Casi nada cambió en la política monetaria

La Nación. 31 de julio de 2016.

La manera en que el Gobierno maneja el tema divide las aguas.

En los últimos meses las aguas se han dividido en torno de la evaluación de la política monetaria del Banco Central. La hipótesis sostenida por el Gobierno y un grupo economistas afirma que mediante el control de la base y la suba de la tasa de interés se genera iliquidez en el mercado, presionando una tendencia a la disminución en la tasa de inflación.

Dentro de esta postura, la aceleración inflacionaria del primer semestre respondería a que los precios reaccionan con cierta inercia frente a la desaceleración monetaria. La inflación resultante es el producto de las acciones de política monetaria del anterior gobierno.

Mirando los datos, vemos que en términos interanuales la base monetaria sólo ha crecido un 25% entre mayo de 2015 y el mismo mes de este año, mientras que los precios han crecido 39,4% (según el índice elaborado por la Ucema).

Quienes estamos en disidencia con esto sostenemos que la política monetaria del Gobierno no es más que cosmética monetaria; casi nada ha cambiado desde que cambió el gobierno.

Tomando como base la literatura sobre credibilidad, reglas y expectativas racionales es falso suponer que la inercia registrada en el pasado con los precios se repetirá en el futuro. Según la hipótesis de las expectativas racionales, los agentes económicos reaccionan incorporando la información relevante para determinar cómo responder frente cambios en la política monetaria o fiscal.

Utilizando datos publicados por el Banco Central es posible encontrar algunos números que nos pueden dar un panorama claro de que, en realidad, nada o casi nada ha evolucionado con el cambio de administración.

Si bien es cierto que la base monetaria se ha desacelerado, también es cierto que el financiamiento monetario se ha sustituido por otros pasivos remunerados, que dada la corta madurez del instrumento actúan como moneda al fin. Quienes recordamos la década del 80 sabemos que la hiperinflación de 1989 no fue el producto de una expansión de la base monetaria, sino de los pasivos monetarios totales.

Si a la base monetaria le sumamos los títulos emitidos por el BCRA encontramos que las tasas interanuales se ubican en torno del 45%, y casi igualan a las registradas durante el primer semestre de 2015. Con agentes racionales, sistematizar una política implica obtener peores resultados en cada intento. Esto, sin duda, convalida una tasa de inflación igual o levemente superior al 40 por ciento.

Luego de años de oscuridad monetaria, donde se reinventaron instrumentos año tras año, el perseverar con los mismos procedimientos, en economía, significa obtener peores resultados.