Estadísticas: el gran ausente de la producción agropecuaria

La Nación. 30 de julio de 2016.

A diferencia de los que ocurre en Estados Unidos, el país carece de un sistema de datos confiable.

El Sistema de Información Agropecuaria y Rural (SIAR) con que cuenta nuestro país es más rudimentario que el que existía a fines del Siglo XIX en los Estados Unidos. En efecto, el Censo Agropecuario de este país se realizó cada diez años entre 1840 y 1920, y en forma quinquenal a partir de ese momento. Ni la Guerra de la Secesión (con sus 650.000 muertos), ni las dos grandes Guerras Mundiales interrumpieron la práctica censal. En Estados Unidos existe, por lo tanto, una formidable base de datos que permite analizar hasta los menores cambios ocurridos en la agricultura y desarrollo regional del país.

Pero lo destacable del caso estadounidense no es sólo su notable periodicidad. En efecto, el censo focaliza atención tanto en aspectos productivos básicos como también en aquellos que permiten comprender la dinámica de los mercados laborales rurales, los determinantes de adopción de tecnología, la eficiencia, la sustentabilidad y otros aspectos.

El contraste con la situación existente en nuestro país no puede ser más deprimente. Los censos se han llevado a cabo aquí en forma esporádica. Pero además la metodología de los mismos impide comparaciones confiables entre períodos. Por último, aspectos críticos que son necesarios para conocer la agroeconomía han sido ignorados, incluyéndose, en cambio, en los formularios censales mucha información que en el mejor de los casos es de dudosa utilidad. La absoluta mediocridad de la información censal obedece no sólo a inestabilidad política sino más fundamentalmente a la debilidad de programas sostenidos en el tiempo de investigación agroeconómica.

Existen importantes "fallas de mercado" asociadas a la generación de estadísticas agrícolas. La naturaleza propia de las estadísticas (no rivalidad en consumo y reducidas o nulas posibilidades de exclusión) implican que en general no resulta rentable para una empresa privada abocarse a su producción y venta. Las únicas estadísticas que pueden ser "vendidas" son las relativas a condiciones productivas de un predio particular, y no a regiones o zonas productivas. Y aún así la venta por parte de la organización privada se sustenta en general en desarrollos que de una u otra forma han sido financiados con fondos públicos. Este es el caso, por ejemplo, de la recientemente creada Frontec SA, la sociedad entre Los Grobo e Invap.

Los datos censales a los cuales se hizo referencia al comienzo de esta nota son sólo una parte de un SIAR. En efecto, en la mayor parte de los países desarrollados encuestas periódicas (en general anuales) complementan la información censal producida cada 5 o 10 años. Estas encuestas mejoran la calidad decisoria (menor margen de error) de productores, acopiadores, industriales y exportadores. En forma similar, un sistema de seguro agrícola paramétrico ("seguros índice") requiere para su implementación de un sistema confiable de predicción de producción.

Tampoco existe en la Argentina información confiable sobre uso de insumos a nivel región, de niveles de inversión o de la dinámica de uso del factor trabajo en distintas regiones y producciones. Los pocos estudios que han sido realizados sobre eficiencia productiva, adopción de tecnología, formas contractuales y otros aspectos, se han basado en información recabada por grupos privados como los CREA, Aapresid y en algún caso las cooperativas. Estos grupos, en muchos casos, han hecho posibles investigaciones llevadas a cabo en el Ifeva (Fauba), la Universidad del CEMA y otras instituciones.

Lo que sorprende del caso argentino es que pese a los 400-500 millones de dólares anuales canalizados desde hace años hacia instituciones estatales con mandato agropecuario, la situación en materia estadística resulta muy pobre. Como señala una nota reciente de la nacion, la Argentina deberá revertir esta situación si pretende avanzar en su negociación para eventual ingreso en la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Pero, más allá de cumplir con requerimientos impuestos desde afuera, lo importante es reconocer la relevancia que un SIAR tiene para el desarrollo agropecuario y rural del país.