El largo camino hacia una economía sostenible

Cortinez

Por Pablo Cortínez

Ambito. 6 de Noviembre de 2018

La sostenibilidad ambiental registra una importancia creciente para la economía. Así lo indica el Foro Económico Mundial. Analizando los Reportes Mundiales de Riesgos de los últimos años, tanto la probabilidad de ocurrencia de los riesgos ambientales como su impacto potencial han desplazado incluso a los riesgos económicos, que reinaban pocos años atrás (la lista se completa con riesgos geopolíticos, tecnológicos y con aquéllos relacionados con la sociedad). Además, resulta imprescindible destacar que lo ambiental condiciona lo económico debido a las billonarias pérdidas que anualmente ocasionan tanto los desastres naturales como aquéllos originados por el hombre.

La respuesta a una decadencia ambiental de décadas surgió, después de muchos años y fracasos diplomáticos, del lado de los estados. El Acuerdo de París firmado en diciembre de 2015 por más de 160 países constituyó un hito. Pero la importancia del rol del sector privado deriva de que serán las empresas quienes deberán llevar adelante las mejoras para combatir el cambio climático. Asimismo, muchos de los cambios transformacionales necesarios requerirán un período de maduración, y demandarán grandes inversiones. En línea con esto, el Acuerdo de París previó también una herramienta que contribuiría a lograr esto. Lo hizo al fijar entre sus objetivos, muchas ocasiones soslayado, elevar las corrientes financieras para alcanzar un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero. Esas inversiones de mediano y largo plazo demandan la presencia de un sector financiero dinámico y consciente de las nuevas tendencias, que facilite y acelere la transición hacia una economía baja en carbono. 

Existe una también creciente cantidad de iniciativas con foco en producir de manera sostenible. Dentro de ellas se destacan la economía circular, e iniciativas más concretas como Banking Environmental Initiative (BEI), que busca identificar opciones para direccionar el financiamiento de manera colectiva hacia el desarrollo sustentable desde el triple impacto (económico, social y ambiental), o los Principios de Ecuador, con foco en project finance en los países emergentes. El caso de las certificaciones de sustentabilidad, que emergen de procesos multi-stakeholder, otorga un marco de sustentabilidad a la producción de una serie de commodities críticos para la naturaleza. Aun a pesar de estas iniciativas, un reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, dejó en evidencia que, a poco de cumplirse tres años del mencionado acuerdo, el incremento de la temperatura debería limitarse a 1,5º, en lugar de los 2ºC propuestos en París.

En consecuencia, surge la necesidad de redoblar los esfuerzos para que el punto de inflexión se alcance lo antes posible, en el marco de acciones coordinadas entre el sector empresarial, el financiero, la sociedad civil y los gobiernos nacionales y subnacionales. De no ser así, corremos el peligro de que los riesgos económicos vuelvan a ocupar los primeros niveles, aunque en este caso por no haber mitigado los riesgos ambientales en tiempo y forma.

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