El sistema monetario necesita un ajuste

La Nación. 28 de mayo de 2017.

Somos un país raro: vivimos con dos noticias sobre el dólar. Una dice que los argentinos están adquiriendo dólares a tasas crecientes y poco vistas. La otra, que los bancos no saben qué hacer con tanta liquidez en dólares y que nadie quiere tomar prestado. Esto es un claro reflejo de la existencia de incertidumbre sobre el futuro valor de cambio entre ambas monedas.

Cuando hay incertidumbre sobre el precio relativo entre dos monedas, la más débil es la que se lleva el costo, y esa es el peso (eso creo yo, hay gente en el Gobierno que piensa lo contrario). Por eso la gente quiere tener activos en dólares y no desea deudas en esa moneda.

Si el proceso continúa, los depositantes cambiarán el resto de sus depósitos en pesos por depósitos en dólares. Los bancos seguirán teniendo dólares en sus activos, que nadie quiere tomar prestados, y habrán cambiado sus pasivos en pesos por pasivos en dólares. Los bancos venderán sus dólares al Banco Central (BCRA) y éste les dará pesos para comprar sus Lebac.

Para resumir: el sistema bancario tendrá pasivos en dólares y activos en títulos del BCRA en pesos (Lebac).

Este proceso lleva a que las tenencias de activos en pesos del sector privado sean cada vez más irrelevantes y el stock de Lebac, siempre creciente, cada vez más importante. En pocas palabras, la economía se está dolarizando, pero mal.

El público tiene ahora muchos activos en dólares, pocas deudas en pesos y muchas transacciones en pesos. El Gobierno tiene muchas deudas en pesos (Lebac y Pases y Base) y pocos activos líquidos en dólares. En jerga financiera, yo diría que el sistema está descalzado.

Estamos en un sistema bimonetario a medias y descalzado. Una devaluación, que casi todos esperan, produciría un caos en el sistema de pagos y enormes distribuciones de ingresos.

Pero cuidado: casi todas las paritarias que se están negociando incluyen cláusulas gatillo en caso de imprevistos. Y la tasa de interés, con la que el BCRA pretende manejar la política monetaria, frente a una crisis devaluatoria en un sistema dolarizado no sirve de ancla: el sistema, además de estar descalzado, carece de numerario.

Aparte de una situación fiscal insostenible, la existencia de un sistema financiero descalzado y potencialmente sin numerario, que sólo sirve para financiar a un Estado quebrado desde un Banco Central también quebrado, con los ahorros en dólares de una población que no quiere pesos, es un problema cuyo análisis debería ser prioritario dentro del amplio proceso de ajuste que nos espera. No queremos ni debemos repetir la experiencia de 2001/2.