El rumbo económico, entre aciertos y contratiempos

La Nación. 5 de junio de 2016.

Macri puede jactarse de haber resuelto con éxito la salida del cepo y el pago a los holdouts.

No hay luna de miel que dure para siempre. A seis meses de haber tomado las riendas de la economía, la administración de Mauricio Macri tiene buenos momentos de los que jactarse, pero también ha sufrido varios contratiempos. El levantamiento del cepo cambiario, la eliminación de las retenciones al agro y a la minería, la baja en los subsidios a los servicios públicos, el ajuste del mínimo no imponible de Ganancias, la cancelación de la deuda con los hold outs, y el rápido posicionamiento de la Argentina en la escena financiera internacional han sido algunos de los principales logro.

"Se avanzó mucho en poco tiempo, arrancando de condiciones económicas muy frágiles", dice Martín Castellano, economista para América latina del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés). "En líneas generales, se aprovechó bien el capital político inicial con el que cuenta todo gobierno cuando asume. El principal desafío, en el corto plazo, es reducir sustancialmente la inflación en un contexto de déficit fiscal alto y de un banco central con instrumentos todavía acotados", resume.

Pero el camino que le toca transitar al Gobierno no es fácil. Y la realidad se está encargando de ponerle limitaciones a un plan económico que, en campaña, parecía armonioso. La devaluación del 40% que se acumula frente al dólar (y que a comienzos de marzo llegó casi al 63%) y el fuerte ajuste de tarifas de servicios públicos (para intentar reducir el déficit de hasta 7 puntos del PBI que se había heredado) tuvo un correlato en los precios que minó rápidamente el humor social y que obligó al Gobierno a dar marcha atrás con algunas de sus iniciativas. El tope que debió admitir al aumento de tarifas fue una de las más evidentes.

Rodrigo Álvarez, socio de la consultora Analytica, cree que en el primer semestre hubo un error en el diagnóstico de la inflación. "El mal manejo tiene que ver con un error de pensar que la economía estaba indexada al dólar paralelo previo al levantamiento del cepo. Y hubo un mal manejo de las expectativas y un mal manejo respecto del ajuste de las tarifas. Nos encontramos con empresarios subiendo precios por demás, pensando en que después iba a ver una negociación con el Gobierno para bajarlos, y un ajuste en las familias, que con salarios viejos, se enfrentaron con nuevos precios sobrecargados, un fuerte aumento de tarifas, y problemas de empleo. Todo esto generó una caída de la actividad más pronunciada de lo que se pensaba", afirma.

Lejos de haberse domado, la inflación se aceleró en el primer semestre y se distanció de las metas oficiales, que preveían un aumento general de precios del 25% para este año. Incluso el Banco Central, al anunciar su Programa Monetario, dijo que espera que el índice de precios se ubique en torno al 34%, aunque con un ritmo de crecimiento a fin de año en torno al 20% anualizado.

El problema, dice Roberto Frenkel, investigador del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes), es que, una vez más, la Argentina se está colocando en una situación en la que, a su juicio, la única manera que tiene de desacelerar la inflación es anclando el tipo de cambio. "Las altas tasas de interés ayudan a mantener un tipo de cambio nominal fijo o cayendo, y termina siendo el único ancla. Ahora también las tarifas. Porque la inflación se comió parte de los ajustes que se hicieron, pero el Gobierno tuvo que tomar el compromiso de que no va a haber nuevos aumentos de las tarifas", explica el profesor de la Universidad de Buenos Aires. "Pero si la inflación empieza a bajar de nuevo a costa de tipo de cambio y tarifas hay problemas: cuando anclás con tipo de cambio, y lo soltás para recuperar la competitividad, vuelve a acelerarse la inflación. Y el año que viene, que es electoral, difícilmente puedan volver a subirse las tarifas. Con lo cual se termina haciendo kiciloffismo [en alusión al ex ministro Axel Kicillof]."

Carlos Rodríguez, rector del Cema, arguye que la debilidad política del Gobierno es lo que le impide, por ahora, atacar de raíz algunos de los desequilibrios macroeconómicos que, tarde o temprano, deberá abordar. "Si quiere hacer un ajuste estructural, el Gobierno todavía no tiene poder, y lamentablemente tiene que ser más populista que los que lo precedieron para ganar espacio en el Congreso en 2017", subraya Rodríguez. De ahí algunos de los anuncios recientes, como la cancelación total de los juicios de los jubilados y la actualización de todos los haberes vigentes.

El ajuste fiscal que se inició con los recortes de subsidios, coinciden los expertos, fue en gran medida, compensado por las medidas que se tomaron luego para mitigar el impacto de la inflación sobre las familias y mejorar el humor social. La mayoría de los economistas cree que no habrá una gran mejora de los números fiscales este año, aunque todavía esperan que el Gobierno pueda cumplir con su meta de terminar 2016 con un déficit primario del 4,8 por ciento.

Lejos de la imagen edulcorada del Gobierno, el segundo semestre se plantea para los privados, tan desafiante como el primero. "Veo que los próximos meses serán mejores, pero a un ritmo más lento de lo que se está diciendo", dice Maximiliano Castillo, de la consultora ACM.