Bono a 100 años de plazo. ¿Por qué no a 10.000 años?

La Nación. 2 de julio de 2017.

La decisión del Estado nacional, de tomar deuda por US$ 2750 millones, a 100 años, prometiendo pagar 7,125% anual de interés en dólares, que se convierten en 7,9% anual porque el título fue suscripto debajo del valor par, generó sorpresa, curiosidad, felicitaciones y críticas. ¿Qué cabría decir, más allá de las pasiones?

Al respecto conversé con el norteamericano Jack Lawrence Treynor (1930-2016), uno de los creadores del modelo del precio de los activos de capital (CAPM), desarrollado de manera independiente también por John Virgil Lintner, Jan Mossin y William Forsyth Sharpe. Treynor nunca publicó su trabajo; de haberlo hecho probablemente hubiera ganando el premio Nobel en Economía, como Sharpe. El modelo generó tres ideas principales: un activo que genera interés libre de riesgo, combinado con un portafolio sujeto a riesgo que maximiza la relación premio al riesgo/desvío estándar, domina cualquier otro portafolio sujeto a riesgo; si los inversores son todos iguales, para que el mercado se equilibre los precios de los activos sujetos a riesgo tienen que ajustarse de manera que todos los activos sean mantenidos en las carteras, según las proporciones que surgen de los valores relativos del mercado; y una relación entre el premio por el riesgo y el riesgo sistémico puede derivarse como una condición de primer orden, para que el portafolio del mercado genere el máximo rendimiento con respecto al coeficiente de volatilidad.

-¿Qué es una perpetuidad?

-Un título donde el emisor nunca devuelve el monto que recibió, por lo cual se obliga a pagar intereses hasta el Día del Juicio Final a la noche. En Inglaterra, a mediados del siglo XVIII, se emitieron perpetuidades, denominadas "consol", que significa deuda consolidada. Lo que el inquilino le abona al propietario de un inmueble, puede considerarse una perpetuidad inmobiliaria.

-El Estado nacional acaba de emitir un bono a 100 años. ¿Qué diferencia existe con una perpetuidad, o con un bono a 10.000 años?

-En términos de la cuota que hay que pagar, ínfima. Sin ir tan lejos, ahora que en su país ofrecen créditos hipotecarios a 30 años, a los potenciales deudores les sugeriría que calcularan cuánto se les reduciría la cuota por no cancelarlos a los 15 años. Verán que vale la pena hacer el esfuerzo y cancelar la deuda a menor plazo.

-En números redondos, en el próximo siglo el Estado tendrá que devolver ocho veces el monto que recibió. ¿No es una locura?

-Este cálculo no incluye el hecho de que, en las decisiones humanas, el presente es más valioso que el futuro. Por lo cual hay que sumar el valor presente de los pagos futuros, no el valor nominal. Casi todos los economistas estamos de acuerdo en esto, una de las excepciones fue Frank Plumpton Ramsey. Claro que tampoco tenemos que irnos del otro lado. Ejemplo; quienes descuentan el futuro utilizando una alta tasa, no cuidan el medio ambiente.

-Por los fondos recibidos el Estado nacional prometió pagar, durante un siglo, casi 8% anual en dólares. Parece mucho.

-Entiendo su punto. Por una parte, está la cuestión del destino de los fondos. Las autoridades podrían argumentar que utilizarán dichos fondos para financiar obras públicas muy rentables; pero con el mismo criterio los contribuyentes impositivos podrían preguntar si no es posible hacer algún ajuste fiscal, que posibilite llevar adelante dichas obras, reduciendo los subsidios o revisando algunos gastos públicos manifiestamente extravagantes. Endeudarse al 8% anual en dólares, para financiar un desequilibrio fiscal originado en un fuerte aumento del gasto público corriente, es cuanto menos preocupante.

-¿Por qué, si todos nos felicitan,nos prestan tan caro?

-Se dice que "en el omelet de jamón la gallina participa pero el chancho se involucra". Que autoridades de otros países, o de organismos internacionales, feliciten al actual gobierno de su país, no quiere decir que automáticamente lloverán las inversiones o nos prestarán barato. Quiero creer que tanto el presidente Mauricio Macri, como sus funcionarios, esto lo tienen claro.

-Don Jack, muchas gracias.