La labor de interpretar a Bergoglio

Por José María Poirier
Coordinador de actividad cultural, UCEMA

Partiendo de la premisa de que conocer e interpretar el pensamiento de Jorge Mario Bergoglio no es tarea sencilla, y menos aún serían seguras las conclusiones que de ello se saquen, conviene reconocer que, a diferencia de lo que sucede en gran parte del mundo, los argentinos vivimos con extrema polarización sus repetidas injerencias (acaso agrandadas por la lupa de la política nacional) en el campo social y político. ¿Pero no es demasiado político este Papa?, se preguntan muchos en nuestro país con evidente preocupación.

En una reciente entrevista del jesuita Antonio Spadaro, director de la antigua y prestigiosa revista italiana La Civilta Cattolica, considerada una versión autorizada de la hermenéutica vaticana, Francisco, después de confirmar que Néstor Kirchner no lo soportaba y que las relaciones entre ambos eran tensas, afirma que toda homilía “es siempre política porque se hace en la ‘polis’, en medio del pueblo”. Y que todo “tiene una dimensión política y tiene que ver con la construcción de la civilización”.

Llega a afirmar que un sacerdote en el confesionario, cuando da la absolución, está construyendo el bien común. “Hay que tener en la mente una política grande, amplia -dice-. Esta no es la política ideológica o la pequeña política de la coyuntura, por más que sea importante”. Y luego remata: “Los cristianos no deben ser apolíticos”.

En el libro Últimas conversaciones, apenas publicado, su predecesor, el alemán Joseph Ratzinger reconoce que también para él fue una sorpresa que el último cónclave eligiera a Bergoglio, pero afirma que “cuando vi cómo hablaba con Dios, por un lado, y con las personas, por otro, me alegré de veras; y me sentí feliz”. Lo describe como un hombre de “afectividad directa con las personas”, de reflexión pero que a la vez “está muy cerca de la gente, alguien acostumbrado a relacionarse con las personas”. Y que también cabe destacarse “la valentía con la que afronta los problemas y busca soluciones”.

Por otra parte, una clave de interpretación de las intenciones de Francisco la ofrecen sus mismas palabras en determinadas ocasiones. Hablando a los embajadores ante la Santa Sede en 2016, observaba que es deseable que “el lenguaje de la política y de la diplomacia se deje inspirar por la misericordia, que nunca da nada por perdido”. Aquí se percibe a qué se refiere cuando habla de “pensamiento incompleto” o “pensamiento abierto”, en la absoluta libertad con que se relaciona con figuras políticas como Obama o Putin, con los líderes de diferentes naciones e ideologías, o cuando expresa su deseo de acercarse a China o de darle protagonismo a las “periferias” geográficas y existenciales.

Una dinámica “libre y fluida”, como observa Antonio Spadaro, se advirtió también en el viaje a los Estados Unidos, “donde sus discursos no ofrecieron ningún argumento para confirmar la identificación del catolicismo con las categorías políticas de ‘conservadores’ o ‘progresistas’, o con etiquetas como pro-life contra pro-choice”.

Como el jesuita Erich Przywara (1889-1972), que fuera maestro del gran teólogo suizo Hans Urs von Balthasar, señala Spadaro que tampoco el primer Papa jesuita proclama un “catolicismo entendido como garantía política, ‘último imperio’, heredero de gloriosos vestigios, pilar para contrarrestar el declive, frente a la crisis de los liderazgos globales en el mundo occidental”. También Bergoglio, como Przywara, reconoce que los cristianos están llamados a “salir fuera del campamento” para llevar sobre sí “el ultraje de Cristo”. Y el Papa repite que la Iglesia vive en plenitud el propio misterio sólo cuando es “descentrada” y cuando se encuentra “en salida” de sí , cuando no es “autorreferencial” y por lo tanto no necesita adquirir márgenes de influencia.

Al mismo tiempo, no puede dudarse de que Francisco es genuinamente un “animal político”, que parece no pensar la realidad (y la fe) fuera de ese marco que tiene como primacía el bien común entendido como la opción preferencial por los más pobres y excluidos; y que quiere ser “profético” y también demostrar capacidad de consenso.