Particularidades del delito de lavado

El lavado de dinero o lavado de activos es una operación que consiste, básicamente, en hacer que los fondos o activos obtenidos por medios ilícitos luzcan como el fruto de actividades legales y circulen sin inconvenientes dentro del sistema financiero. Si bien la legislación varía de país en país, podemos resumir que para que exista “lavado” es precisa la previa comisión de un acto delictivo de naturaleza grave, y la obtención de beneficios ilegales que se desean introducir en los mercados financieros u otros sectores de la economía.

Veamos un poco de qué se trata y sus etapas:

ETAPA 1) Colocación: Consiste en deshacerse materialmente del dinero en billetes, generado mediante actividades ilícitas, e introduciéndolo en los sistemas financieros y no financieros legales. Aquí cabe una reflexión: no es lo mismo ingresar a la economía formal dinero producto de vender en negro en una economía con altos niveles de informalidad (que, sin pretender justificar el incumplimiento de la ley, forma parte de una cultura y forma inadecuada de hacer negocios), que ingresar dinero proveniente de la corrupción, desarmaderos, trata de personas, venta ilegal de armas, robos, amenazas, secuestros virtuales, etc.
ETAPA 2) Estratificación: Se basa en cortar el vínculo entre esas ganancias y el ilícito que les dio origen, eliminando su identificación con quien lleva adelante el lavado de dinero y dificultando las investigaciones que pudieran existir. Esto se concreta mediante la realización de múltiples transacciones que, como si fueran capas de una cebolla, se van sucediendo unas sobre otras a fin de dificultar el descubrimiento del verdadero origen de los fondos.
Una vez que estas dos primeras etapas han sido llevadas a cabo exitosamente, resulta altamente complejo llegar a vincular el dinero ilícito con sus verdaderos propietarios.
ETAPA 3) Integración: Para que el proceso de lavado se complete es necesario que pueda proporcionarse una explicación aparentemente legítima para la existencia de estos bienes, de modo tal que su propietario pueda gozar libremente de ellos. Esa es la finalidad de los sistemas utilizados en esta última etapa, que permite introducir los productos blanqueados en la economía. De esta forma lucirán como inversiones normales, créditos o reinversiones financieras.
Nuestro país, según el momento histórico, fue en general bastante atractivo por omisión de controles en estas tres etapas. Sin perjuicio de ello, la etapa tres es la que más llama la atención. Hace referencia a delincuentes que han generado su dinero mediante actos delictivos en Argentina o en el exterior, quienes pueden disfrutar del mismo sin demasiados contratiempos. Al menos hasta hoy, la justicia no ha demostrado muchos ejemplos de que sea diferente.
Narcotraficantes, delincuentes organizados, tratantes de personas, vendedores de armas, ladrones, secuestradores y otros tantos comisores de delitos graves, encuentran en Argentina un verdadero “paraíso” donde gastar su dinero y vivir en forma espectacular.

¿Por qué afirmamos que nuestro país es ideal para la etapa de integración del delito de lavado?
1) Históricamente nuestro país se ha esforzado por atraer inversiones sin indagar demasiado. Los blanqueos son frecuentes, con diversos contextos, pero con un denominador común: “la oportunidad de comenzar de cero, en forma prolija y sin mayores cuestionamientos”.

2) Altos índices de corrupción. Entiendo que no hacen falta detalles adicionales por los hechos de público conocimiento durante los últimos años. Es bastante sencillo, históricamente hablando, sobornar a funcionarios públicos y satisfacer los tres incentivos del lavador: “ocultar la fuente criminal del dinero”, “realizar excelentes inversiones” y “disfrutar en la legalidad del dinero criminal”.

3) Existencia de un alto índice de conflictos sociales, económicos y políticos. Los mismos son aprovechados por los narcotraficantes lavadores del país y el exterior ¿Y la policía? Si bien saldrá en alguna que otra foto decomisando drogas peligrosas, esos son porcentajes mínimos. La inmensa mayoría gozará de la ventaja de tener una policía muy entretenida con los eventos deportivos, manifestaciones y otras yerbas. Y, como si esto fuera poco, con elevados niveles de corrupción.

4) Existe una “anomia de hecho”, lo que implica la existencia de razonable normativa pero con bajo nivel de exigibilidad o aplicación.
5) Fronteras internacionales abiertas y muy vulnerables, en forma directa o a través del soborno. Históricamente las fronteras han enriquecido a muchos integrantes de su custodia, según cuenta el “saber popular”. Esos lugares donde ningún oficial quería ir hace muchos años, hoy son un trabajo muy buscado, tanto o más que la parada de Aeroparque para un taxista.

6) Elevado índice de economía informal que produce la confusión del dinero en efectivo con el camuflaje natural. Pareciera no existir forma de evitar que el comercio más informal de la mano de vendedores ambulantes, manteros, arbolitos, y otros de análogas características, pueda generar en forma consuetudinaria, y hasta aceptada por todos, grandes fajos de billetes de máxima denominación sin estar bancarizados.

7) Artilugios societarios del tipo “mamushkas”. Nuestras autoridades, por ejemplo la Inspección General de Justicia, no realizan constatación del último beneficiario (la inversión final se inscribe a nombre de sociedades que tienen como accionistas a sociedades off-shore y, a su vez, estas últimas figuran a nombre de otras sociedades off-shore, y así sucesivamente en distintos niveles. Y todas ellas constituidas en paraísos fiscales que no exigen la declaración al Estado.
8) Un país hermosísimo. Una ciudad de Buenos Aires que tiene la capacidad de asombrar a cualquier turista con sus amplios espacios verdes, anchas avenidas, monumentos y edificaciones de estilo europeo. Un sitio donde, con una disponibilidad económica importante como la que detentan estos individuos a los que referimos, se vive realmente muy bien.

¿Y el juego?

Se trata de un capítulo especial dentro de lo que llamamos lavado.
Mi padre me explicaba hace unos 35 años que en Buenos Aires no podía haber casinos a diferencia de los que veíamos en la costa, porque en las ciudades donde su población en forma masiva trabaja durante todo el año sería complicado que una casa de juego se lleve el producto de las labores de sus habitantes. Un día vimos como los bingos copaban las inmediaciones y muy pronto nos dijeron que si un barquito está en el agua, eso no es Ciudad de Buenos Aires sino “agua que está cerca”.
Los casinos desarrollan una intensa serie de transacciones en efectivo, a veces de baja denominación, por montos diarios muy significativos, operando en muchos casos 24 horas al día, casi los 365 días del año. Nada complejo declarar más venta que la real, ¿no es así?
Por otra parte, este tipo de entidades suelen contar con un “servicio completo” para sus clientes. Y antes de dejar volar la mente de aquellos malpensados, se aclara que en numerosos países han hallado casinos que hasta realizan apertura de cuentas, otorgamiento de créditos, remisión de fondos al exterior, cambio de divisas, utilización de cheques. Así, se muestra la complejidad que encierra la organización del juego.
En la mayoría de las jurisdicciones que autorizan el juego, las políticas regulatorias del sector son débiles y las fuentes de las inversiones, así como también la práctica cotidiana de la circulación del efectivo, no se encuentran debidamente controladas.
Siempre me llamó la atención esa cita de origen anónimo que versa que “el éxito, en cualquiera de los órdenes de la vida, no es para los que piensan que pueden hacer algo importante, sino para quienes lo hacen”. Pareciera que estamos viviendo un momento histórico, caracterizado por la exteriorización de la voluntad de cambiar este tipo de males en nuestro país. No será nada fácil, pero contarán con el apoyo de la inmensa mayoría que busca un país mejor.