El ministro de Hacienda tiene incentivos a no cumplir con la meta de inflación anunciada

Por Mariano Fernández, profesor de Economía e Investigador del Centro de Economía Aplicada, UCEMA.

l anuncio del 13 de enero pasado realizado por el ministro de Hacienda Alfonso Prat Gay fue un golpe duro a quienes creíamos que la racionalidad iba a ser el paradigma del nuevo gobierno.

Más allá de la discusión, sin demasiado sentido, entre gradualismo y shock, dejada de lado en gran parte por la literatura sobre planes de estabilización de los últimos años, queda claro que gradualismo o shock sin medidas fiscales y monetarias consistentes, con un sendero de inflación declinante, son en realidad un recipiente vacío de contenido.
Hasta el momento, es decir, a cuatro meses del cambio de gobierno y desaprovechando la euforia inicial por el triunfo, el Gobierno no ha presentado un plan consistente que permita vislumbrar un sendero de inflación declinante.

La falta de visión de equilibrio general ha llevado al Gobierno, seguramente con buenas intenciones, a eliminar las retenciones reduciendo las de la soja, a proponer una suba discutible del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias y a la liberación del cepo cambiario sin considerar que este desfinanciamiento del Estado debería haber tenido como contrapartida una sensible reducción en el gasto.

Dentro de este contexto, la credibilidad de la meta de inflación del 25% para 2016 se comienza a desdibujar, generando incertidumbre entre los agentes económicos que no ven consistencia en las acciones aisladas de un Gobierno que todavía no ha tomado un rumbo claro en materia fiscal y monetaria. La consecuencia de mediano plazo de esto es la parálisis en los proyectos de inversión y la expectativa de que la meta no podrá ser cumplida, por lo que la inflación esperada sube. A esto debemos sumarle que desde diciembre a la fecha los precios han crecido en términos acumulados alrededor de un 11%, lo que significa que ya hemos alcanzado el 44% de la meta de máxima, proyectada por el Gobierno para un año.

Dado que los agentes son racionales (individuos, comerciantes, sindicalistas, empresarios y todos en general), la inflación que se deduce de este escenario de inconsistencias por parte del Gobierno nos lleva a que el sector privado descuente que la tasa de inflación para 2016 se ubicará por encima de la meta, de no mediar cambios sustanciales y rápidos en materia fiscal.

Con este escenario probable, utilizando teoría de los juegos, es posible inferir que existirían incentivos para que el Gobierno no haga demasiados esfuerzos en cumplir la meta1. Veamos el ejercicio.

Consideraré a la curva de oferta propuesta por R. Lucas2, quien sostenía que cuando la inflación esperada supera a la inflación efectiva se atraviesa por un período recesivo y, por el contrario, cuando la inflación efectiva supera a la expectativa de inflación la economía crece transitoriamente por encima del equilibrio, generando una espiral inflacionaria en el futuro, bajando el salario real.

Dado este marco de análisis, el ministro de Hacienda se enfrenta a dos posibles cursos de acción o estrategias:
a) Sostener la meta de inflación al 25% anual, asumiendo que el sector privado le cree y acepta dicha meta (escenario de baja probabilidad) o asumiendo que el sector privado descuenta que el Gobierno no podrá cumplir la meta y, finalmente, la inflación será >25%, provocando una profunda recesión en la economía.

b) Abandonar la meta de inflación y convalidar un incremento >25% de cambio en los precios, asumiendo que el sector privado creía en el cumplimiento de la meta del 25%, reduciendo sustancialmente los salarios reales y generando conflictos sociales o asumiendo que el sector privado espera una inflación >25% para 2016, dejando a la economía en un equilibrio con alta inflación.

Las estrategias para el sector privado también son dos.

c) Creer la meta de inflación al 25% planteada por el Gobierno (sin un plan consistente), asumiendo que el Gobierno realiza las acciones necesarias para lograrla, o creer en la meta siendo engañado por el Gobierno que finalmente convalida una inflación >25%. Bajo este último escenario, el ingreso real caería estrepitosamente a partir del segundo semestre.

d) No confiar en el anuncio del Gobierno (dada la falta de consistencia de la política monetaria y fiscal), estableciendo un piso alto en las negociaciones salariales pero ocurriendo finalmente que Prat Gay toma las riendas de la economía y logra cumplir la meta. De tomar el control de la inflación durante el segundo semestre, habiendo convalidado paritarias por encima de la meta, el ministro estaría generando una recesión en la economía que será más profunda cuanto mayor sea la diferencia con la misma. Por otro lado, si el sector privado no cree en la meta de inflación y finalmente el Ministerio de Hacienda termina convalidando una inflación >25%, nuevamente alcanzaremos un equilibrio de corto plazo, con una inflación >25% y sin costos en materia de empleo y producto, pero con una tasa de inflación más alta.

Dadas estas posibles combinaciones estratégicas, queda claro para un Gobierno, que le teme a la recesión y a sus costos políticos, que la estrategia dominante consiste en boicotear la meta anunciada a mediados de enero de 2016.

El no cumplimiento de la meta de inflación al 25% y la convalidación de una inflación superior resultan en un equilibrio de Nash, dadas las acciones del actual Gobierno.
La candente negociación salarial con los docentes es una prueba de este equilibrio, donde el desdoblamiento de las paritarias muestra la falta de confianza del sector privado en los anuncios del Ministerio de Hacienda.

En resumen, la falta de una fuerte decisión política para sostener un programa monetario y fiscal que genere credibilidad es la clave que determinará que el sendero de inflación de 2016 sea superior al sendero de años anteriores.

Sin un plan integral y coraje político, la inflación continuará subiendo en Argentina.