Generar trabajo en lugar de impedir despidos

El punto de equilibrio. 2 de junio de 2016.

Acabamos de tener una ola de discusiones sobre Ley AntiDespidos. Todos los comentarios y la propia ley fueron paupérrimos y no se enfocaron en el verdadero objetivo: crear empleo.

Hubo chistes como “ya que estamos prohibamos que el dulce de leche engorde”. La discusión ha sido propia de viejas chismosas: que si Massa hizo bien o mal en presentar su ley, que si el veto, que si el quórum, que qué pensarán los inversores. También se habló de “fragilidad” laboral, de huelgas, de impericia política. Y poco se habló de los que quieren contratar gente o de los que quieren conseguir empleo.

La ley estaba concebida para los que ya participan del mercado de trabajo formal. Mantiene las relaciones actuales, sin considerar los cambios que pueda haber: desde la demanda del producto que se fabrica a cambios tecnológicos. Tampoco considera que hay una relación muy asimétrica entre el empresario y el trabajador. Sabemos que a mayor riesgo, se espera mejor retorno. Lo opuesto es que a menor riesgo, menor retorno. Y si sólo los empresarios corren riesgos, entonces su ganancia debiera ser extraordinaria. Y los que tienen trabajo asegurado pase lo que pase, tendrán un correspondiente salario bajo. ¿Es eso lo que queremos? Y peor, ¿qué será de los que aún no tienen trabajo?

El tema tiene muchas aristas, incluyendo temas sociales y morales. Mencionaré sólo algunos temas económicos. Recordemos que la economía tiene como objetivo obtener el pleno empleo en un contexto de crecimiento, considerando que hay recursos escasos. Perdón por la definición, pero es importante: los economistas estamos de acuerdo en los objetivos, sólo hay diferencias en el mejor método de cómo alcanzarlos.

El despido es una consecuencia de algún problema, y es ese problema el que debe solucionarse. De lo contrario, el problema sigue latente y, a lo sumo, se maquillan sus efectos.

Sabemos que al empresario no le conviene ni gusta despedir. Es difícil y muy costoso atraer, entrenar y retener a buenos empleados. Los despidos (salvo mal desempeño de alguien, por supuesto), sólo se hacen cuando la supervivencia de la empresa corre peligro. Puede haber menores ventas, mayores costos, mayor competencia, todo tipo de razones. Y las soluciones a esos problemas son variadas, siendo los despidos probablemente las últimas en ser consideradas. Por lo tanto, no es un problema repentino. En un mercado tan rígido como el argentino, es extremadamente ineficaz agregar una rigidez aún mayor, al impedir la movilidad. Pensémoslo desde el punto de vista del empleado: si encuentra otro trabajo mejor, no lo acepta, ya que perdería el “derecho” a la indemnización donde está ahora.

Al mismo tiempo, la baja rentabilidad es un problema sólo si se piensa que seguirá siendo baja. Es decir, los despidos indicarían que no hay expectativas de mejoras. Tuvimos un bajo nivel de actividad económica durante los últimos cuatro años, y la recuperación no será inmediata.

No es cierto que quien reciba una elevada indemnización está protegido, ya que él y todos los que busquen trabajo tendrán menos posibilidades de encontrarlo: con un costo laboral mayor, menor demanda de empleo habrá.

Si el lector llegó hasta aquí, espero no ofenderlo con dos recordatorios odiosos: tener empleo (y sueldo) no quiere decir que se esté haciendo algo productivo. Y tener empleados no quiere decir que la empresa deba recibir un trato diferencial para subsistir.

Asimismo, pareciera que hay “castas” en Argentina. Los empleados públicos tienen un conjunto de regulaciones propias. Gozan de estabilidad laboral aunque en muchos casos los salarios son bajos, pero en otros son extremadamente altos. Para la economía en su conjunto los empleados públicos reciben un promedio de salarios mayor que los empleados del sector privado. Al mismo tiempo, los salarios de empleados públicos sólo pueden ser pagados con impuestos que pagamos entre todos. Cuanto mayor sean esos salarios, más altos han de ser los impuestos.

Otro tema importante es que Argentina tiene un mercado DUAL: algunas personas trabajan en el sector formal, lo que implica beneficios e impuestos. Y hay gente que trabaja en el sector informal, que no paga impuestos laborales y tampoco tiene beneficios. Estos trabajos se consideran despectivamente. Sin embargo, la acción de los sindicatos protege sólo los empleos y salarios de los que ya tienen empleo, con métodos que hacen más difícil que otras personas logren un empleo.

En los últimos años los beneficios se han reducido y los impuestos aumentado. Las jubilaciones son muy bajas y de valores generalmente alejados de lo que fuera el salario del trabajador. Al mismo tiempo, los impuestos al trabajo han aumentado. Considerando los costos para empleado y empleador, superan el 60% del salario neto, sin considerar impuesto a las ganancias. ¿Es lógico este valor? ¿Para obtener qué beneficios?

Dado este nivel impositivo el único incentivo para estar en el mercado formal para un empleado es –justamente- la indemnización. Pero como es un costo para las empresas, redunda en mayores precios; es decir, ¡menor poder de compra para todos! Entre todos pagamos un potencial despido, y –eventualmente- se protege sólo a unos pocos.

¿Cómo evitar entonces los despidos? O mejor, ¿cómo crear empleo? Obviamente, la solución universal es mejorar la actividad económica. Pero, aunque se logre, no todos los sectores se moverán al mismo ritmo.

Es necesario que la gente no sea esclava de su empleo, ni la empresa rehén de sus empleados. Hay muchas sugerencias, como facilitar la movilidad dentro de la empresa, con cambios de horarios, entrenamiento, trabajo en equipo, etc. También incentivar el primer empleo, modificar los impuestos laborales (aún cuando se mantuviera el elevado nivel actual) para que los beneficios recaigan en forma más directa; convertir los subsidios al desempleo en parte del salario, reducir la siniestralidad y litigiosidad, reinventar la “antigüedad”, etc.

La lista es grande y la posibilidad de mejorar es inmensa. ¿Qué estamos esperando? Deseo que estos temas entren en el Congreso.