Los dientes de Trump: la nueva estrategia nacional de defensa de Estados Unidos

Infobae. 27 de enero de 2018.

Ahora el orden de amenazas es el siguiente: China, Rusia, Corea del Norte, Irán y el terrorismo. Pensando en el mediano y largo plazo, sin duda el rival estratégico es y será China.

A pocos días de cumplir su primer año de mandato, la administración Trump dio a conocer su primera estrategia de defensa nacional (EDN). El GPS que orientará la política de la Casa Blanca y del Pentágono en los próximos años, así como los pedidos de fondos para el sector de la defensa. El documento comienza con la afirmación de que Estados Unidos está perdiendo la supremacía en tecnología militar y, por ende, es necesaria una potenciación del presupuesto y la inversión. Un blanco sobre negro que entierra la autoconfianza en la supremacía de la potencia unipolar que emergió en 1989, con el colapso del Imperio soviético y la posterior desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

El documento define a China y a Rusia como competidores estratégicos de largo plazo. En la última EDN de la administración Obama, Rusia ocupaba el primer lugar y China, el segundo. Ahora el orden de amenazas es el siguiente: China, Rusia, Corea del Norte, Irán y el terrorismo. Pensando en el mediano y largo plazo, sin duda el rival estratégico es y será China. Rusia tiene un formidable poder militar nuclear y convencional, pero una economía muy dependiente de las exportaciones de gas y petróleo, y un PBI menor al de Brasil. Asimismo, en la última década Estados Unidos se transformó en una superpotencia en materia de petróleo y gas gracias al shale. Por primera vez en décadas ha superado la producción de petróleo tanto de Arabia Saudita como de Rusia.

El documento opta por darle central importancia a la modernización del instrumento militar, tanto en calidad como en cantidad. La necesidad de mejores y nuevas tecnologías va de la mano de cantidades adecuadas de tropas y recursos humanos. Los tres principales escenarios para eventuales conflictos, en orden de importancia, son la zona indo-pacífico (interesante la decisión de hacer referencia a la India, un país democrático, con poder nuclear de uso militar e histórico rival de China), Europa y Medio Oriente. El énfasis está claramente en el conflicto convencional o nuclear con otras potencias; solo hay escasas referencias a operaciones de paz y de estabilización o anti-insurgentes. Una notable diferencia con los documentos de la década del noventa y, en especial, los posteriores al 11 de septiembre de 2001.

También se les asigna un papel preponderante a la capacitación y la educación del personal civil y militar ligado a la defensa nacional, y a una burocracia eficiente y ágil. Lo que pone en claro que Estados Unidos no está condenado a ganar siempre las guerras ni a marcar los tiempos de cuándo empiezan y cuándo terminan. Un toque de modestia y realismo estratégico más de loable.

En las páginas figuran palabras duras y contundentes hacia China, tales como ser impulsora de una política económica depredadora, responsable de la difusión a escala global de una visión autoritaria de gobierno, y la ilegal y riesgosa construcción de islas artificiales en el Pacífico con el objetivo de controlar zonas claves del tránsito marítimo mundial y reservas de recursos naturales. Asimismo, se destaca el papel relevante de ya tradicionales (Japón, Corea del Sur, Taiwán, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Israel, Egipto, Australia, Arabia Saudita) y nuevos (Vietnam, India, Ucrania) aliados para consolidar balances de poder favorables en las principales regiones del mundo.

Un cambio sustancial con respecto al unilateralismo que reflejaban estos documentos en el anterior gobierno republicano encabezado por George W. Bush y su entorno de asesores y funcionarios neoconservadores. Con su idea de misión americana de imponer el modelo de vida propio por las buenas o por las malas en zonas no occidentales o teocráticas como aún es el Medio Oriente. No casualmente estos necons, que dejaron empantanado al gigante americano en la innecesaria invasión a Irak en 2003, que terminó empoderando más a Irán y que fueron incapaces de detener o aletargar el programa nuclear de Corea del Norte, fueron fuertes críticos de la candidatura de Trump y apoyaron a Hillary Clinton.

Finalmente, sobresale un párrafo que da toda la sensación de haber sido puesto en persona y grabado a fuego por el secretario de Defensa de Estados Unidos, el general Mattis: "Debemos ser estratégicamente serios y previsibles, pero operacionalmente impredecibles y contundentes".