decisiones son irreversibles y los productores son cuidadosos al momento de actuar. Para la próxima campaña de soja, las decisiones seguramente se tomarán asumiendo que las retenciones no bajarán y esto resultará en menores niveles de inversión, crecimiento y eficiencia global.

Décadas de políticas inconsistentes han dado como resultado una gigantesca destrucción de riqueza potencial en nuestro país. Cambiar no sólo es cuestión de buenas intenciones; deben encontrarse mecanismos para modificar los incentivos y revertir de forma permanente las políticas ineficientes del pasado.