La letra chica del Presupuesto 2022: más dudas que certezas

Por Federico Vacalebre

Ámbito 25 de septiembre de 2021

El proyecto que define el paquete económico de 2022 se caracteriza por un déficit elevado y una meta inflacionaria que sólo se podría cumplir con un ajuste fiscal recesivo.

Lo que se desprende del proyecto de Ley de Presupuesto 2022 es que el déficit fiscal primario, antes del pago de intereses, se reduciría de 4% del PBI este año (en el Presupuesto 2021 el tope era 4,5%) a 3,3% el año próximo. Por otra parte, y también según el proyecto, se estima que la emisión monetaria para financiar al Tesoro caería de 3,6% del PBI en 2021 (en 2020, llegó a 6,5% del PBI) a 1,8% el año próximo.

Con claridad, se busca mostrar ante el FMI un camino hacia el ajuste fiscal y de reducción de la emisión monetaria. Variables claves a controlar de cara a ordenar las cuentas públicas y los fundamentos de la macroeconomía. No obstante, no hay que dejar de considerar que, en principio, no tendremos ni los ingresos extraordinarios con respecto a los grandes patrimonios (0,5% del PBI) ni la considerable recaudación adicional que significó el boom de los commodities en términos de retenciones a la exportación (casi 1 punto del PBI extra).

¿Qué más surge de esta nueva ley de Presupuesto?

Primeramente, se prevé para el 2022 que los recursos tributarios totales crecerán 45,2%, en términos nominales respecto de 2021. En otras palabras, el equivalente a aumentar la recaudación en 1% del PBI de un año a otro: de 24,88% PBI en 2021 pasará a 25,88% PBI en 2022. Con esto, desde Hacienda, se pretende reacomodar en parte los números, y lo que explicaría esa mejora de ingresos fiscales serían los “Aportes y Contribuciones de la Seguridad Social”, que aportaría 0,6% del PBI extra respecto de 2021. Con el objeto de llegar a esa meta, dentro del proyecto no solo se contempla un crecimiento del PBI del orden del 4% para 2022, sino también, una fuerte recuperación del empleo formal asalariado junto con aumentos salariales reales por arriba de la inflación. De no darse estas condiciones, necesarias y suficientes, no se podría arribar, una vez más, a lo que se ha presupuestado.

Asimismo, el remanente del incremento en la recaudación del año 2022 respecto a 2021, se encontraría explicado por Ganancias (+0,37 del PBI), Impuesto al Valor Agregado (+0,15% del PBI) y Bienes Personales (+0,07% del PBI). Como contrapartida, se especula con un menor ingreso por retenciones a las exportaciones que caerían de 2,17% del PBI a 1,89%. No obstante, la proyección es optimista porque se considera un precio de la soja promedio de u$s520 por tonelada. Nuevamente de no cumplirse con estas excepcionales condiciones, el impuesto inflacionario funcionaría como válvula de escape. Los ingresos tributarios se ven subestimados nominalmente si consideramos que la meta de 33% de inflación será difícilmente alcanzable frente al 45%.

Otro tema a considerar, más allá de los ingresos tributarios, es el referente a las tarifas. Si no se quiere repetir la licuación del gasto previsional y social de la primera parte de este año, se deberá avanzar sobre la cuenta de subsidios económicos, que volvió a dispararse este año. Consideremos que el presupuesto 2022 aspira a una reducción en los subsidios energéticos de 2,1% del PBI este año a 1,5% del PBI en 2022 (0,6% del PBI equivalente a unos 240.000 millones de pesos o u$s2.400 millones al tipo de cambio oficial). Lo cierto es que el ajuste fiscal en 2022 es fundamental, ya que este año los subsidios económicos totales, Energía más Transporte, llegarán a representar 3% del PBI.

En síntesis, el Presupuesto 2022 reduce a la mitad el financiamiento vía emisión del BCRA. Pasando del 3,6% del PBI en 2021 a solo 1,8% del PBI ($1.080.000 millones). El resto del déficit primario se financiaría con emisión de deuda en pesos en el mercado local. Situación análoga a la del 2021. Aunque el punto a considerar este año pasará por el financiamiento del déficit financiero (4,9% del PBI en 2022). El presupuesto estima que 2,4% del PBI será financiamiento neto (nueva deuda) con Organismos Internacionales de Crédito. Aproximadamente unos $1,4 billones de pesos. El otro punto a considerar es que en el presupuesto no se contemplan los vencimientos con el FMI por unos u$s20.000 millones porque se estima que habrá un acuerdo para refinanciar esos vencimientos.

Lo curioso es de dónde saldría ese financiamiento adicional de Organismos Internacionales. Una posibilidad o alternativa es que con el FMI se negocie que los pagos de deuda se cancelen con los DEGs hasta fin de año. Que sean reembolsados el año próximo y a esto se sumen dólares post acuerdo con el FMI. La segunda es que estén sobreestimados y en realidad la falta de financiamiento obligue a que el déficit fiscal de 2022 sea sensiblemente menor al establecido en el Presupuesto Nacional (3,3% del PBI).

La consolidación fiscal propuesta no se ve alineada a los requerimientos de un nuevo programa con el FMI ni a las menores fuentes de financiamiento proyectadas para el año entrante. Un potencial acuerdo con el FMI demandaría mayor disciplina fiscal y menor financiamiento monetario desde el BCRA. También el Presupuesto estaría sobrestimando el financiamiento neto que llegaría desde organismos multilaterales (u$s12.500 millones), por lo que la asistencia del BCRA sería mayor a la prevista.

El proyecto que define el paquete económico de 2022 se caracteriza por un déficit elevado y una meta inflacionaria que sólo se podría cumplir con un ajuste fiscal recesivo, más allá del optimismo que se percibe en las estimaciones y en los supuestos.

Profesor de la Universidad del CEMA.

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Federico Vacalebre