El costo económico en pandemia de la mala estrategia de las vacunas

Mariano Fernandez

Por Mariano Fernández

Clarín 1 de junio de 2021

Argentina y Brasil en las antípodas de la Chile y Uruguay que lograron campañas de vacunación exitosas.

Más allá de la valoración que implica coartar la libertad, mediante severas medidas de restricción a la circulación y al comercio, por motivos de salud, el objetivo de este artículo, es resaltar, la carencia de una estrategia gubernamental coherente, basada en el análisis de los datos. Una aproximación más eficiente en el uso de la información nos hubiera permitido, al menos, alcanzar los estándares de otros países en materia de salud y actividad.

La pandemia del COVID-19 ha suscitado múltiples tipos de reacciones entre los estados soberanos, dichas actitudes, que van desde políticas muy restrictivas, a veces sin fundamento en los datos, hasta políticas más laxas basadas en el uso eficiente de la información, han ocasionado una recesión global profunda.

El impacto de la recesión fue mayor en Europa y en las economías Latinoamericanas que en otras regiones del mundo. No es casualidad que tanto en Europa como en Latinoamérica se registraron las mayores restricciones al comercio y a la circulación. En el caso argentino, la economía cayó un 10%, cifra casi tres veces superior a la observada en Estados Unidos y casi cuatro veces peor que la región de los emergentes.

Diversos factores confluyeron para que la recesión sea más profunda en Argentina que en otras zonas. En primer lugar, la ausencia de un mercado de capitales, en un contexto de default, imposibilitaron poder usar al mercado de créditos como un estabilizador del consumo. En segundo lugar, una política monetaria débil, circunscripta a unos pocos y peligrosos instrumentos, mantuvieron siempre latentes el problema de la inflación. En tercer lugar, una combinación de políticas fiscales y de distribución de ingreso, ineficientes y carentes de financiamiento genuino, terminaron por agravar la restricción presupuestaria del sector público. Pero sin dudas, el golpe de gracia para profundizar el proceso de caída de la economía debemos buscarlo en las restricciones a la circulación y comercio usados casi como única estrategia para evitar el desborde de los contagios. El Gobierno, durante el primer trimestre de 2020, inicio un cierre casi absoluto de las actividades económicas, aun cuando los indicadores de salud estaban lejos de mostrar signos de saturación.

El impacto negativo sobre el nivel de actividad, puede apreciarse si comparamos la caída en el índice de movilidad creado por Google para el comercio minorista y otras actividades (IMGM), que se calcula siguiendo el movimiento de las personas a través de la información enviada por sus teléfonos celulares, con el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) calculado por el INDEC. Este índice Google, funcionaría como una variable que aproxima el movimiento de las personas con su actividad económica del sector de ventas y servicios minoristas.

La comparación de estos dos índices sobre la base mensual, período en el que se calcula el EMAE, muestra una correlación positiva del 79%. Esto significa que en la mayoría de los casos caídas en la movilidad se relacionan en la misma dirección con disminuciones en el nivel de actividad.

Tomando como válida y estable la correlación entre el IMGR con el EMAE del INDEC, resulta claro, realizando una comparación con otros países, por qué la actividad económica en argentina cayó por encima del promedio mundial.

Argentina tuvo una de las cuarentenas más largas y restrictivas en términos de actividades permitidas registradas en relación al promedio registrado en el mundo. Resulta claro entonces que, dada la correlación altamente positiva con el nivel de actividad, el desenlace resultó fatal para nuestra economía.

En relación a la profundidad de la pandemia, hasta ahora, y con dos aceleraciones en el número de contagios se han infectado aproximadamente 168 millones de personas, de las que 3, 48 millones han fallecido por causa de la enfermedad o dolencias vinculadas a ella. En Argentina, se contabilizan 3,59 millones de infectados en tanto que se han registrado poco más de 75.000 fallecidos.

En respuesta a esto, los países han adoptado múltiples estrategias de vacunación. La mayoría de los países del G20 llevan vacunados a más de 30% de su población con una primera dosis y un 15% de vacunados totales. Canadá, por ejemplo, ha privilegiado maximizar la primera dosis aumentando el tamaño de la población parcialmente vacunada alcanzando un 51% de la población total, apostando a que, según sus expertos, extendiendo el periodo de espera entre la primera y segunda dosis mejora el rendimiento de la vacuna. Otros países, como Estados Unidos y el Reino Unido han asignado fuertes recursos para distribuir la primera dosis pero también asegurándose una vasta distribución de la segunda dosis. Pero esto no es algo que se extiende solo al primer mundo. Vecinos nuestros como Chile y Uruguay lograron tener un tremendo éxito en el nivel de vacunación. En Chile, por ejemplo, el 50% de la población total ha recibido al menos una dosis y el 80% de aquellos vacunados también recibieron la segunda dosis.

En el otro extremo del G20 tenemos casos como el de Argentina y Brasil mostrando dudosas capacidades para generar una estrategia contra el virus. En el caso de Argentina, solo el 19% de la población ha recibido alguna dosis en tanto que la población totalmente vacunada solo alcanza al 5% de la población. Brasil, no se queda atrás, el porcentaje de población con una dosis es del 18% y totalmente vacunada del 9%.

Quizá lo que más asusta no sean necesariamente los porcentajes en sí mismo, pero si, el estancamiento en las tasas de vacunación, demostrando la genuina escasez de vacunas en Argentina o la mala gestión para distribuirlas.

Todo lo mencionado previamente, lleva a conclusiones casi tautológicas, el remonte de los casos, producto de la llegada del frío y la poca eficacia para distribuir las vacunas acorrala al gobierno a reutilizar la -aparentemente única estrategia que maneja, el corte generalizado de la circulación. Sin temor a equivocarnos, las restricciones de abril y mayo impulsarán caídas del nivel de actividad para el segundo trimestre truncando la recuperación económica, que ya era débil.

A nivel global, la economías esperan moderadas recuperaciones económicas por lo que se conoce como efecto rebote. Sin embargo, para la Argentina, frente al retorno de las restricciones severas y pésima performance en materia de vacunación, vuelve a aparecer el fantasma de un año 2021 oscuro, en relación con los otros países, tanto o peor que el año anterior. De confirmarse esto, no será esta vez el mundo el que caiga. Esta vez caeremos solos, mostrando que una vez más, hemos hecho las cosas mal.

Mariano Fernández y Tomás Marinozzi son Profesores de Economía, UCEMA*

*Los puntos de vista de los autores no necesariamente representan la posición de la Universidad del CEMA.

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