Oportunidades tras el fin del default

La Nación. 7 de mayo de 2016.

Atrás quedó el default. La Argentina ha ingresado nuevamente al mercado financiero mundial y se dirige a la total normalización del comercio exterior. Termina el riesgo de interrupción de la cadena de préstamos de proveedores del exterior a las empresas locales. Pero, a la hora de evaluarla, vale recordar que nuestros antecedentes no ayudan. Si un país ha incurrido en cesación de pagos, su calificación será sustantivamente peor vis a vis a la de un país que no ha tenido tal comportamiento o incluso de moratoria. Aquello de "tu pasado te condena" resulta difícil de superar.

En el ranking de las evaluadoras de riesgo existe una línea imaginaria llamada "umbral de confianza". Aquellos que se ubican por encima tienen una adecuada seguridad para recibir inversiones (investment grade). Y los que están por debajo, se consideran riesgosos y especulativos.

Pese a ello, la realidad revela que el cuadro actual es tremendamente superior al anterior. De ahora en más, los inversores externos -y aún internos- miran hacia el horizonte argentino y, por ello, sujetarán sus decisiones según la evolución de datos duros de la economía, la política y el cuadro institucional. Se trata de índices como el correspondiente a inflación y empleo, al nivel de reservas del Banco Central, al crecimiento económico, la reducción del déficit fiscal y al incremento del saldo de la balanza comercial así como el impacto de la crisis de Brasil.

Acá vale un paréntesis. Fíjese el lector que los datos duros mencionados dependen, en mayor o menor grado, de la producción y la competitividad de la cadena agroindustrial.

De acuerdo con cómo caminen, la Argentina podrá ser recalificado; y avanzar para ascender a la deseada letra "A". De ser así, se abrirán extraordinarias posibilidades de acceso al océano de capitales, especialmente de los fondos de jubilación y pensión del mundo, que tienen tasas de interés reducidas. El panorama no da para descorchar vino espumante pero sí para albergar una interesante expectativa. No es fortuito que, luego de la resolución con los holdouts, los centros de análisis hayan comenzado recomendar el aumento de inversiones en la Argentina.

Esto es un hecho, no es un deseo: antes, la inversión no avanzaba, pues todo era oscuridad; ahora existe una leve luz que, con cautela, permite hacerlo.

Obviamente, el gobierno apunta a que el país obtenga el investment grade lo que provocaría una inyección natural y paulatina de dólares hacia inversiones sustentables que, además de elevar la calidad fiscal del Estado, traería condiciones más flexibles y de menor costo para los créditos, financieros y comerciales. Algunas empresas argentinas también son evaluadas y, según sea la calificación, mejor financiación recibirán del exterior. Con la nueva situación, ellas también quedan mejor paradas.

De esta forma, el flujo de dinero pasa a ejercerse con mayor dinamismo a lo largo de la cadena.

Tal cuadro permitirá el desarrollo de emprendimientos soñados y nunca llevados a cabo de parte de los integrantes del eslabón agrícola y ganadero, además de los restantes eslabones de la cadena agroindustrial, con encadenamientos aguas arriba y aguas abajo. Éste no es sólo un desafío que debe asumir la cadena para sí; es también condición imprescindible para que el país emerja.

En cuanto a lo inmediato, el Banco Central parece dispuesto a bajar las tasas, sobre todo si los niveles de inflación descienden.

Es muy probable que tal acción se visualice con claridad una vez que el gobierno finalice el pago de los compromisos asumidos en el mercado futuro del dólar, es decir el 30 de junio próximo. ¿La razón? No quiere que el dólar suba a consecuencia de la baja de las tasas. En suma, el segundo semestre se presenta más favorable para la inversión con el costo del dinero en baja.