Los Desafíos de la Educación para el Siglo XXI

Revista UCEMA, diciembre de 2017
Por el Dr. Edgardo Zablotsky, Miembro de la Academia Nacional de Educación y Vicerrector de la UCEMA.

Esta nota se basa en la exposición que brindé en la conferencia “Los Desafíos de la Educación para el Siglo XXI”, organizada por la Asociación Amigos de la Universidad de Tel Aviv, el 3 de octubre de 2017.

El desarrollo tecnológico y el uso de la web proveen un espacio increíble para que toda persona pueda ejercer la libertad de aprender lo que desea, independientemente de su localización geográfica y, aún en muchos casos, de sus posibilidades económicas. Probablemente en pocas áreas la tecnología ha contribuido tanto, y lo hará mucho más aún, para gozar de los beneficios de la libertad como lo es en el terreno educativo.
Hoy el problema no es memorizar una gran cantidad de información que autoritariamente un docente nos enuncia. Así se estudiaba hace no tanto tiempo. Lo relevante es aprender a buscar la información, a sistematizarla, sintetizarla y a utilizarla con criterio. La información que encontramos en la web no es escasa sino, por el contrario, demasiada y, por supuesto, muchas veces desordenada. Es necesario discernir qué nos es de utilidad para el tema puntual que estamos estudiando o el trabajo que estamos realizando. Por ello el rol del maestro sigue siendo fundamental, pero es muy distinto al que supo tener años atrás.

Y he aquí un serio problema que, de pensarlo un segundo, resulta obvio. Para ser eficiente en el uso del espacio citaré un breve párrafo del estupendo libro de Santiago Bilinkis, “Pasaje al Futuro”, que lo ilustra con claridad y sobre el cual agregaré algún que otro comentario:

“Hace tiempo [escribe Santiago] encontré un video británico en internet, que contaba la historia de un hombre que se despierta en el mundo actual luego de haber estado dormido durante cien años.
Sale a la calle y nota que todo ha cambiado mucho: hay edificios muy altos y transitan automóviles rarísimos a velocidades para él impensables. Ve algo así como un enorme pájaro de metal atravesando el cielo.
Asustado, entra en un edificio de oficinas. Ve salir papeles impresos de máquinas, personas conversando con pequeños aparatitos que tienen en sus manos, algunos que hablan con fotografías que se mueven donde se ve la cara de personas al otro lado del mundo y otros sentados delante de pantallas llenas de números y letras.
Huye espantado. Hace un nuevo tramo por la calle y decide ingresar a un hospital. Adentro, encuentra gente que se mantiene viva gracias a estar conectada a máquinas y aparatos que permiten ver en detalle el interior del cuerpo humano. Aterrado, corre hacia la calle e ingresa en otro edificio, donde funciona una escuela.
De repente, siente un alivio enorme. Por fin, ve algo que le resulta completamente familiar. Tal como sucedía en la época en la que se quedó dormido, ve un grupo de alumnos sentados ordenadamente en bancos, anotando en cuadernos lo que dicta un profesor desde el frente o lo que escribe sobre un pizarrón. ¡Están memorizando los ríos de Europa, tal como hizo él! Acá, en la escuela, todo es igual a su centenario recuerdo”.
Enseñar a aprender por sí mismo, ese es el rol del docente en este nuevo mundo en que vivimos. El maestro es un guía que debe motivar al alumno en ese camino. Un corto cuento Zen ilustrará claramente esta idea.
“Había una vez una vez un ciego que quiso saber que aspecto tenía el sol y por ello pidió que se lo describieran.
-El sol es como este disco de bronce – le explicó un aldeano golpeando un platillo.
Luego, cada vez que el ciego oía sonar una campana creía que ese sonido provenía del sol. Sin embargo, esta descripción no lo dejó satisfecho y solicitó una nueva descripción.
-El sol brilla como una vela – le señaló una artesana.

El ciego, tomó una vela entre sus manos y mientras la recorría trataba de estudiar su forma y representársela. Luego de un rato, pudo advertir que la forma de la vela no coincidía con la del disco de bronce. Muy decepcionado, por cierto, por la información que había reunido, decidió buscar a alguien que le suministrase una nueva descripción más adecuada.
-El sol es como un inmenso plato de fuego que brilla en lo alto – le dijo un agricultor que había bajado al pueblo a vender su cosecha.

Ya muy confuso, el ciego decidió probar unir las tres descripciones que había reunido, la imagen que obtuvo era tan absurda que nunca más volvió a solicitar una nueva explicación acerca de qué forma tenía el sol”.
¿Qué ilustra este corto cuento? Sencillamente resalta que el conocimiento no puede alcanzarse por medio de las palabras que provienen de los otros sino a partir de la propia experiencia, de la propia acción ejercida en tal sentido.
Yo no soy los demás. Por lo tanto, si yo no lo experimento por mí mismo, no lograría comprenderlo. Es imposible obtener algún conocimiento por vía de terceros. Por fuera de la práctica y la ejercitación, la comprensión no puede ser alcanzada.

Aprender a aprender, esa es la idea. La tecnología lo facilita de una manera increíble si somos capaces de utilizarla.
Centremos la atención en la formidable libertad que en el terreno educativo ha generado la revolución tecnológica.
¿Qué sentido tiene hoy día sentarse a tomar una materia con un profesor que sabe mucho menos de la misma que un investigador del MIT, la Universidad de Harvard o Chicago, cuyo curso lo podemos tomar online?
Llegará el día que cada estudiante haga uso de su libertad para armar la currícula que desee, eligiendo cursos que se ofrezcan en distintas universidades, en distintos lugares del mundo. Obviamente, eso será posible cuando en las búsquedas laborales no se requiera un título sino una certificación de conocimientos. Parece un futuro lejano, yo creo que no lo es.

Tarde o temprano el avance tecnológico será tal que pensar que un estudiante deba estar sentado varias horas al día en un aula, tomando durante cinco o seis años un conjunto de materias decididas por burócratas en algún momento lejano del tiempo, será tan sólo un recuerdo.
Es claro que para que ello sea una realidad, el paradigma educativo deberá cambiar: ya no enseñar a nuestros alumnos conocimientos sino la capacidad de aprender a aprender por ellos mismos, de aprender a utilizar todo los recursos que la tecnología ofrece para educarse a lo largo de toda su vida en un marco de mucha mayor libertad. Ese es del desafío de la educación para el siglo XXI.