Crowdfunding y fideicomiso: la inversión colectiva resiste a la crisis

Francisco Pertierra Cánepa

Por Francisco Pertierra Cánepa

Ámbito 11 de Octubre de 2020

El sistema funciona combinando dos necesidades, la de inversión y la de financiamiento, pero sumando la voluntad asociativa aglutinada tras un objetivo común y concreto, que es el proyecto de inversión.

El Fideicomiso y el Crowdfunding, correctamente diseñados como un sistema, pueden actuar como herramientas sinérgicas para impulsar la recuperación económica argentina en la pospandemia, ya que ambas apalancan el financiamiento colectivo conectando ágilmente a los múltiples inversores con los proyectos innovadores y con las empresas experimentadas pero desfinanciadas por las crisis recurrentes.

El sistema funciona combinando dos necesidades, la de inversión y la de financiamiento, pero sumando la voluntad asociativa aglutinada tras un objetivo común y concreto, que es el proyecto de inversión. El soporte técnico lo da una plataforma tecnológica de operaciones y el legal, un contrato de fideicomiso, lo que produce un aporte virtuoso entre ambos que logra mayor seguridad, transparencia, accesibilidad y confianza para que los inversores puedan evaluar diferentes alternativas en forma directa y recibir toda la información online con el mayor detalle.

Si bien su aplicación conjunta es novedosa, la demanda es constante por el rápido impacto que genera en los proyectos donde deben combinarse de forma inteligente la información de calidad, la tecnología para la seguridad transaccional, el financiamiento colectivo y los proyectos productivos, en especial aquellos con impacto social y ambiental.

Además, la sinergia promueve la integración social ya que genera beneficios alcanzando a un gran número y tipo de inversores con cuotas accesibles y diseñadas a medida, elemento de sustancial importancia en contextos donde predomina la incertidumbre y la desconfianza. Así, se podría diversificar el riesgo, dar escala y apoyar, por ejemplo, las cadenas agroindustriales regionales incluyendo las de microfinanzas, que hoy generan más de 4 millones de puestos de trabajo y podrían crecer mucho más.

Dado su perspectiva, los mercados mostrarán su atención e interés privilegiando los proyectos con foco en la sustentabilidad humana, como salud, educación, vivienda y ambiente, como ya ocurre a nivel internacional donde las nuevas formas de financiamiento se apoyan en comunicación y tecnología.

En Argentina, además, el Estado debería motorizar esta recuperación productiva bajando la presión impositiva y fomentando la inversión privada a partir de la enorme cantidad de bienes inmuebles improductivos que tiene desperdigados por todo el país.

Pero tanto en lo público como en lo privado, el sistema debe desarrollarse en forma profesional y recurriendo al armado de equipos con experiencia práctica para establecer una cultura en pos de la economía real, que capitalice el espíritu independiente del trabajo y del mérito sin perder la seguridad regulatoria y las garantías que el inversor requiere.

De esta forma, los sistemas de inversión colectiva sumarán para obtener volumen y cubrir la necesidad de financiamiento pero amparado en el Fideicomiso regulado por el CCyC, y que se diferencia de un FCI por el objetivo específico sobre cada proyecto de inversión, y en que la decisión de inversión es potestad del inversor y no de un tercero como administrador. Por lo tanto, dicho objetivo no podrá ser desviado del proyecto elegido hasta que se cumpla el fin original del fideicomiso. Por su parte, el Crowdfunding se encuadra en la ley 27349 de Capital Emprendedor, donde la CNV regula y fiscaliza registro, operación e información.

En esta crisis, el potencial del sistema debe priorizar los proyectos adecuados a grupos locales de inversores para dinamizar el potencial real de aplicación, pero también buscando crear valor al combinarlo creativamente con otros instrumentos, y esto requiere del trabajo de profesionales idóneos libres de ideologías, para diseñar un plan de inversiones sobre fideicomisos apalancados con otras herramientas como el DRS, el Leasing, las SGR y el Mercado de Capitales.

Finalmente, si postulamos que nuestro futuro se fundamenta en la educación de excelencia y el conocimiento, y que todos deben tener las mismas posibilidades de acceso, entonces no perdamos más tiempo y definamos como pilar de la “estrategia país” el desarrollo de la economía productiva que es la que favorece integralmente a la comunidad, promoviendo la inversión, el trabajo y la exportación, con un adecuado marco de seguridad jurídica y social.

(*) Profesor Titular del CEMA. Presidente de la Asociación Argentina de Fideicomisos y FID

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