Reflejos del 2018 en la Bola de Cristal

Revista UCEMA, diciembre de 2017
Por Alejandro Corbacho, Académico del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, UCEMA.

Es tiempo de pensar sobre el futuro lejano, que en nuestro país alcanza al 2018. Quienes tratan de hacer pronósticos, saben, al menos, que una cosa es segura: la inercia social tiende a persistir en el corto plazo. Por lo tanto, la continuidad subyace en el horizonte inmediato, a menos que aparezca algún “cisne negro” y obligue al GPS a recalcular.

A pesar de ello, se van emplazando pequeños cambios que de a poco se agregan a los procesos de transformación que, para bien o para mal, se instalan tiempo más tarde.

Como novedad más importante, el Gobierno superó una difícil primera prueba electoral. Habiendo comenzado el año con importantes marchas de partidos y movimientos sociales opositores, terminó con el triunfo oficialista en las elecciones intermedias del 22 de octubre. Cambiemos-Pro alcanzó la primera minoría con 41% de los votos. En segundo lugar, el kirchnerismo logró el 18%. Todos los peronismos sumaron en total más del 40%, pero los resultados lo dejaron fragmentado, aunque con el control de 17 gobernadores conserva una base territorial importante.

El oficialismo se impuso en las cinco provincias importantes: Ciudad y provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Santa Fe. Su base se encuentra en las grandes ciudades. El espacio conducido por la ex presidente, Cristina Fernández de Kirchner, se concentró principalmente en el Gran Buenos Aires.

En el nuevo Congreso, el Gobierno no alcanza al quórum propio, pero se acerca. Y con la derrota del kirchnerismo buscará apoyarse en el massismo desgajado o el peronismo no-k. Los analistas reconocen que este resultado habilitó al presidente para buscar la reelección en 2019, ya que al peronismo todavía le llevará un tiempo reconstituirse. La ex presidenta seguramente se afianzará como la izquierda del peronismo. Dependerá de la capacidad del peronismo no-k que la encapsule para, así, recuperar el monopolio del sello peronista. En ese escenario, se anticipa que ella constituirá un monobloque y que el peronismo, como mayoría no-K, estaría más dispuesto a escuchar ofertas.

El Gobierno no puede perder tiempo. La oposición todavía está aturdida y, en los tiempos de la política, el 2019 está a la vuelta de la esquina. Para esa elección, Macri deberá buscar ganar por sus éxitos de gestión y no por el miedo a la oposición. Ya se comenzaron a tejer los acuerdos para lograr la aprobación de una serie de reformas que, en conjunto, le permitirían edificar su propia impronta de gobierno.

La batería de reformas administrativa, tributaria, financiera y previsional están siendo consensuadas con los gobernadores y grupos de interés, para evitar que allí sufran nuevamente ajustes que las alejen de los objetivos propuestos.

Un elemento importante a tener en cuenta, a partir de los resultados electorales, fue señalado por Fabián Calle (Infobae, 13-11-2017) respecto de la importancia de los acuerdos de los fondos reclamados por la provincia de Buenos Aires, en el marco del Fondo de Reconstrucción del Conurbano a la Nación. Al recuperar parte de lo adeudado, el oficialismo podrá invertir en el territorio y desactivar “una bomba de tiempo social” y una “espada de Damocles sobre el nudo gordiano” de la relación entre la Provincia y la Capital. Los recursos obtenidos asegurarían la gobernabilidad y la paz social de los próximos años.

En la política quedó claro que una nueva agrupación, Cambiemos, se va consolidando al prometer un nuevo modo de hacer política. Ese es un gran desafío. Sin embargo, respecto de la dimensión económica, que actúa como importante factor limitante de la política, sólo diremos que en el renglón de gasto público no se vislumbran grandes cambios, aunque sí en la forma de gastar. Por lo tanto, podemos arriesgar que quienes esperaban modificaciones profundas no verán satisfechas sus expectativas. El próximo año, el gradualismo continuará, pero modificado.

CONTEXTO INTERNACIONAL
Podemos decir que sigue en pie la afirmación hecha a principios de los años 90 por James Rosenau: el futuro estaría plagado de turbulencia, en oposición a la posibilidad de la ocurrencia de crisis terminales. Esto último solo podría aplicarse a la actual situación entre Corea del Norte, y sus vecinos cercanos, y los Estados Unidos.
El desarrollo de misiles nucleares por parte del opresivo régimen de Corea del Norte es un problema para la seguridad internacional ya que otros países podrían considerar la necesidad de obtener armas nucleares. Kim Jong-un no quiere terminar sus días como Saddam Hussein o Muamar el Gadafi y, por lo tanto, emplea el chantaje nuclear sobre sus vecinos. La situación es tensa en la Península de Corea y con los Estados Unidos. Expertos anuncian que la situación está alcanzando el límite, para convertirse en insostenible. Hasta ahora China había actuado como protector de Kim Jong-un, pero eso puede estar llegando a su fin. La presión desde las Naciones Unidas aumenta y hace pocos días el gobierno chino envió un representante especial para disminuir la escalada. Es probable que la acción conjunta y concentrada de los actores regionales y globales logre reducir el umbral de peligro, pero seguramente Corea del Norte no desmantelará su capacidad nuclear. Si el próximo año alguien consulta nuevamente este artículo, es seguro que la crisis se resolvió y que se evitó la llegada del apocalipsis en la península coreana y alrededores.

Las aspiraciones del fundamentalismo islámico de establecer un Califato, reconocido como un estado territorial, están siendo erradicadas. El terrorismo islámico, que estuvo tan activo este año, seguirá existiendo, pero más atenuado y disperso. Los ataques de “lobos solitarios” se convertirán en hechos normales de violencia internacional. Al mismo tiempo, está menguando la guerra civil en Siria, aún con posibilidades lejanas de resolver la alta conflictividad presente en Medio Oriente. Sobre el vacío político existente en la sensible región de la Media Luna Fértil, recrudece el enfrentamiento entre las aspiraciones del nacionalismo kurdo al que se opone Turquía, y continúan las luchas por la existencia de un Estado Palestino frente a la propia existencia de Israel, y la intervención de potencias extra regionales como Rusia y los Estados Unidos. A ello se agrega también la competencia entre Irán y Arabia Saudita.

Los conflictos del Medio Oriente tuvieron una fuerte repercusión en Europa. En 2015 y 2016 se produjo el pico más alto de otro tipo de crisis: la de los refugiados. Miles de personas desplazadas por la guerra presionaron sobre las fronteras de Europa. La Unión Europea terminó facilitando la llegada y el posterior asentamiento de estos desplazados dentro de su territorio. En 2017 se hicieron visibles efectos de esta decisión sobre la política, al convertir la llegada masiva de inmigrantes en el problema central de las campañas políticas en varias democracias europeas. El resultado fue el ascenso y, en algunos casos, la llegada al parlamento de representantes de un variado espectro de partidos nacionalistas y de derecha, en Austria, Alemania, Holanda y Francia (con fuerte presencia en las jóvenes democracias de Polonia y Hungría). Como reacción, la Unión Europea comenzó a tomar medidas más estrictas para controlar la entrada de refugiados y se espera que el tema disminuya su presencia e intensidad en la consideración de los electorados.

Para el 2018 no podemos soslayar las situaciones políticas de dos de las tres superpotencias que conforman el ápice de poder en el sistema internacional: los Estados Unidos y China. Ambos continuarán su discreta competencia por el primer lugar del liderazgo global. Donald Trump encontrará finalmente el modo de convivencia y el punto de armonización con el Partido Republicano y enfrentará las elecciones intermedias en noviembre. A pesar de ello, los analistas auguran una victoria demócrata, basados en el récord histórico, donde la mayoría de los presidentes perdieron en las primeras elecciones de medio término, reforzados por la baja evaluación que recibe la gestión presidencial hasta ahora. Ese resultado no alcanzaría para desplazar las mayorías republicanas en ambas cámaras.

En China se realizó recientemente el Congreso quinquenal del Partido Comunista Chino. Su importancia reside en que se establecen las posturas y lineamientos que se seguirán y se nombran los líderes para los próximos cinco años. El actual presidente, Xi Jinping, pudo fortalecer su liderazgo e imprimir fuertemente su visión sobre el “socialismo con características chinas para una nueva era”. El resultado será un aumento de la presencia del Partido Comunista Chino frente a la sociedad civil, continuar la lucha contra la corrupción, y la expansión de la presencia china en el mundo, reforzando el soft power apoyado en un mayor músculo militar. La esperanza es alcanzar el rango de líder en dos etapas, innovación global para el 2035 y líder global indiscutido en el 2050.