Un nuevo escenario para el sector agropecuario

Por el Dr. Marcos Gallacher, Director de la Maestría en Agronegocios de la UCEMA y el Dr. Daniel Lema, Coordinador Académico de la Maestría en Agronegocios de la UCEMA e Investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)

El cambio de gobierno ocurrido en último diciembre permite vislumbrar un futuro alentador para el sector agropecuario. La unificación cambiaria, la eliminación o baja de derechos de exportación, y la eliminación de restricciones cuantitativas a la exportación son factores que apuntan en la dirección correcta. El progreso del sector es, por supuesto, importante para nuestro país, pero sin duda también para un mundo que demanda cantidades crecientes de alimentos, fibras y energía. Utilizar mal, o de manera ineficiente, los recursos productivos del país implica una grave responsabilidad en un mundo crecientemente globalizado.

Resulta difícil predecir el impacto que tendría sobre el sector agropecuario una política económica orientada a proveer incentivos similares a los que enfrentan los productores de otros importantes exportadores. A corto plazo (1 o 2 años) tal vez puede esperarse que un 10 por ciento de mejora en los precios (reales) de productos sea acompañado por incrementos de producción del orden de 6 u 8 porciento (es decir, una elasticidad de oferta de 0.6 0.8 que es consistente con las estimaciones disponibles). La mejora de precios ocurrida como consecuencia del cambio en alícuotas de retenciones ha sido variable según el producto (es menor para soja que para maíz, trigo o carne). Sin embargo, y como primera aproximación, podríamos suponer un aumento de precios de productos con respecto a la situación anterior del orden del 15 - 20 por ciento. Si este es el caso, y suponiendo que el resto de las variables (precios de insumos, condiciones climáticas, precios internacionales) permanecen inalteradas, la nueva política en lo relativo a derechos de exportación tendría como efecto unas 8 - 15 millones de toneladas adicionales de producción agrícola.

La pregunta más importante, sin embargo, no se refiere a aumentos de producción en el corto plazo sino a qué puede ocurrir en plazos más largos. Contestar esta pregunta requiere vislumbrar - aún en forma muy aproximada - lo que puede ocurrir en lo relativo a (a) incorporación de nuevas tecnologías y (b) inversiones de distintos tipos de capital. De mantenerse condiciones internacionales relativamente favorables, y de afianzarse una política económica razonable en materia agropecuaria (en especial, eliminación de distorsiones de precios), es de esperar que en los próximos 5 o 10 años se lleven a cabo en el agro argentino transformaciones significativas: si el agro pudo crecer aún con una política, económica desfavorable, mas debería poder hacerlo si esta se revierte.

El desarrollo futuro del sector depende de condiciones de mercado y tecnológicas. Pero también de lo que ocurra en lo relativo a especialización humana y desarrollo organizacional. Pasamos revista a estos aspectos.

ESPECIALIZACIÓN DE CAPITAL HUMANO

Cualquiera que recorra zonas agrícolas se sorprenderá por la magnitud y sofisticación de las inversiones: desde frigoríficos y plantas procesadoras de papa en Balcarce, a sembradoras y cosechadoras “inteligentes”, pasando por equipos forrajeros y de ordeñe de última generación. Vemos también sistemas de logística y distribución mayorista y minorista que hubieran sido impensados sólo hace pocos años. Estas inversiones son altamente específicas y, por lo tanto, sujetas a riesgos. A nivel de recursos humanos, se observa también creciente especialización. Siguen existiendo los técnicos “generalistas”; sin embargo, en las muy distintas disciplinas, aparece una tendencia clara hacia la especialización: protección de cultivos, informática, nutrición animal, producción de aves, etc.. La especialización, tanto de recursos humanos como físicos, resulta en aumentos significativos de productividad y eficiencia, pero al mismo tiempo requiere vínculos aceitados entre aquellos que demandan este tipo de servicios y los que los ofrecen. Para aquellos que invierten en recursos especializados (sea en una máquina, o en capacitación en cierto tema) siempre aparece la amenaza de que la proyección futura de demanda de servicios especializados sea menor a la planeada o que difieran las características de los servicios demandados y que, por lo tanto, se incurra en pérdidas por no poder reasignar a otros usos los recursos especializados en los cuales se ha invertido. En este sentido, el funcionamiento eficiente de los mercados, tanto de productos como de información, resulta fundamental para minimizar los costos de ajuste.

Pero la especialización va más allá de máquinas y conocimiento técnico. Incluye también formas organizacionales. Al respecto, el sector agrícola actual se diferencia del de hace algunas décadas por el incremento en el número de organizaciones empresariales y técnicas que canalizan problemáticas particulares. Por ejemplo, en la actualidad existen organizaciones que agrupan a productores de soja, trigo (AAPROTRIGO), girasol (ASAGIR), maíz (MAIZAR), cerdos (AAPP), semillas (ASA), de engorde a corral y otras actividades. Estas organizaciones generan reuniones técnicas, facilitan el acceso a la información para asociados y canalizan demandas hacia el sector público. A las organizaciones anteriores que representan al sector productor se suman otras focalizadas en etapas agroindustriales como, por ejemplo, la industria aceitera (CIARA), de alimentos (COPAL), industria lechera (CIL) y otras.

Las organizaciones se financian con contribuciones voluntarias de los asociados. El “producto” de estas asociaciones, en ciertos casos, tiene características de un bien privado (los asociados lo reciben, lo no asociados no). En otros casos, sin embargo, se benefician del funcionamiento de la organización tanto los socios como los no socios, dado que lo que se generan son bienes públicos, como conocimiento o información, que están disponibles sin exclusión. En el sector agropecuario existen diversos ejemplos de este tipo de provisión privada de bienes públicos.

La recientemente creada Red de Buenas prácticas Agrícolas (RBPA) es un ejemplo de colaboración entre instituciones para la solución de problemas del sector. Está constituida, entre otras, por AACREA, AAPRESID, ArgenBio, CASAFE, CONINAGRO y CRA. Dos tipos de actividades caracterizan a la red. La primera es de “desarrollo tecnológico” y responde a la necesidad de lograr mayor eficiencia de los procesos productivos. La segunda, y tal vez más importante, se orienta a la generación de “imagen sectorial”. Esta última actividad encuentra justificativo en el hecho de que el sector agropecuario, tanto en Argentina como en otros países, es sujeto creciente de evaluación externa. En este sentido, la RBPA puede constituir una eficaz respuesta a demandas futuras, ya sea por parte de organizaciones de consumidores, de ambientalistas o del propio gobierno.

Resumiendo: el futuro del sector depende no sólo de la disponibilidad de nuevas semillas, tecnologías de diagnóstico de fertilidad de suelos o investigación sobre rotaciones. Depende también del rumbo que toma la creación de nuevas formas organizacionales y las actividades de éstas. Las organizaciones privadas canalizan demandas tanto en lo relativo a problemática interna del sector, como a los vínculos del sector con otros sectores de la economía. La tarea que encaran no es fácil: a las restricciones financieras que usualmente enfrentan, se agrega la de diseñar una agenda que privilegie la creación de valor por sobre la simple puja distributiva.

COMPRENDER LA AGROECONOMÍA

Las decisiones que tomen funcionarios, directivos de organizaciones privadas y empresarios afectan el sendero que recorrerá el sector en los próximos años. La calidad de estas decisiones puede ser variable. Por ejemplo, con frecuencia leemos que “resulta obvio” que los productores primarios deben recibir un porcentaje mayor del precio final que pagan los consumidores de alimentos, y que “los intermediarios” deben ser vigilados para que esto suceda. ¿Es correcta esta apreciación? En general es un error pensar que los costos de los insumos agrícolas o los márgenes son los principales determinantes de los precios de los alimentos. Los productos agropecuarios inciden muy poco en el precio final de los alimentos dado que tienden a ser un componente más en un complejo sistema de transporte, procesamiento, almacenaje y distribución. La cadena de distribución y comercialización, por otra parte, brinda un valioso servicio de provisión de información para consumidores y productores. Lo relevante en la determinación de precios y márgenes es la eficiencia y competencia con la que funcionan los mercados. Una mayor volatilidad de la demanda y menor estabilidad en el entorno económico pueden hacer menos eficiente y más costoso el procesamiento de la información. Mejorar estos aspectos tendrá seguramente mayores beneficios que tomar medidas que restrinjan lo que puede o no hacer la industria y el comercio.

Podemos citar algunos otros interrogantes, relativos al funcionamiento sectorial, que han tenido relevancia recientemente. Escuchamos, por ejemplo, que “sin duda alguna” debe incrementarse la inversión pública en infraestructura (obras de riego, caminos, canales de drenaje), generación de tecnologías y difusión de estas. Pero cabe preguntarse ¿qué tipo de inversión hay que hacer y cómo? ¿Cómo repartir las acciones entre aquellas llevadas a cabo por el sector público, por un lado, y el privado por otro?

Por último, cabe preguntarse: ¿debe introducirse legislación que regule lo relativo a contratos de arrendamiento y prácticas de uso del suelo? ¿Existen aspectos de orden público a considerar o se trata de contratos privados con incentivos adecuados entre las partes? Las opiniones sobre este tema son encontradas y han generado intenso debate.

Los ejemplos anteriores son sólo una pequeña muestra de situaciones sobre las cuales pueden tomarse decisiones de política pública. Decisiones correctas resultarán en crecimiento, tanto para el sector como para el país en su conjunto. Ocurrirá lo contrario si se decide en forma desacertada. Las organizaciones de distinto tipo que mencionamos anteriormente tienen un importante rol que cumplir en esta materia.

PALABRAS FINALES

El sector agropecuario enfrenta un escenario promisorio. Es de esperar que el vigoroso flujo de nuevas tecnologías ocurrido en el pasado se mantenga o, aún, se intensifique. El nuevo escenario resultará en cambios no sólo productivos sino también de impacto en la especialización humana. Se esperan crecientes oportunidades de acción para organizaciones privadas de distinto tipo. Junto con las oportunidades, estas organizaciones enfrentarán importantes desafíos en lo relativo al diseño de una agenda de acción, y también en el acceso a los medios necesarios que permitan que esta agenda se efectivice.