El desafío de los agronegocios

Revista AAPRESID. Octubre de 2016.

Un análisis sobre los agronegocios en Argentina exige mirar hacia adentro, pero también hacia el mundo. Sobre el primer punto, Manuel Alvarado Ledesma -director de Consultoría Agroeconómica (CAE) y profesor de la Maestría en Agronegocios de la Universidad del CEMA-, señala que la actual política económica hoy despierta menos inquietud en la sociedad, por ser más amigable con la actividad agropecuaria. “Una economía que decide volver a ser de mercado, tal como opera el resto del mundo, lleva a considerar a las ventajas comparativas y competitivas provenientes de la cadena agroindustrial como tales”, afirma Ledesma. Según sostiene el especialista, esto sucede en un marco duramente restrictivo como consecuencia de la grave problemática energética y la incierta contracción económica de Brasil.

La situación de la balanza de pagos y de caja fiscal, asegura para el futuro una franca y fluida relación del gobierno con el sector. En definitiva, más del 60% de las exportaciones proviene del sector agroindustrial.

Para Alvarado Ledesma, todo indica que el Gobierno tratará de disminuir el llamado “costo argentino”, que es la mejor forma de elevar la competitividad externa de la economía pero con resultados a mediano plazo. “Un claro ejemplo se observa en la reciente reducción de los costos portuarios y la disminución de corruptelas. Sigue pendiente, sin embargo, la reactivación de la red ferroviaria”, advierte.

En este contexto, la cadena agroindustrial podrá elevar la rentabilidad de sus diferentes eslabones por la vía de los egresos. Seguramente los más beneficiados con la reducción del “costo argentino” serán los eslabones más alejados del consumidor final. Sobre la política monetaria, el consultor especializado en temas agroeconómicos, señala que es lógico aguardar una tasa de depreciación de la moneda argentina que evolucione por encima del coeficiente de inflación: “El escenario más probable se puede vislumbrar en un futuro inmediato con inflación decreciente, algo que marcan las expectativas. Según la Universidad Torcuato Di Tella, éstas bajaron al 20% anual. Por su parte, el Banco Central continúa recortando la tasa de referencian -hoy cerca del 25%- a fin de incentivar la reactivación económica. Ello llevaría a una revaluación real del dólar con su consiguiente mejora en los ingresos de la cadena”.

El nuevo y actual régimen cambiario es de flotación administrada, con intervenciones del Banco Central para reducir la volatilidad de la moneda. “El régimen debe actuar contrario a la tendencia de apreciación del peso por el potencial ingreso externo de inversiones, y así permitir un tipo de cambio que aliente la competitividad”, afirma.
Los sectores que podrán traccionar con mayor velocidad la actividad económica son el agro y la construcción. “Al primero, el Gobierno le soltó el cabestro, fundamentalmente con la reducción de los derechos de exportación, la eliminación de los distorsivos ROE ́s y la depreciación del peso. Mientras que la construcción comenzó a reaccionar con la obra pública ya en marcha y también la privada”, sostiene.

En cuanto a la mirada al mundo, la pregunta crucial es: ¿qué puede pasar con la demanda externa? Evidentemente, esta demanda tiene que ver con las políticas de los demás países y sus condicionantes.

Un elemento que alienta o desalienta las exportaciones de la cadena agroindustrial, y sobre todo de los commodities agrícolas, es lo que sucede con tasa de referencia de Estados Unidos, asegura Alvarado Ledesma. En diciembre del 2015, la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) subió la tasa de interés por primera vez en casi 10 años. Los fondos de inversión e inversores se vieron tentados a canalizar su liquidez hacia papeles financieros en detrimento de los commodities. Así, los precios de los commodities como los granos, quedaron sometidos a una nueva presión bajista.

Está comprobado que existe una correlación negativa entre el precio internacional de los granos y la tasa de interés de referencia. Por ejemplo, en el período 1978-1982 cuando la tasa estaba en las alturas y en un promedio aproximado del 14% anual, el precio internacional de la oleaginosa se ubicaba en niveles muy bajos. Se ubicaba cerca de un nivel de u$s200 por tonelada, FOB, Chicago. En cambio, a partir de 2008, cuando quedó en tan sólo el 0,25% anual, el precio creció vertiginosamente. Entonces, ¿cuál es la buena noticia? “La noticia es que por un buen tiempo la FED no prevé subir la tasa de referencia. Y, si lo hiciera, lo hará en muy baja proporción”, destaca. Otro elemento a tener en cuenta es el fenómeno de la economía de los países emergentes, cuya tasa de crecimiento es visiblemente superior a las del resto.

A pesar de que hubo cierta reducción, la población continúa demandando más alimentos. “Analicemos el caso de China: mientras el área sembrada sigue en caída, el consumo de granos continúa creciendo en forma significativa. Para el nuevo ciclo, se aguarda una nueva reducción en la superficie destinada a granos. Al observar la evolución
de los volúmenes producidos en los últimos años, se advierte que la producción está estancada
no sólo en granos forrajeros, sino también en arroz y oleaginosas”, cita.

Siguiendo con el análisis, el espe
cialista señala que en el último quinquenio, el consumo interno chino aumentó un 10%, lo que significa cerca de 55 M tn. Por ejemplo, la demanda de soja que actualmente se ubica en casi 90 M tn, cinco años atrás apenas se aproximaba a 64 M tn. Según la Administración General de Aduanas de China, durante los primeros ocho meses de este año, las importaciones de soja subieron más del 3% respecto al mismo período del año pasado. “Es un indicador, ¿no?”, observa Alvarado Ledesma. Para cerrar, el consultor especializado resume: “Desde el punto de vista interno, las perspectivas resultan claramente favorables. Mientras que desde el plano externo, son relativamente convenientes”.