Debate: Mercosur, ¿sí o no?

La voz del Interior. 16 de agosto de 2016.

El bloque económico y estratégico que la Argentina ha formado con Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela, ¿es conveniente en este momento? ¿Hay que profundizarlo o buscar nuevos socios en el mundo?

Clave para la inserción de la Argentina en el mundo.

Florencia Rubiolo, doctora en Relaciones Internacionales

Hoy, 25 años después de su fundación, continuamos discutiendo si el Mercosur es o no el área natural de integración regional de la Argentina. Sorprende aún más que todavía debatamos si debemos continuar apostando a este proceso, cuando lo que deberíamos estar debatiendo son las estrategias para profundizarlo.

El desafío de la convergencia en la toma de decisiones no es sencillo. Menos en el interior de un grupo de estados con amplias asimetrías económicas, a las que se agregan las diferencias culturales y políticas. No obstante, preconizar el fin del Mercosur o el ocaso de la integración regional, por diferendos en orientaciones ideológicas, no parece el presagio más acertado.

El debate sobre el Mercosur debe considerar el escenario internacional, caracterizado por la distribución asimétrica de capacidades económicas y estratégicas y, al mismo tiempo, las estructuras productivas de los países del bloque regional.

En ese sentido, el Mercosur constituye el espacio neurálgico de la inserción argentina. Este espacio es el principal destino global de las exportaciones de manufacturas industriales nacionales, lo que permite balancear la primarización de las exportaciones hacia mercados principalmente asiáticos.

La asociación estratégica argentino-brasileña es el eje de esta dinámica comercial, concretada fundamentalmente a través de la política automotriz común. Esta política ha permitido potenciar los intercambios recíprocos en el rubro, desde 2008, fortaleciendo al Mercosur como polo de producción automotriz.

El reciente acuerdo alcanzado por Brasil y Argentina en este campo –que se extiende hasta 2020– permite pensar en una voluntad recíproca de continuar los compromisos asumidos, basándose en una interdependencia económica-comercial que en el mediano plazo pueda proyectarse al resto de la región.

Ante este contexto productivo, un acuerdo de libre comercio al estilo de los firmados por nuestros vecinos del Pacífico con potencias económicas debería observarse con recelo. Más aún en un momento en el que la Alianza del Pacífico no ha concretado compromisos comerciales y el Acuerdo Transpacífico no ha logrado ni la aprobación del Congreso estadounidense ni el apoyo de los principales contendientes a la presidencia de ese país.

En concreto, el bloque regional tiene múltiples desafíos por delante que van desde la integración y adaptación de los nuevos miembros, hasta la articulación de intereses nacionales y distribución de las ganancias internas.

No obstante, el Mercosur continúa presentándose para la Argentina como la mejor alternativa de integración dentro de una estrategia de inserción externa que se articule con un proceso nacional de desarrollo económico-industrial y social.

Los clichés de la crisis

Sybil Rhodes, directora de la Maestría en Estudios Internacionales, Ucema

Hay consenso en que el Mercosur está en crisis. Puntualmente, Venezuela no ha respetado las reglas económicas y comerciales a las que se había comprometido en el momento en que ingresó en el bloque.

El país caribeño debe mucho dinero a las empresas argentinas y brasileñas. Hay problemas económicos y cambios políticos que hacen que algunos países miembro, incluida Argentina, estén repensando su relación con el bloque.

La buena noticia es que cada crisis trae oportunidades. Sin embargo, para aprovecharlas sería bueno tener en cuenta otro cliché: el de no tirar las frutas con las postas.

¿Cuáles son las frutas, o sea, las ventajas del Mercosur?

La más importante es la representación institucional del compromiso con una integración profunda, actitud que desde los tratados previos firmados por Argentina y Brasil en la década de 1980 marca una clara diferencia con un pasado inestable en la relación entre ambos. Vemos esto en las actitudes de los jóvenes, quienes consideran que la paz y la movilidad internacional es algo natural, una especie de derecho adquirido.

En términos económicos, si bien no se han logrado todos los objetivos originalmente planteados (como la coordinación de políticas sectoriales, fiscales y monetarias), hay que reconocer que el Mercosur ha tenido unos resultados importantes. Por ejemplo, dentro del bloque, las tasas arancelarias han bajado.

Para la Argentina, los países del Mercosur representan la cuarta parte de las importaciones y las exportaciones.

Sin embargo, es necesarios insistir en que la crisis político-económica en Venezuela es muy grave, y tiene aspectos que quizás habrá que tratar en otros foros.

Pero dentro del Mercosur, una “posta” sería la falta de consecuencias para países que no cumplen con las obligaciones técnicas.

Otra podría ser la falta de flexibilidad para los que quieren hacer acuerdos fuera del bloque. Parece que hay casi un consenso sobre la necesidad de buscar alguna convergencia con la Alianza del Pacífico.

Se podría lograr, sin abandonar abruptamente los logros genuinos del Mercosur.

Resulta instructivo ver algunas comparaciones internacionales. Una reciente sería el voto en Reino Unido para irse de la Unión Europea.

El día después hubo entre muchos un gran sentido de arrepentimiento. Los que votaron por el “sí” se dieron cuenta de que los resultados no serían los que ellos querían.

Otro ejemplo serían las Naciones Unidas. A pesar de todos sus problemas siempre se dice que si no existiera habría que reinventarla.

El Mercosur es igual.