Hay una solución para el enredo de las tarifas

La Nación. 11 de septiembre de 2016.

Es necesario generar un sector energético que sea competitivo.

Costos, precios y tarifas energéticas divergen notablemente y se compensan con una maraña de subsidios. El Estado define precios a productores y más de mil diferentes tarifas a los consumidores, creando todo tipo de asimetrías y malos incentivos. Es un verdadero enredo, pero tiene una solución: generar un sistema competitivo.

Hay audiencias públicas cuando hay monopolios, siendo el Estado el que fija los precios. Si, en cambio, lográramos la brutal competencia internacional, los costos -para todas las partes- tendrían que alinearse.

No es novedad que fijar precios no ayuda. A pesar de que desde 2015 rige un precio "sostén" para el crudo por el que pagamos 60% más que el precio internacional, seguimos cayendo en producción.

Mientras los precios internacionales fueron altos, nuestras empresas vendieron a precios congelados. Ahora es a la inversa. ¿Qué política de inversiones puede sostenerse de esa manera?

También para el gas se fijan precios diferentes según dónde, quién y cómo se compra. Evitemos suspicacias y que no sea el Estado el único importador. Claro que si luego ese gas deberá ser entregado a precio vil a los consumidores, ningún actor privado lo intentará. Es cierto que las empresas productoras de gas padecieron una situación ridícula durante 10 años. Hoy tienen precios mayores y, aun así, muchos productores enfrentan problemas porque sus costos son también mayores a los internacionales. Por otra parte, los grandes usuarios recibieron un gas muy barato que no resultó suficiente para que fueran competitivos en una economía global.

Para los usuarios residenciales las tarifas de electricidad y gas son bajísimas, en el marco de cualquier criterio. El Estado obliga a todo el sector a regalar el servicio a algunos consumidores, pero no a todos. Hay todo tipo de asimetrías. De ahí viene que el Estado cubra los costos de las empresas que compran caro lo que tienen que vender barato. El Estado es jugador y árbitro, y además, es el que paga.

El error de este Gobierno ha sido mantener este laberinto regulatorio que ha costado más de 100.000 millones de dólares en una década, y sigue creciendo. Asimismo, es absurdo pagar entre todos con impuestos en lugar de pagar cada usuario su tarifa. ¡No hay incentivos a la eficiencia! Derrochamos lo que no tenemos.

Las audiencias públicas que se harán en los próximos días por el precio de las tarifas no podrán resolver el problema de lograr simultáneamente un precio que incentive inversiones, que sea razonable para los usuarios, que genere eficiencias y ahorros energéticos y -aspecto muy importante- que el Estado no deba financiar. Sólo un sistema de competencia logrará esos objetivos.