La defensa de la democracia ante una pesada herencia

Por el Dr. Alejandro Corbacho
Académico del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, UCEMA

En Argentina el período democrático iniciado en 1983 ha persistido, resolviendo así la incapacidad para establecer un régimen duradero. Al sobrepasar los escollos que van surgiendo, la vida en democracia ha mostrado una característica que la distingue de los períodos que la precedieron: el papel más activo que han estado cumpliendo los ciudadanos y algunas instituciones en su defensa.

Durante la Semana Santa de 1987 se produjo el levantamiento “Carapintada”. En respuesta hubo una movilización masiva de ciudadanos y representantes de un amplio espectro político que repudiaron la rebelión y expresaron su apoyo al orden constitucional. Se preservó la forma de vida democrática.

En julio de 1989 el deterioro agudo de la situación económica y social llevó al adelantamiento del traspaso del gobierno. A diferencia de tiempos pasados, no se produjo la caída del régimen. Más tarde, en diciembre de 2001, padecimos una de las peores crisis económicas de la historia. El gobierno cayó pero las instituciones de la Constitución permanecieron. Del Congreso surgió un presidente interino, quien luego convocó a elecciones para abril de 2003.

A pesar de que la democracia pudo sortear aquellos obstáculos, reaparecieron nubarrones sobre su futuro, por el afán del kirchnerismo de perpetuarse. A continuación, algunos ejemplos.

Bajo la excusa del pluralismo, la Ley de Medios apuntó a aumentar el control estatal sobre los medios independientes y a la creación de una trama de medios afines al gobierno. Los medios públicos sostenidos por los impuestos de todos los ciudadanos fueron usados para programas como “6,7, 8”. A eso se sumaron los relatos y el entretiempo de Fútbol para Todos, y el abuso de la cadena nacional.

Las leyes a favor de lo que se rotuló como “democratización de la justicia” intentaron socavar los principios republicanos de separación de poderes, al facilitar la injerencia del poder político sobre el poder judicial, limitando su independencia.

Por último, se introdujo la duda sobre uno de los pilares de la democracia, la limpieza en los comicios. Ante las fuertes dudas y la presencia de fraude, surgieron desde la Justicia Electoral y la sociedad organizaciones que fomentaron exitosamente una mayor convocatoria de fiscales voluntarios.

En diciembre de 2015 llegó a la presidencia Mauricio Macri, luego de vencer en la segunda vuelta al candidato oficialista Daniel Scioli. El traspaso de un gobierno popularmente electo a otro debería ser una fiesta para la sociedad. Sin embargo, la presidente saliente se negó a participar en la ceremonia de asunción del entrante, exhibiendo una postura deslegitimadora hacia las nuevas autoridades y al proceso por el cual accedieron a esa investidura.

En los meses de febrero a abril últimos se asistió a la presencia continua de grupos que sostienen la necesidad de “ganar la calle”, manteniendo un estado de movilización permanente para producir caos, con la intención implícita de generar respuestas para endilgar al Gobierno el calificativo de “represor”.

El 6 de marzo se realizó un paro y una multitudinaria marcha docente. Al día siguiente se produjo la protesta y marcha organizada por la CGT. El 24 de marzo último, Día de la Memoria, hubo una gran movilización de los grupos relacionados con derechos humanos, que lo transformaron en un acto “anti Macri”. Además reivindicaron las luchas de las organizaciones Montoneros, ERP, FAP, FAR, otros espacios socialistas, comunistas y se destacó al PRT y su tradición guevarista. Todos ellos lucharon para lograr una revolución, no para sostener la democracia.

Durante el acto se mostró insistentemente un carro alegórico que exhibió una imitación de un helicóptero. Además vendían pequeños helicópteros ofrecidos como suvenires y se escucharon cánticos contra el presidente, a quien se lo comparaba con Videla y al frente de una dictadura. Este estado de opinión se reflejó en los titulares como el de “voltear a Macri”. Un día antes se habían viralizado las declaraciones de un líder sindical afirmando “queremos que le vaya mal al Gobierno”.

El 6 de abril se realizó un paro total de actividades, impuesto por las bases a la cúpula de la CGT. Aunque algunas opiniones difieren, el mismo tuvo amplio acatamiento.
Más recientemente, en un encuentro de agrupaciones culturales kirchneristas, un orador afirmó que se sentía un “ambiente carbonario”. De este modo hizo referencia a una organización secreta italiana que nació para resistir la ocupación napoleónica que era ilegítima. Seguramente los mencionó porque los carbonarios se caracterizaban por recurrir a procedimientos conspirativos e insurreccionales. Lo que el orador se olvidó destacar es que su ideología era, además de nacionalista, liberal.

Como reacción a todo esto, la llamada Marcha del 1A fue autoconvocada a través de las redes sociales para apoyar la democracia y en “defensa de un gobierno legitimado por el pueblo”. No contó con el apoyo expreso de las autoridades y, a pesar de las bajas expectativas de muchos observadores políticos, fue también multitudinaria y exitosa. Algún medio la describió como la “marcha contra el helicóptero” y tuvo el efecto de modificar el comportamiento del Gobierno.

En el mismo sentido, el paro del 6 de abril también fue testigo de la presencia en las redes sociales de un vasto espacio dedicado a expresiones en contra esa metodología y a favor del deseo de trabajar.

Estos dos sucesos muestran el impacto que pueden tener las redes sociales para reunir a las personas alrededor de la defensa de un interés común. En un caso, ayudaron a moderar los problemas de Acción Colectiva al corporizar la existencia de una mayoría silenciosa que apoya al Gobierno. En el otro, aunque no lograron evitar el paro, facilitaron la expresión y visibilización de una fuerte corriente de opinión disconforme con la organización del mismo, que de otro modo hubiera quedado tapada por el concepto de “alto acatamiento”.

Este comportamiento en defensa de la democracia es explicado por el politólogo Juan Linz, quien hace años enunció que las democracias caían porque los sectores moderados bajaban los brazos o “abdicaban” de su voluntad de sostenerla y que, por su pasividad, facilitan el triunfo de la oposición desleal que postula otro tipo de régimen. Lo que vimos ahora es cómo con la ayuda de una tecnología se puede también salir de esa pasividad y organizarse en defensa del régimen.

Muchos opositores rechazan que se hable de una pesada herencia recibida. Hoy las crisis de Santa Cruz y Venezuela son ejemplos de lo que pudo haber pasado en la Argentina de haber continuado en el curso político anterior. Más allá de los aspectos económicos, existe otra herencia: grupos que no están dispuestos a aceptar la alternancia en el gobierno, la libertad y la creatividad de los individuos. A lo largo de estos años, la sociedad argentina ha expresado la existencia de una reserva de valores por la democracia que hay que defender para vivir bajo el estado de derecho y el respeto a los ciudadanos.