Blanqueo: Equidad, eficiencia y sustentabilidad

Todo blanqueo tiene múltiples facetas, ya que algunos dejaron de pagar los impuestos con los que a muchos otros les costó cumplir. Las razones y excusas para no pagar son múltiples. La mayoría de los argumentos en contra del blanqueo son de índole ética. Me concentraré aquí sólo en aspectos económicos, con la racionalidad que ello implica, dejando de lado los aspectos, seguramente más importantes, emocionales o morales.

El blanqueo permitirá que el Estado tenga mayores ingresos, tanto por la recaudación misma del blanqueo como por los impuestos que habrán de pagarse en el futuro. Es decir, habrán mayores ingresos fiscales ahora y en el futuro.

La mayor recaudación impositiva puede paliar el déficit o, como se ha indicado en la Ley, tener un destino específico. El hecho que muchos consideremos que es justo y necesario pagar a los jubilados, no quiere decir que sea el mejor destino para reactivar la economía. Aún así, y dado que ese es el destino explícito, considerar opciones alternativas, como por ejemplo recurrir a menor financiamiento o menor emisión para paliar el déficit, no están en consideración.

Hay al menos tres elementos a analizar:
Equidad, Eficacia y Sustentabilidad.
La equidad no significa que todos los resultados sean iguales, sino que todos los participantes tengan la misma oportunidad. Desde el vamos, el blanqueo plantea diferencias entre quienes siempre pagaron y los que no lo hicieron. En ese sentido, es inequitativo. Sin embargo, considerando al universo que blanquea, la equidad se refiere a que los participantes tengan las mismas opciones y consecuencias. En ese sentido, la ley es la misma para todos, pero el blanqueo plantea algunas inequidades al brindar diversas opciones. Las tasas son diferentes según el tipo de activos que se declaren y cuál sea el destino de los fondos. Se busca de esa manera incentivar cierto tipo de inversiones.

La eficacia del blanqueo estará dada por diversas facetas: el monto declarado, el monto recaudado, los incentivos a invertir en el país que se generen y la recaudación futura. Es difícil hacer previsiones en cuanto a montos y, sobre todo, es difícil saber “qué hubiera ocurrido si” las condiciones hubieran sido diferentes. Es de suponer que cuanto mayores sean los montos declarados, más exitoso será el blanqueo. Pero no puede decirse lo mismo respecto de la recaudación. Dadas las diferentes tasas impositivas, a un mismo monto declarado habrá expectativas de recaudación muy diferentes. De hecho, hay un significativo trade-off en una de las opciones planteadas respecto de invertir en un bono, que quedará inmovilizado por 7 años, en el que la tasa impositiva es cero. En ese caso, el Gobierno está considerando su propio costo de oportunidad: obtendrá fondos por un largo período a tasa cero, mientas que quien blanquea evitará pagar pero no dispondrá de los fondos.

La sustentabilidad, es decir, que los efectos positivos del blanqueo perduren en el tiempo. Se logrará sólo si se modifica la estructura y complejidad impositiva. Los impuestos no son solamente elevados, sino de muy difícil cumplimiento. Asimismo, dada la altísima carga tributaria, el incentivo a evadir es muy grande. Aquellos que lo logran dejan en desventaja a quienes tratan de cumplir con sus obligaciones. Argentina sistemáticamente ha incurrido en el error de gravar más a quienes ya pagaban, bajo el argumento que a ellos ya los tienen identificados. Es cazar en el zoológico.
Sin embargo, a menos que se modifique el sistema impositivo actual donde la carga cae tanto sobre los ingresos como sobre los activos, sobre lo nuevo como lo usado, sobre el consumo y la inversión, será difícil evitar que se siga evadiendo. Recordemos que se busca un paraíso fiscal porque hay un infierno tributario.
Cómo evaluar los resultados
Los resultados del blanqueo se medirán en varios frentes: la mayor recaudación impositiva, el destino de los fondos, la nueva base imponible para el futuro. Tendrá efectos stock, recaudación por una única vez, y efectos flujos por los futuros pagos que se harán anualmente.
La mayor recaudación será un activo que cancelará un pasivo. Contablemente pareciera inocuo, pero no lo es. Definitivamente los que reciban los fondos (jubilados) estarán mejor que antes, y se habrá saneado una situación fiscal que ocultaba los verdaderos pasivos. El gasto de los jubilados seguramente contribuirá a mejorar el nivel de actividad económica.
El blanqueo permitirá que contribuyentes argentinos puedan utilizar sus fondos para diversos tipos de inversiones. Los fondos blanqueados se podrán dedicar a inversiones en Argentina y otros países. Es decir, no creamos que los argentinos que exterioricen sus fondos tendrán como único destino posible inversiones en Argentina. El blanqueo permitirá que el Estado recaude más fondos, pero no necesariamente que haya una corriente de inversiones idéntica al blanqueo. Sin embargo, y de la misma manera que el temor a las autoridades impositivas de otros países impulsan no tan gentilmente a blanquear, la bajísima rentabilidad en los países de la OCDE también son un incentivo a repatriar los fondos. No será fácil esconder dinero y, si se logra, aún más difícil será tener rentabilidad. La buena noticia es que, si con el tiempo las perspectivas económicas mejoran, los fondos estarán disponibles para invertir en Argentina. Pero estas perspectivas no son buenas si continuamos con un Estado gigantesco. Luego del blanqueo, el Estado podrá cazar en el zoológico con un cañón.
También hay que considerar que, junto con el blanqueo, el Estado Nacional ha entregado (o devuelto) a las provincias el 15% de la recaudación y habrán más jubilaciones mínimas. La suma de estos efectos es difícil de estimar, pero claramente son un gran aumento en el gasto que continuará por largos años. El blanqueo es importantísimo para cada individuo, pero una gota en el océano del Estado.

Las necesidades fiscales son muy grandes y las consecuencias del déficit son notorias: durante 15 años Argentina consumió más de lo que producía (déficit fiscal) y ha comido su stock de capital en todos los sectores, afectando la productividad y, por lo tanto, diluyendo el salario real. Mientras persista el déficit no habrá crecimiento y hace más de 200 años que Adam Smith dijo que “no se puede construir una sociedad floreciente y feliz cuando gran parte de sus integrantes son pobres y desdichados”.
Si el blanqueo contribuye a reducir el déficit, bienvenido sea.