Desafíos para la universidad privada

En nuestro país coexisten universidades públicas con otras de naturaleza privada. Sin embargo, y salvo muy contadas excepciones, lo que escuchamos sobre “política universitaria” centra atención en las primeras ignorando en forma casi completa las segundas.

Las universidades privadas cumplen un rol importante en lo relativo a la inversión en capital humano que se realiza en el país. Lo que planteamos aquí, sin embargo, no es la situación actual de estas instituciones, sino el aporte futuro que – si se dan ciertas condiciones – pueden realizar. Como se detalla en los párrafos que siguen, por sus características la universidad privada tiene ventajas en relación a costos, capacidad de adaptación y aporte a la diversidad del “mercado de ideas”.

Evolución de la matrícula universitaria

El sistema universitario argentino está experimentando profundos cambios (Ver cuadro 1). En efecto, entre 2002 y 2012 la matrícula total de alumnos de universidades públicas aumentó diez por ciento, comparado con el 100% para el caso de las privadas. Cambios similares ocurrieron en ambos tipos de instituciones con los nuevos inscriptos. Para el caso de graduados, el aumento en instituciones públicas fue de 30 por ciento, contra una más que duplicación en instituciones privadas.

Los cambios anteriores tienen como consecuencia que el porcentaje de alumnos en instituciones privadas haya pasado de 14 por ciento en 2002 a 21 por ciento en 2012. Para los graduados, las instituciones privadas representaban el 24 por ciento en 2002, y el 34 por ciento una década más tarde. Es decir, en la actualidad más de uno de cada tres graduados universitarios proceden de instituciones privadas.

El lento aumento observado en el número de alumnos y graduados de instituciones públicas contrasta con los fuertes incrementos de presupuesto asignado a este segmento: las instituciones públicas pasaron de recibir unos US$ 1.200 millones en 2002 a recibir casi US$ 4.000 mil millones en 2012: una más que triplicación presupuestaria.

Si preguntamos al ciudadano medio sobre el aumento presupuestario mencionado, muy posiblemente manifestará satisfacción: “es bueno invertir en educación”. El problema con el razonamiento anterior es, por supuesto, que los recursos tienen oportunidades de uso alternativo, cosa que en general se ignora. También el ciudadano medio opinará que es bueno “invertir en hospitales”, “equipar la policía”, “aumentar las jubilaciones”. En otras palabras, una cosa es juzgar como “buena” la noticia de que se ha invertido en esto o aquello, y una muy distinta decidir asignación presupuestaria entre múltiples alternativas. Es en un contexto de asignación de recursos que debe plantearse el análisis de papel que puede jugar la universidad privada.

Costo por graduado universitario

Una métrica relevante para analizar un sistema universitario es cuál es el “costo” de producir un graduado. Precauciones deben ser tomadas en cuenta al interpretar el significado de esta medida. Entre ellas: (a) ciertas áreas de estudio “requieren” más años de estudio y recursos de apoyo que otras (un médico versus un licenciado en marketing), (b) la “calidad” de los graduados puede no ser la misma entre instituciones, (c) la universidad produce no sólo graduados sino otros “productos” (por ejemplo investigación), (d) algunas universidades mantienen hospitales y otros centros de servicios para terceros.

Con las prevenciones mencionadas – y para las universidades públicas - la figura 1 presenta algunos resultados. Los costos por graduado de la mayor parte de las instituciones incluidas en la figura oscilan entre los US$ 40 y US$ 100 mil. Los datos presentados sugieren la existencia de “economías de escala”: las instituciones “pequeñas” (menos de 1500-2000 graduados por año) tienen costos de entre US$ 60 y US$ 100 mil por graduado, mientras que en las “medianas o mediano-grandes” (2500 – 5000 graduados por año) estos costos se reducen a US$ 40 – US$ 60 mil por graduado. Pasado cierto punto, sin embargo, las economías de escala parecen agotarse, o inclusive revertirse: la universidad más grande del país (Universidad de Buenos Aires), con unos 16.000 graduados por año, tiene costos por graduado cercanos a US$ 50 mil, superiores a los de varias universidades de tamaño considerablemente más pequeño. Utilizando la jerga microeconómica, los datos de la figura sugieren una “Curva de Costo Medio de Largo Plazo” clásica, con fuertes economías de escala en el tramo inicial, retornos constantes o casi constantes en tamaños medios y leves des-economías en los mayores tamaños de la muestra.

La figura 1 fue construida con datos de 25 universidades públicas, con costos por graduado menores a los US$ 100 mil. Ex profeso se excluyeron de la misma datos de otras 15 universidades con costos por graduado mayores a esta cifra. Esta sub-muestra incluye 8 instituciones con costos por graduado mayores a US$ 150 mil. En definitiva, la figura 1 es “extremadamente conservadora” en relación al costo de producir un graduado en las instituciones públicas, ya que no incluye un número significativo de instituciones de “muy alto costo medio” (que son 15 sobre un total de 40 para las cuales se tiene información) .

Resulta instructivo comparar las cifras anteriores con las correspondientes a algunas instituciones privadas. Al respecto, los costos de cuatro años de estudio de las tres instituciones con matrículas más altas de la Argentina oscilan entre los US$ 30 y US$ 50 mil. Estas tres instituciones cuentan con un muy buen claustro académico, excelentes instalaciones y muy buen apoyo administrativo. La información disponible sugiere que la matrícula por cuatro años de estudio en estas instituciones resulta sustancialmente menor a los costos por graduado de universidades públicas analizadas aquí (figura 1). Vale la pena recalcarlo: las instituciones privadas con costos por graduado (calculado en base al valor de la matrícula por cuatro años de estudio) de entre US$ 30 y US$ 50 mil brindan programas de alta calidad, enteramente comparables a los de muy buenas universidades de países desarrollados.

Por las múltiples razones presentadas, los datos anteriores son sólo aproximaciones a una situación compleja. Podemos estar sobre-estimando en costo “real” por graduado a instituciones públicas como también podemos errar en mismo sentido en las privadas: por ejemplo, muchas instituciones privadas tienen un programa de becas, lo cual implica un menor “costo efectivo de matricula” que el que mencionamos anteriormente.

El potencial de la universidad privada

La sección anterior centra atención en el tema “costos”, pues toda discusión sobre “excelencia” debe tomar este dato en consideración. Otro aspecto a analizar se relaciona con las fuentes de recursos de las universidades.

En los Estados Unidos (EEUU) las universidades privadas cuentan con múltiples fuentes de ingreso: el tuition o matrícula en general no representa más del 25-30 por ciento de los ingresos, quedando el 70 – 80 por ciento compuesto por aportes de donantes, rentas sobre acervos financieros (“endownment”), contratos del gobierno y otras fuentes. Muy distinto es lo que ocurre en Argentina, donde los ingresos por matrícula representan la casi totalidad de los ingresos totales disponibles. No resulta casualidad que en el ranking de las mejores 10 o 20 universidades de los EEUU, un número significativo de estas son de naturaleza privada; por ejemplo, Chicago, Harvard, Yale, Princeton, Duke y Stanford.

Pese a las fuertes restricciones financieras a las cuales están sujetas, existen en Argentina universidades privadas de alto nivel de excelencia. Esta “excelencia” tiene, por supuesto, diversas dimensiones: una es la inserción y trayectoria profesional de sus graduados, otra son las actividades de extensión y difusión que la universidad aporta a la comunidad, y una tercera es la relativa a investigación en distintas áreas. Esta última dimensión es, sin duda, la más desafiante para instituciones que se financian exclusivamente con matrículas que pagan sus alumnos: montar programas de research requiere acceso a fondos externos o, en última instancia, que parte de los ingresos por matrículas sean asignados a tareas de investigación y no de enseñanza. Pese a las dificultades mencionadas, algunas universidades privadas mantienen líneas de investigación de relevancia. Por ejemplo, resulta interesante el origen de los autores de los trabajos presentados en las reuniones de la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP), donde se observa una participación de integrantes de instituciones privadas muy por encima de lo que sería esperable, dado el tamaño de estas en el universo de la disciplina general en el país.

La universidad privada tiene fortalezas. Una de ellas es la mayor respuesta a demandas, que surge como consecuencia de no disponer (como la universidad pública) de asignaciones presupuestarias automáticas. La institución privada debe atraer estudiantes mediante programas de valor, que además tengan prestigio al momento de buscar inserción en el mercado laboral. Otra ventaja de la universidad privada es su tamaño relativamente reducido, lo cual resulta en menor burocracia y mayor contacto, tanto entre alumnos y profesores, como entre estos.

Un programa de desgravación impositiva para padres que envían sus hijos a instituciones privadas ampliaría la posibilidad de elección de muchos hogares . Asimismo, de existir incentivos adecuados, aumentarían en forma significativa las donaciones de empresas o individuos a universidades privadas. Instituciones privadas que cuentan con recursos adicionales a los representados por matrículas de alumnos estarían entonces en condiciones de hacer contribuciones muy significativas, no sólo a transmisión de conocimiento (cosa que ya han hecho) sino también en investigación de distinto tipo, aspecto en el cual hay mucho campo de progreso.