Crecimiento económico y sustentabilidad ambiental ¿“juntos a la par”?

Por Mariana Conte Grand
Economista ambiental, Profesora, UCEMA.

Revista UCEMA, diciembre de 2016

Son menos las veces que crecimiento económico y sustentabilidad ambiental se evalúan como conceptos que van “juntos a la par”, tal como la pareja de la famosa canción homónima de Norberto “Pappo” Napolitano. Para ello basta remontarse a los escritos del Club de Roma, que en los setenta publicó “Los límites del Crecimiento”. En dicho trabajo se concluye que si el incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantenían sin variación, se alcanzarían los límites absolutos de crecimiento en la Tierra en el lapso de cien años. Pasados más de 40 años, la Tierra no ha colapsado, pero los defensores de esta perspectiva siguen pronosticando que hay un límite en la capacidad que tiene el planeta para soportar las actividades humanas, y proponen como solución una estrategia de decrecimiento (“degrowth”). Según Drews y Antal (2016), esta palabra comenzó a usarse en forma asidua para representar esta posición a partir de 2001 .

Por otro lado, dado que desde la revolución industrial el mundo ha continuado creciendo tanto en cantidad de habitantes como en la producción generada, otro grupo se alinea detrás del concepto de crecimiento verde (“green growth”). El término crecimiento verde tiene su origen en 2009, cuando a raíz de la crisis financiera internacional la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publica la Declaración sobre Crecimiento Verde del Consejo de Ministros . Sus defensores creen que es posible crecer teniendo en cuenta el ambiente y que eso tiene costos bajos o negativos. El último caso (el de costos negativos) tiene que ver con que la protección ambiental podría generar actividad económica vía el desarrollo de nuevas tecnologías, y el comercio de bienes y servicios verdes. Puede sin duda decirse que los que se encolumnan detrás del crecimiento verde son muy optimistas, en abierta contraposición al pesimismo de los que promueven el decrecimiento.

Hay entonces dos posiciones extremas sobre cómo puede ser la relación entre economía y ambiente: decrecimiento y crecimiento verde. Pero, en el medio de estas hay una tercera vía. Esta alternativa tiene su origen en el concepto tradicional de desarrollo sustentable. El mismo surgió como resultado de la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano (Estocolmo, 1972), a raíz de la cual se creó una Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo para diseñar un “programa global para el cambio”. De dicha comisión resultó, en 1987, el informe Nuestro Futuro Común, llamado habitualmente por el apellido de la ex-primera ministra de Noruega que lo presidió (Gro Harlem Brundtland). En este se definió el término desarrollo sostenible. Según las palabras de la misma Brundtland, “Lo que se necesita ahora es una nueva era de crecimiento económico, un crecimiento que sea poderoso a la par que sostenible social y medioambientalmente”.

Esta tercera vía ha vuelto a cobrar importancia en publicaciones recientes. La idea es que ni el crecimiento económico ni la sustentabilidad ambiental son un fin en sí mismo, sino que se tiene que lograr el equilibrio (crecimiento verde e inclusivo) para lograr el máximo bienestar social, definiendo este en base a los valores de la sociedad. En particular, crecimiento verde no significa que haya desarrollo sustentable ya que el crecimiento tiene que ver esencialmente con lograr asignar todos los recursos disponibles eficientemente; no implica más justicia en la distribución, ni considerar a los grupos socialmente marginados. El ejemplo que se usa para ilustrar este punto es que, a pesar de que India ha logrado crecer económicamente, es uno de los países más pobres en términos de los indicadores de desarrollo humano como salud y educación. A su vez, así como el crecimiento verde puede no aumentar la satisfacción social, lo mismo puede pasar decreciendo. Una economía en recesión, aunque lograra ser más verde, no garantizaría que los individuos la consideren mejor. Y, por otro lado, perfectamente puede pasar que el PBI decrezca y que la contaminación no baje si la misma es causada por bienes durables que se compraron en épocas de bonanza y que siguen funcionando (y entonces, contaminando).

Algunos se refieren a esta tercera opción con el término “a-growth”. Van den Bergh acuñó dicha palabra en un artículo de Ecological Economics, una de las más importantes revistas académicas del campo de la economía y el medio ambiente . El a-growth sugiere ser agnóstico con respecto al crecimiento económico. Esto es, luego de reconocer las limitaciones que tiene el PBI como indicador del bienestar de una sociedad, declararse indiferente a cómo este se comporte. Entonces, que el PBI crezca o decrezca es lo mismo, ya que no puede considerarse como medida de progreso. Esto no significa que se esté en contra del crecimiento económico sino en contra del crecimiento económico que no considere su sustentabilidad social y ambiental. La dificultad de esta posición intermedia es obviamente definir qué es el bienestar.

En el medio de esta discusión entre los defensores del decrecimiento, el crecimiento verde y los agnósticos del crecimiento, se desarrollaron en el mes de noviembre las negociaciones de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Marrakech (Marruecos).

Este es el primer encuentro después de la entrada en vigencia del Acuerdo de París, según el cual todos los países del mundo deben comprometerse voluntariamente a seguir políticas de mitigación del cambio climático. El fin último de dichos compromisos es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de forma tal que la temperatura promedio del mundo no aumente a fin de siglo por encima de los 2 grados centígrados respecto de los niveles pre-industriales. Si uno piensa que están sentados a la mesa proponentes de las tres corrientes, es difícil imaginar qué debería esperarse de la regulación internacional referida al clima. Este ambiente está seguramente aún más enrarecido con el resultado de las elecciones en Estados Unidos ya que el presidente electo Trump ha manifestado que no cree en las afirmaciones referidas a que el cambio climático es un fenómeno real. Hay que esperar para ver qué sigue en la historia del hombre y el cuidado que hace del planeta. ¿Irán juntos la par? Nadie lo sabe.

1.Drews S. y M. Antal (2016), Degrowth: A “missile word” that backfires?. Ecological Economics, 2016, 126 (C): 182-187.

2.En realidad, el país que comenzó a hacer inversiones verdes como una manera de reactivar la economía fue la República de Corea, y de hecho fue precursor del crecimiento verde a través del estímulo público a la eficiencia energética en edificios, vehículos de bajo consumo, así como el uso eficiente del agua y el manejo de los residuos. No es casualidad entonces que la reunión de ministros de la OECD de la que surgió la declaración sobre crecimiento verde fuera presidida por el primer ministro de Corea de ese momento: Han Seung-soo (http://www.oecd.org/mcm2009/).

3. van den Bergh J.C.J.M. (2011) Environment versus growth: A criticism of “degrowth” and a plea for “a-growth”. Ecological Economics. 70 (5): 881-890.