La desinflación es parte de un nuevo relato

República económica. 11 de diciembre de 2017.

El Gobierno de Mauricio Macri enfrenta serias dificultades para poder controlar el proceso de desinflación que ha prometido. Pareciera que las buenas intenciones chocan con dificultades que escapan a sus deseos.

La política elegida para hacer converger a la inflación hacia una tasa sistemáticamente inferior se basa en la utilización de la tasa de interés como instrumento de política monetaria. La creencia de que el manejo de la tasa de Lebac y Pases sería una herramienta poderosa para liderar un programa de desinflación constituye un grave error técnico de quienes manejan el Banco Central. Dado que este tipo de programas de estabilización solo son efectivos en contextos de alta credibilidad, es decir en escenarios que muestren consistencia fiscal y monetaria.

En este punto es donde el Gobierno se creyó su propio relato al afirmar que el sólo cambio de autoridades garantizaba la aparición de credibilidad. La literatura de credibilidad es muy amplia en teoría monetaria y sostiene que su determinación no descansa ni en la construcción de castillos en el aire ni en los deseos de los gobernantes.

El anuncio de Nicolás Maduro de crear una nueva criptomoneda es un ejemplo del mesianismo extremo de los gobiernos y no escapa a la visión sostenida por muchos, en Argentina, de que el “equipo económico” era el mejor de la historia. Maduro cree que con el sólo anuncio de su moneda virtual estabilizará la economía de Venezuela. El gobierno de Macri, a través del Presidente del Banco Central, cayó en una trampa similar creyendo poder estabilizar en forma permanente, solo por la potencia que un anuncio y un deseo, pudieran imprimir en la generación de expectativas.

La construcción de credibilidad se basa en la emisión de señales claras sobre coordinación de política monetaria y fiscal que el gobierno no sólo no da, sino que por el contrario se encarga de ensuciar con medidas contradictorias.

La asunción del nuevo gobierno no ha reducido en forma significativa el desequilibrio fiscal pese a haber aumentado sus ingresos por el reajuste tarifario y por el blanqueo impositivo. El gasto no ha bajado sustancialmente. Los niveles de endeudamiento han crecido en forma descomunal y el pago de intereses ya comienza a deteriorar a las cuentas fiscales.

Con todo esto la tasa de expansión monetaria se ubica en torno al 28% anual y el crecimiento de la economía parece haberse desacelerado. El mantenimiento de tasas de interés reales muy altas por parte de la Autoridad Monetaria conspira contra la recuperación económica y podría complicar el escenario de déficit cuasifiscal en los próximos meses.

La política monetaria implementada por el Banco Central no ha podido domar a la inflación puesto que considerar la tasa esperada para 2017, que llegaría al 23%, como un logro es olvidar que durante 2016, la misma alcanzó el 36% anual. En otras palabras el gobierno anuncia una reducción de la tasa de inflación luego de que casi la duplicara durante el primer año de gestión. Es más, el promedio de inflación desde el año 2007 a 2017 alcanza la tasa de 25,6% en tanto que la inflación de los dos gobiernos de Cristina Fernández De Kirchner alcanzan un 24.6%. Lo que deja en evidencia la pobreza de los resultados obtenidos.

Es imperioso que el Banco Central abandone la meta de inflación tal como está definida actualmente y convalide una inflación mayor consistente con el desequilibrio fiscal actual. De bajar abruptamente las tasas de Lebac corre el riesgo de una corrida por lo que debería ser cuidadoso en el proceso de disminución de la tasa de interés permitiendo que el dólar crezca a tasas levemente superiores a la tasa de inflación.

De no cambiar el rumbo de la política monetaria aumentarán las probabilidades de que la situación se salga de control y paguemos costos no deseados.